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E-Yihad: 'influencers' de la guerra santa
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María Ferreira

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E-Yihad: 'influencers' de la guerra santa

El mundo virtual se ha convertido en un campo de batalla en el que se fusionan conexiones electrónicas y divinas. Operativos terroristas bajo hashtags y filtros

Foto: Portada del manual sobre cómo usar un AK-47 disponible online.
Portada del manual sobre cómo usar un AK-47 disponible online.

La mía es una historia de amor -dijo en voz alta-, y el amor encontrará la manera. / El eco no sabe que es un eco. Resuena hasta apagarse. Quijote, Salman Rushdie.

"Los infieles han invadido nuestras tierras. Nuestros jóvenes están siendo asesinados, nuestras mujeres violadas, nuestros hijos aprenden costumbres paganas y dejan de lado la religión. No olvides que en el Día de la Resurrección Alá nos preguntará qué hemos hecho por nuestra fe. La respuesta es la Yihad".

Así comienza un manual titulado 'Preparación para la Yihad: Funcionamiento del AK-47' traducido al suajili y difundido en Kenia para la formación de soldados dispuestos a defender el islam con medios violentos. Se encuentra colgado en la red, acompañado de un mensaje alarmante: "Los infieles han tratado de ocultar el conocimiento armamentístico a los musulmanes para que no podamos protegernos de sus males (...) Esperamos que esta educación no permanezca en los libros de texto, sino que se implemente según corresponda".

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Los grupos terroristas han invadido el mundo virtual, sirviéndose del anonimato, colonizando tiempos y espacios a ritmo de megabits. La Guerra Santa tiene lugar en las redes sociales, donde demuestran la eficacia de su asalto mediático. Han sabido estetizar materiales ideológicos y culturales cuyo fin es el horror, y su esfuerzo brinda resultados: Niza, Viena, París, Barcelona. Ciudades que han sufrido en los últimos años un tipo de ataques que responden a campañas virtuales mediante las que se exige la guerra contra los “infieles”.

Abdirahim, exafiliado de Al-Shabaab y protegido por el gobierno de Kenia, describe una imagen del terrorismo que se encuentra a años luz de la que reside en nuestro imaginario colectivo. “Los terroristas ya no son hombres sudorosos en el desierto”, dice. “Los terroristas tienen Twitter e Instagram. Muchos viven en Occidente y sueñan con vengar a sus hermanos de los países musulmanes”. Los terroristas suben selfis y fotos de #desayunosbonitos. Conocen el estribillo (aunque lo rechacen) de las canciones de Dua Lipa. “You got me in love again. You got me in love again” Los terroristas saben de Corán y Netflix, pero también de Bitcoin y NFT. En 2020, el Departamento de Justicia de EEUU reveló que BitcoinTransfer había actuado como central en seis operaciones de financiación del terrorismo y pidió la confiscación de 155 direcciones de criptomonedas vinculadas a ellos.

“Una sola persona es capaz de sembrar el terror”

¿Qué tiene más valor hoy en día, un combatiente armado con un AK-47 o uno recostado en su sofá? Un chico joven teclea en su Facebook los versos del Corán más utilizados por los grupos yihadistas: "¡Preparad contra ellos toda la fuerza, toda la caballería que podáis para amedrentar al enemigo de Alá y al vuestro (...) (El Corán, 8-60)". Le da a 'compartir' y una gotita de Cocacola mancha su teclado. El veneno de Occidente.

Ya no son necesarios los espacios físicos para la radicalización. Los ciberterroristas apenas se encuentran con restricciones. Hablamos de miles de hombres y mujeres cuyo objetivo es el diseño de la amenaza global: Una metástasis prácticamente imposible de controlar. “Una sola persona es capaz de sembrar el terror”, explica H. M., periodista de origen somalí con base en Suiza. “Una sola persona es capaz de causar una matanza espectacular. No es la muerte el objetivo de los grupos terroristas.”

No, no es la muerte el objetivo; es el espectáculo, la escenificación del sacrificio, el síntoma visible de su existencia. Los terroristas y su ideología ‘retrógrada’ apropiándose del mundo virtual hipermoderno, en el que los usuarios pueden encargar pizza, encontrar el amor, o aprender a fabricar y manejar artefactos explosivos. Incluso las tres cosas a la vez.

placeholder Fragmento del manual sobre cómo usar un AK-47 disponible online.
Fragmento del manual sobre cómo usar un AK-47 disponible online.

"La estrategia de captación se adapta a las necesidades del usuario", cuenta H.M. "Los yihadistas no captan, se dejan encontrar". Van dejando mensajes bellísimos, misiones sagradas -qué hay más grande que la defensa de un dios- mezcladas con escenografías que parecen sacadas de videojuegos bélicos. De fondo las letras árabes doradas sobre fondo negro. Los himnos solemnes y banderas negras ondeando.

