Por qué la estrategia americana en política exterior amenaza su joya de la corona

Actualmente, EEUU ha activado más de 8.000 sanciones contra individuos, empresas y países. En los últimos años han aumentado de forma dramática

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump. (EFE)
El presidente de EEUU, Donald Trump. (EFE)

Bajo la Administración Trump, Estados Unidos se ha retirado de muchos acuerdos internacionales, roto muchísimos precedentes y cabreado a tantísimos aliados que es imposible llevar la cuenta. Pero un tipo de estrategia podría dañar de forma irreparable su estatus de superpotencia: su uso y abuso de las sanciones.

Actualmente, EEUU ha activado más de 8.000 sanciones contra individuos, empresas y países. Pese a que el país ha usado las sanciones durante décadas, han aumentado dramáticamente en los últimos años, especialmente bajo el mandato del presidente Trump. Ha aplicado más del doble de las sanciones que sus dos últimos predecesores, incluyendo 700 en un solo día en 2018 (contra Irán). Las sanciones contra países como Irán y Venezuela son tan amplias que provocó que la Alta Comisionada para los Derechos Humanos Michelle Bachelet advirtiera que estaban en riesgo de colapso los sistemas de salud y poniendo en riesgo las vidas de millones de personas normales.

Pero Trump no aplica sanciones solo contra los enemigos de EEUU. También las ha usado contra socios como Irak o Turquía, amenazando con destrozar ambas economías si no hacían lo que les pedía. A principios de este mes, tres aliados de Trump en el Senado enviaron una carta al operador de un puerto en Alemania en el Mar Báltico amenazando con llevar a cabo “sanciones económicas y legales” si siguen con el Proyecto del Nord Stream 2, un gasoducto entre Rusia y Alemania. Las amenazas han sido muy mal recibidas en Alemania, donde los políticos han acusado a EEUU de “chantaje” y de “neoimperialismo”.

¿Por qué EEUU ha convertido a las sanciones en su herramienta preferida en política exterior? Porque parece que no tienen ningún coste a la hora de obligar a los países a cambiar sus políticas. No requiere ningún tipo de compromiso de las tropas estadounidenses ni tampoco grandes sumas de ayuda al desarrollo. Permite a Washington a mostrar su desacuerdo y hacer algo sin tener que tomar medidas difíciles o sacrificios. Como dijo una vez el académico Eliot Cohen sobre el poder, las sanciones son seductoras porque, al igual que el cortejo moderno, ofrecen gratificación sin compromiso.

Sin embargo, sí que tienen costes. Al igual que con los aranceles, el consumidor americano medio paga estas políticas. Y aunque las sanciones pueden provocar un gran daño al objetivo, pocas veces son efectivas para lograr su objetivo principal: un cambio de régimen. Los gobiernos de Cuba, Venezuela, Irán o Corea del Norte llevan décadas aguantando estas sanciones.

La hegemonía del dólar

EEUU ha incrementado su ración de sanciones bajo el mandato de Trump gracias, sobre todo, al poder omnipresente del sistema financiero estadounidense. La creciente interconexión de la economía global ha aumentado la necesidad de una moneda dominante. Y el dólar ha llenado ese hueco. Como resultado, cuando EEUU aplica “sanciones secundarias” contra cualquiera que haga negocios con una entidad sancionada puede dañar el acceso a las transacciones internacionales. Por lo tanto, cuando EEUU se retiró de forma unilateral del acuerdo con Irán y reimpuso las sanciones, Irán fue aislado de la economía internacional.

Esto supone un poder extraordinario y Washington no debería usarlo a la ligera. La influencia de EEUU provoca un gran malestar incluso entre sus propios aliados. Cuando más abusa Washington de este poder, mayores son los esfuerzos del resto para encontrar una alternativa a la hegemonía del dólar.

Los rusos y los chinos han estado mucho tiempo tratando de encontrar una manera para evitar el control del dólar. Enfurecidos por las sanciones a Irán, los europeos están haciendo lo mismo. Hasta ahora han evitado las opciones más extremas, como nacionalizar el sistema SWIFT, que procesa todas las transferencias bancarias internacionales y que está situado en Bélgica. Han creado un mecanismo alternativo llamado INSTEX, pero de momento han sido reticentes para apoyarlo de forma clara.

Sin embargo, cuanto más apoye y aplique Trump sanciones como medidas unilaterales y cuanto más las use para obligar a sus contrincantes a cambiar de opinión, otros países estarán más resentidos hacia EEUU y habrá contramedidas. Este es el coste real de las sanciones.

El poder del dólar sigue siendo una de las mayores fortalezas de EEUU. A la hora de enfrentarse al reto del covid-19, Washington cuenta con una ventaja enorme: puede endeudarse imprimiendo su propia moneda, que es la divisa de reserva mundial, sin el temor de una hiperinflación o depreciación. Pero si algún día ese privilegio desaparece, será para siempre y miraremos atrás deseando haber usado las sanciones con mucho más cuidado.

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