¿El poder político en manos de millonarios? El avance de los candidatos ultra ricos

El récord de 5.200 millones de dólares recaudados para la campaña apunta a lo reñido de la contienda pero también a la participación cada vez mayor de donantes (y candidatos) multimillonarios

Foto: El presidente Donald Trump camina por el escenario durante un mitin en Cape Girardeau, Misuri. (Reuters)
El presidente Donald Trump camina por el escenario durante un mitin en Cape Girardeau, Misuri. (Reuters)

Estas son las legislativas más caras de la historia de EEUU. En una tendencia ascendente que no para en la última década, las elecciones legislativas (y a gobernadores de estado) de 2018 se han convertido en una carrera desaforada por recaudar y gastar la mayor cantidad de dólares posibles. Los candidatos demócratas al congreso han recaudado más de 923 millones de dólares y los candidatos al senado 539 millones. Los candidatos republicanos al congreso, 612 millones, y al senado, 395.

"Cada ciclo electoral hay más dinero, en cada campaña se sobrepasa el récord de la anterior. Pero en este caso, además, es que se ha producido el mayor salto respecto de la anterior: se ha gastado un 35% más que en 2014", explica a El Confidencial Sheila Krumholz, directora ejecutiva del Center for Responsive Politics, organización que rastrea los números que se mueven en la política estadounidense desde 1998. De hecho, casi alcanza la última campaña presidencial, que fue la más cara de la historia con 6.000 millones de dólares (las presidenciales suelen ser casi el doble de caras que las legislativas).

Una pequeña élite del 0,42% de los más ricos es responsable de la financiación del 70% de la campaña

La causa está, en parte, en una revitalización del campo demócrata tras los dos años de presidencia de Trump. Las "midterm", como se conocen aquí, celebradas siempre a mitad del periodo presidencial de cuatro años, sirven esta vez más que nunca como una especie de referendum sobre la controvertida labor de Donald Trump en diferentes frentes. Y en el campo demócrata se ha visto un récord de candidatos que se presentan por primera vez. "Son unas elecciones especialmente reñidas, con muchos escaños republicanos que cambian, y con candidatos demócratas que han despertado mucho interés a pesar de ser recién llegados", argumenta Krumholz.

"Es verdad que los demócratas han recibido un empujón importante de pequeños donantes. En el caso de los candidatos a la cámara de representantes, han tenido el doble de contribuciones por debajo de los 200 dólares que los republicanos", explica a este diario David Edward Burke, fundador de Citizens Take Action, que persigue una reforma de la financiación electoral. "Pero estas donaciones pequeñas han supuesto el 16% del total. Lo cierto es que siguen siendo los grandes donantes los que dominan en un porcentaje de 5 a 1".

Los mayores donantes individuales

Un vistazo a la lista de mayores donantes individuales no deja lugar a dudas. En total, hay alrededor de 100 que superan el millón de dólares, y más de mil donaciones individuales por encima de los 100.000 dólares. Los 100 mayores donantes individuales, que son un 0,2% del total, cubren el 79% del dinero recaudado. Más claro todavía: una pequeña élite del 0,42% de los más ricos estadounidenses es responsable de la financiación del 70% de la campaña.

"Las cantidades exhorbitantes de dinero que se están gastando en estas elecciones tienen que ver también con las decisiones del Tribunal Supremo, en casos como el de Citizens United y McCutcheon vs. FEC (la Comisión Electoral Federal en sus siglas en inglés), que han puesto más fácil a las compañías, sindicatos y a los ultra ricos influir en las elecciones", indica Burke. Y a más dinero, más probabilidades de ganar. "Los estudios muestran que el candidato que gasta más suele ganar en un 90% de las ocasiones. Aunque es difícil de determinar si es que ganan porque tienen más dinero o recaudan más dinero porque son mejores candidatos. En estas elecciones además ha habido increíbles vuelcos como el caso de Alexandra Ocasio-Cortez que ha ganado a un candidato que gastaba 18 veces más que ella. En este tipo elecciones tan reñidas, se ven más excepciones".

Casos como el de Citizens United y McCutcheon vs. FEC han puesto más fácil a las compañías y a los ultra ricos influir en las elecciones

En general, en todo caso, más dinero gastado en las elecciones significa fundamentalmente una cosa: más propaganda. "Cuanto más dinero se gasta en una campaña, más información interesada se puede lanzar al público estadounidense. Más anuncios en televisión y radio, más folletos en los buzones", explica a El Confidencial Walker McKusick, de Votesmart, una organización apartidista que ayuda a recabar y publicar información sobre cada candidato: su trayectoria, cómo ha votado, quién le respalda. Más dinero significa más voluntarios llamando puerta a puerta para poner el acento en los temas que interesan al candidato, en las cifras que benefician al candidato. "El problema actual en las elecciones estadounidenses con los niveles de gasto que estamos alcanzando es un exceso de información interesada", añade McKusick.