Los jovencitos prestan atención. De pronto un mensaje: “¿Por qué no habitar la ficción? ¿Por qué no ser héroes?”. Ahí está: el terrorismo amparándose en la belleza. El terrorismo ofreciendo una alternativa a la insatisfacción vital.

Pasada la barrera del marketing se establece el contacto: Las conversaciones son sutiles, ambiguas, y prima el tono intimista. La religión se manipula y sirve para saciar la inquietud por sentirse útil, sirve a la búsqueda de una misión que llene el vacío, sirve para saciar la necesidad de pertenencia tan extrema en una juventud que corre sin control tras un noble ideal. Funciona como el enamoramiento; el e-yihadismo busca provocar pasión, bebe de la irracionalidad. Las mariposas en el estómago son el punto de partida, también la exaltación de lo diferente, la intención de hacer del mundo un lugar más bello, y creer que la violencia puede servir a esa belleza.

"Twitter e Instagram están llenos de 'influencers de la Guerra Santa'"

“Invade por la causa de Allah y busca su ayuda. Le pedimos a Alá que te proteja, te recompense y bendiga tu Yihad”, comparte un joven somalí en un grupo de Facebook. A los cinco minutos el mensaje desaparece. No importa.

El video 'Incite the believers', publicado en julio de 2020 por Al-Hayat Media Center (responsables de comunicación del Estado Islámico) es un ejemplo de la sofisticación de los métodos de captación. Adoptan una estética con la que los jóvenes pueden identificarse fácilmente. Llaman a la venganza contra los continuos ataques que sufren los musulmanes de todo el mundo por parte de Occidente. Y recuerda que esta venganza no requiere de armamento sofisticado; con un vehículo se puede causar una embestida, con las sustancias tóxicas se pueden envenenar a unas cuantas personas, también se pueden provocar incendios, e incluso un cuchillo de cocina sirve a una modalidad de terror que elude las medidas de seguridad de “los enemigos occidentales”.

“Twitter e Instagram están llenos de 'influencers de la Guerra Santa', advierte Abdirahim. “Van cambiando sus nombres de usuario y algunos son difíciles de detectar.” A primera vista es difícil distinguir el material que un imam “estricto” publica en sus redes, de aquel que comparte mensajes-cebo dirigidos a individuos vulnerables de dejarse seducir por la Yihad. Muchos musulmanes son víctimas de acusaciones de exaltación del terrorismo cuando utilizan los mismos versos del Corán que los yihadistas publican. “No hay que olvidar que los musulmanes somos las primeras víctimas del terror”, recuerda Abdirahim.

Foto: Momento en que detienen a los dos individuos en plena calle.

Sin ir más lejos, miles de usuarios han emprendido una caza de brujas contra los asistentes (probablemente musulmanes en su mayoría) del festival de música celebrado la semana pasada en Riyadh, Arabia Saudí, pocos años después de que el país levantara la prohibición de escuchar música. El gobierno Saudí quiere derribar su imagen conservadora mientras los ciudadanos más extremistas se autoimponen el deber de proteger a la tierra sagrada de todo evento que propague inmoralidad y pecado. “Luchad contra los kufar, los infieles”, piden. “Arabia Saudí se acuesta con Occidente y se contagia”, comparten en las redes. “Utilizad la espada si es necesario contra aquellos que no respetan el islam.”

El mundo virtual se ha convertido en un campo de batalla en el que se fusionan conexiones electrónicas y divinas. Operativos terroristas bajo hashtags y filtros. Ideologías radicales acompañadas de emoticonos de corazones. La violencia no ya como fin noble, don de los elegidos, sino como producto estético de consumo compulsivo.

Foto: Estado en que quedó el vehículo tras el choque. (EFE)

El peligro del yihadismo es que muchos de los que comulgan con sus ideas extremistas, parten de una inocencia fácilmente corruptible. Las oraciones se van intercalando con delirios de superioridad. “Nosotros somos mejores”. “Nosotros tenemos a Allah de nuestro lado”. “Nosotros no somos ellos”.

Y así, miles de jóvenes se acurrucan en el vientre de la yihad, mamando letanías orientales y aliviados por la idea de que todo final es heroico. Entonces, en un momento indeterminado del proceso, un joven con sed lo extremo, coge un cuchillo y le demuestra al mundo que Allah es el más grande y él es su siervo.

Una estrategia de marketing exitosa: el mundo identifica 'Allah Akbar' con el derramamiento de sangre. Con el terror. Se cumple así el objetivo: Que tiemblen Occidente y sus aliados.

#quetiembleoccidente

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