El Donétsk prorruso prepara su independencia

Viaje hasta el centro de la sublevación prorrusa en el este de Ucrania para contar la crisis desde sus filas, sus claves y sus protagonistas

Las urnas de plástico ya están funcionando. Los parqués gastados, el recuento febril, las mesas combadas por la humedad... Tres millones de papeletas, 1.200 colegios electorales y 15.000 voluntarios, según cifras de los prorrusos imposibles de confirmar, garantizan la correcta celebración del referéndum independentista en la región de Donétsk, que sólo hace una pregunta: “¿Apoya el acto de proclamación como Estado soberano de la República Popular de Donétsk?”.

El resto (su grado de independencia de Ucrania o de Rusia, por ejemplo) queda en el aire. “Lo primero es celebrar el referéndum y luego nuestro Soviet ya se encargará de decidir adónde ir y cómo llegar”, dice a El Confidencial Guenadi Jomino, de 36 años, uno de los organizadores en la ciudad de Donétsk. “Aquí no ha participado ninguna autoridad; lo ha hecho todo el pueblo. Nadie ha cobrado ni un kópek y el proceso ha costado sólo 20.000 grivnias (1.240 euros)”, añade orgulloso.

Aunque el 80% de los habitantes del Este considera ilegítimo el Gobierno provisional (International Foundation for Electoral Systems), el 70% está en contra de dividir el país (Pew Center)Las acciones prorrusas avanzan de nuevo entre la indiferencia general. Colegios de toda la ciudad han sido tomados por activistas, como una escuela de la calle Púshkin: 12 “voluntarios” que jamás trabajaron allí tienen ahora el control. ¿Y el director? “Ha aceptado”, dice uno de los miembros de la mesa electoral. ¿Y si se negase? “No se negaría. Aquí toda la gente está a favor del referéndum”. Otros centros funcionan custodiados por jóvenes armados con metralletas.

Las pistolas y los chalecos antibalas son parte del ánimo general. Ahora mismo, la palabra más escuchada en Ucrania quizás sea provokatsiya, acción destinada a generar violencia con fines políticos. Se oye constantemente en manifestaciones, discursos y fechas como la de hoy, en la que los prorrusos, que ocupan edificios oficiales por toda la región desde hace más de un mes, buscan la pátina de legitimidad que daría una consulta popular. Los rebeldes de Lugánsk también celebran el proceso, mientras que los de Járkov han decidido retrasarlo por falta de consenso en las preguntas.

Sin embargo, ni siquiera Moscú ha mostrado su apoyo al referéndum. La Duma no ha enviado observadores y el presidente, Vladímir Putin, pidió a los activistas que retrasasen la consulta. La OSCE, que despliega en Ucrania la misión más grande de su historia, tampoco refrendará con su presencia un acto considerado ilegal por Kiev, Estados Unidos y la Unión Europea. 

El 70% está en contra de dividir el país

Las encuestas de opinión arrojan resultados mixtos. Aunque el 80% de los habitantes del Este de Ucrania considera ilegítimo el Gobierno provisional (según un informe de International Foundation for Electoral Systems, con sede en Washington), el 70% está en contra de dividir el país (cifras del también norteamericano Pew Center).

Las pistolas y los chalecos antibalas son parte del ánimo general. Ahora mismo, la palabra más escuchada en Ucrania quizás sea provokatsiya, acción destinada a generar violencia con fines políticosEl presidente del Comité Electoral de la autoproclamada República, Roman Lyahin, alega vacío de poder como una razón más para el referéndum: “En Ucrania no hay ni ley ni autoridad. El Gobierno central no controla el Sudeste del país”. “No queremos un Gobierno ilegítimo formado por fascistas y que dispara contra su propia gente”, añade Guenadi Jomino en referencia a los recientes combates entre tropas ucranianas y milicianos prorrusos.

El último episodio de violencia tuvo lugar en la ciudad portuaria de Mariupol, cuando el Ejército ucraniano atacó la sede local de policía ocupada por milicianos prorrusos. Columnas de humo y llamas fluían del edificio al tiempo que civiles y activistas desvalijaban las tiendas adyacentes (incluida una de armas). Al menos dos cuerpos yacían en la calle, aunque las cifras, como de costumbre, bailan en busca de confirmación: entre 20 muertos (Ministerio del Interior) y 7 confirmados en los hospitales. Un periodista fue disparado en la tripa casi a bocajarro por un soldado ucraniano.

La crisis también se vive en el campo de los símbolos. El mismo viernes, Ucrania conmemoraba la victoria soviética sobre el fascismo hace 69 años, fecha mitificada por la URSS para poner bajo el mismo techo heroico a todas las repúblicas, depuradas, previamente, de nacionalismos (idea heredada hoy por los prorrusos, para quienes Kiev es un enemigo parecido al de 1945). Cada 9 de mayo, tanques y soldados salen ordenados en cada capital, niños y abuelos portan ramos de flores y el presidente suele coronar los festejos con un discurso de gratitud por el sacrificio de guerra.

Lo primero es celebrar el referéndum y luego nuestro Soviet ya se encargará de decidir adónde ir y cómo llegar, dice a El Confidencial Guenadi JominoSímbolo de la celebración es la cinta de San Jorge, de rayas naranjas y negras, que todos los años decora pechos y solapas al aire libre sin más intención (a priori) que la de señalar un día festivo nacional. Hasta ahora. Desde la ocupación rusa de Crimea, la cinta de San Jorge (inicialmente una condecoración militar otorgada por Catalina la Gande) ha sido utilizada con insistencia por los activistas en señal de lealtad a Moscú. Hoy en día los milicianos de Slaviansk o Kramatorsk llevan el símbolo ceñido al uniforme o al cañón de su Kaláshnikov, y no falta en taxis, autobuses, bolsos y corbatas.

La tira se prodiga tanto que el Gobierno interino decidió renunciar a ella como símbolo conmemorativo. En su lugar, adoptó la amapola que se utiliza para honrar a los caídos, por ejemplo, en Reino Unido. El Instituto Nacional de Memoria Ucraniana justificó la idea con aquella canción  en que “las amapolas florecen allí donde se derrama sangre cosaca”. Bielorrusia también mostró su descontento cambiando los colores de la cinta y Kazajistán reconoció estar buscando un símbolo nuevo para la celebración.

El aniversario y la situación de Ucrania se unieron así para reforzar el miedo a la provokatsiya, que las próximas semanas, con el referéndum de hoy y las elecciones presidenciales del 25 de Mayo, que los prorrusos rechazan de plano, quizás no sean capaces de rebajar.

En el frente de Ucrania
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