"Cuando fundamos la plataforma VoteSmart, teníamos un problema de falta de información para el votante. Se sabía poco de los candidatos. Ahora tenemos el problema contrario, hay tanta propaganda y anuncios circulando que cada año el desafío es más grande para el votante estadounidense que quiere encontrar información neutral". Y los candidatos han dejado, por ejemplo, de responder a las encuestas de "valor político" que la organización les envía para confeccionar sus páginas de información al ciudadano. "En 1996 un 72% de los candidatos nos respondía, hoy es el 26%. Como un responsable de campaña me dijo una vez: 'No estamos aquí para educar a los votantes, sino para ganar".

La lista de donantes individuales es impactante. Entre los donantes más generosos de los candidatos demócratas destacan Thomas Steyer, con más de 50 millones de dólares; Michael Bloomberg, con 38; Donald Sussman, con 22; James y Marilyn Simons, con casi 19; y George Soros, con 17 y pico. En el campo republicano destaca la astronómica donación de Sheldon y Miriam Adelson, propietarios de hoteles y casinos en Las Vegas, por valor de 113 millones de dólares.

Seguidores del demócrata Beto O'Rourke durante un mitin de campaña en El Paso, Texas. (Reuters)
Seguidores del demócrata Beto O'Rourke durante un mitin de campaña en El Paso, Texas. (Reuters)

Los candidatos millonarios

Pero los millonarios no solo donan dinero. También hay un número inusitado de ellos que son directamente candidatos y han tirado de sus fortunas personales para presentarse a diferentes cargos. "Otro de los récords de este año es la cantidad de candidatos que se han autofinanciado", afirma Krumholz. Por ejemplo, el candidato republicano al Senado por Florida Rick Scott, que ha puesto 51 millones de dólares de su fortuna personal (un 74% del total de lo recaudado para su campaña); el candidato republicano al Senado por Nueva Jersey Bob Hugin, que ha puesto 27 millones y medio propios (el 90% del total que ha recaudado su campaña); el candidato demócrata a la cámara de representantes David Trone de Maryland que ha puesto casi 16 millones de los suyos (un 96%) y otro congresista demócrata, Scott Wallace de Pensilvania, que ha puesto más de 12 millones de su bolsillo. Una de las figuras más destacadas del campo demócrata, la senadora por California Dianne Feinstein, ha financiado con 5 millones de dólares propios su campaña para la reelección.

La lista sigue y sigue, aunque OpenSecrets advierte que muchos de estos candidatos no suelen triunfar en las encuestas. De hecho, muchos de los 39 de la lista, como la congresista republicana de Texas Kathaleen Wall (que puso más de seis millones de su propio bolsillo) al demócrata de California Paul Kerr (que puso casi seis) perdieron las primarias.

El ejemplo más demencial de una campaña entre millonarios se ha dado en Illinois: el demócrata J.B. Pritzker (empresario heredero de la fortuna de los hoteles Hyatt cuya fortuna está valorada por Forbes en 3.200 millones de dólares) ha puesto de su bolsillo 162 de los 167 millones que lleva gastados en campaña (el récord hasta ahora en unas elecciones a gobernador, ajustando la inflación, lo tenía la californiana republicana Meg Whitman que perdió en 2010 a pesar de haberse gastado 167 millones de dólares de su bolsillo). El contrincante de Pritzker, el actual gobernador republicano Bruce Rauner (cuya fortuna está valorada "solo" en cientos de millones) ha puesto 58 de los 80 que lleva recaudados su campaña. La campaña ha sido de las más crudas que se recuerdan, con los candidatos echándose en cara haber echado mano de triquiñuelas para evitar pagar impuestos. Rauner ha acusado a Pritzker sin asomo de ironía de ser un "producto de los fondos de inversión que no ha levantado un dedo para trabajar en su vida".

Rick Scott durante un mitin electoral junto a Donald Trump en Estero, Florida. (Reuters)
Rick Scott durante un mitin electoral junto a Donald Trump en Estero, Florida. (Reuters)

En Oregon, Iowa, y Oklahoma, la batalla por el cargo de gobernador está siendo la más cara de sus respectivas historias. En Florida, está siendo la segunda más cara con 80 millones de dólares. En las elecciones al Congreso, la campaña en Georgia está siendo la más cara de la historia de todo el país con 40 millones de dólares gastados.

Tantos récords se han alcanzado que en algunos estados, junto con las papeletas para elegir congresistas, senadores o gobernadores, se añade una proposición de ley sobre si es necesario ayudar económicamente a los candidatos que compiten con este tipo de millonarios autofinanciados. En Colorado, por ejemplo, se vota la enmienda 75, que permitiría a los candidatos cuyos oponentes se gastan más de 1 millón de dólares en sí mismos ampliar su límite de contribuciones de fuera hasta 5 veces más. El miso candidato a gobernador de Colorado Jared Polis, que se ha gastado 22 millones de su dinero en la campaña, apoya la medida.

"Cuando se gastan estas cifras en una campaña electoral los estadounidenses de a pie lo tienen mucho más difícil para presentarse al Congreso. ¿Qué posibilidades tiene un profesor con un salario de 50.000 dólares al año frente a un multimillonario que puede pagarse una campaña? Por este motivo hay tantos millonarios en las cámaras", argumenta Burke.

Así es: en el año 2014, tras las últimas legislativas, se alcanzó una mayoría de miembros del Senado y de la Cámara de Representantes con fortunas por encima del millón de dólares.

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