El oligarca prooccidental Poroshenko arrasa en las presidenciales de la convulsa Ucrania

El oligarca Petró Poroshenko ganó hoy las elecciones presidenciales en Ucrania, según los sondeos a pie de urna divulgados por las televisiones locales

Foto: Preparación de las cabinas de voto para las elecciones en Kiev. (Reuters)
Preparación de las cabinas de voto para las elecciones en Kiev. (Reuters)

El oligarca Petró Poroshenko ganó hoy las elecciones presidenciales en Ucrania, según los primeros sondeos a pie de urna divulgados por las televisiones locales al cierre de los colegios. Poroshenko obtiene un 55,9% de los votos, mientras su gran rival, la ex primera ministra Yulia Timoshenko, tendría un 12,9%, por lo que no sería necesario disputar una segunda vuelta. Poroshenko, en cuya candidatura ha sido fundamental el apoyo del exboxeador Vitali Klitschko, desempeñó cargos tanto en gobiernos pro-occidentales como bajo la batuta de Yanukóvich.

Poroshenko adelantó hoy al depositar su voto en Kiev que su primer viaje como presidente sería al Donbás, la sublevada cuenca hullera ucraniana que incluye a Donetsk y parte de Lugansk. Según los datos preliminares, en ambos territorios separatistas las elecciones se celebraron en menos de la mitad de las circunscripciones, por lo que más de tres millones de personas no habrían podido ejercer su derecho al voto. En las capitales regionales de Donétsk y Lugansk, donde viven más de un millón y medio de personas, ni siquiera se llegó a abrir un solo colegio electoral. Además de varias escaramuzas entre fuerzas gubernamentales y milicianos rebeldes, una persona murió y otra resultó herida en un tiroteo que se produjo en un colegio electoral de la localidad de Novoaydar (Lugansk). El empresario aboga por el futuro ingreso de Ucrania en la Unión Europea, pero también por normalizar cuanto antes las relaciones con Rusia.

"El rey del chocolate" y principal patrocinador del Maidán

"Ucrania tiene un nuevo presidente", proclamó el multimillonario, conocido como el "rey del chocolate" por sus negocios de dulces y bombones. "No hay dinero gris, ni negro, ni blanco. O combatimos la corrupción o es que estamos implicados en ella", fue una de las frases de Poroshenko, uno de los hombres más ricos de Ucrania, durante la campaña electoral. Aunque centró su campaña en la lucha contra la corrupción, no es por eso por lo que Poroshenko ha derrotado a su principal rival, la ex primera ministra Yulia Timoshenko.

Poroshenko fue el principal patrocinador del Maidán (plaza), el movimiento de protesta pacífica que desembocó en violentos disturbios y condujo en febrero pasado al derrocamiento del presidente Víktor Yanukóvich. Los ucranianos han premiado su generosidad hasta el punto de que no necesitará una segunda vuelta para hacerse con la Presidencia.

El oligarca Petró Poroshenko (Reuters).
El oligarca Petró Poroshenko (Reuters).

Al contrario que en la Revolución Naranja de 2004, cuando participó activamente en los mítines en Kiev, Poroshenko mantuvo un perfil bajo durante el Maidán y dejó que otros sufrieran el desgaste. Los analistas consideran que la Revolución Naranja fracasó debido a la incompatibilidad entre Timoshenko, entonces primera ministra, y Poroshenko, mano derecha del entonces presidente Víktor Yúschenko. Desde entonces, se alejó de la política durante varios años para centrarse en su emporio empresarial, encabezado por Roshen, considerada una de las mayores compañías mundiales en producción de bombones y dulces, y que ahora ha prometido vender en un gesto de que luchará contra la corrupción. Durante la campaña, el candidato contó con la ventaja de ser el dueño de varios medios de comunicación, lo que le permitió eludir los debates y propagar su mensaje electoral sin apenas participar en actos.

Regreso al Maidán

18 candidatos, 3.607 observadores internacionales y muchas referencias a la unidad, la paz y la estabilidad en un país deshilachado por la división y la violencia. Ucrania gira en torno a las elecciones presidenciales de hoy domingo, única oportunidad de borrar la carga ilegítima que pesa sobre el Gobierno provisional (llamado 'Junta' por sus opositores del Este) y echar a las minorías extremistas de la primera línea. El centro de la capital sigue tomado por banderas y campamentos desastrados, como si el Maidán, encendido hace seis meses, no quisiera desaparecer.

Los militantes de Kiev y Donétsk, pese a defender extremos opuestos, se reflejan mutuamente. Ambos ofrecen el mismo perfil humilde y la misma huella de campamento, de sacos de dormir, el aire viciado, las duchas contadas, el rancho. Proliferan las barbas de lija y los uniformes improvisados, la indolencia, las voces de mando. A veces, sólo les diferencia la bandera y los símbolos emergidos de viejas heridas que hasta noviembre de 2013 parecían cicatrizadas.

“La guerra no divide el país, divide familias”, dice Yanna, estudiante residente en Kiev pero nacida en Luhánsk (donde, junto a Donétsk, se ha declarado una república prorrusa independiente). “Mis padres son prorrusos. Al principio, cuando presté ayuda al Maidán llevando comida y té, no les pareció mal. Pero ahora sí; hace dos meses que no nos hablamos. El gobierno separatista de Luhánsk ha prohibido la televisión ucraniana”.

El grupo ultraderechista, que nadie conocía seis meses atrás, irrumpió pistola en mano para culminar el Maidán echando al presidente Yanukóvich. Los miembros del Gobierno sucesor fueron elegidos en el tronar de los porrazos en los escudosKiev, museo viviente

Este marasmo ideológico ha transformado el centro de Kiev en un museo viviente. Una mezcla de funeral masivo con misas públicas en honor al centenar de muertos del Maidán, cuyas fotografías entronizan montículos de flores y son paseadas junto a coronas de espinas; de escenario bélico, dados los uniformes y las barricadas todavía en pie, y de colosalismo soviético: ninguna revolución cambiará la presencia imponente del Hotel Ucrania y los edificios aledaños, que se inclinan sobre el peatón como gigantes de hormigón.

Por todas partes destacan las banderas rojinegras de Pravy Sektor (negras como la fértil tierra ucraniana y rojas como la sangre derramada en ella). El grupo ultraderechista, que nadie conocía seis meses atrás, irrumpió pistola en mano para culminar el Maidán echando al presidente Víktor Yanukóvich. Los miembros del Gobierno sucesor fueron elegidos en el tronar de los porrazos en los escudos, cuando los enmascarados les hicieron el pasillo frente al parlamento. De los 18 ministros, cuatro pertenecen al partido ultranacionalista Svoboda; Pravy Sektor ocupa la presidencia del Consejo de Seguridad y Defensa.

Tres meses después de la formación del gabinete aún es imposible saber cómo se financia Pravy Sektor ni cuál es su fuerza real. En declaraciones a El Confidencial, el número dos del grupo, Igor Mazur, se esfuerza en dar una imagen de normalidad. “Es difícil de saber el número de activistas. Nos estamos constituyendo como partido; haremos un censo y trabajaremos en la organización. Ahora lo fundamental es la defensa del país”.

La entrevista tiene lugar frente al último edificio ocupado por los militantes, en pleno Maidán. Un locutorio de aire estancado, con esterillas desplegadas en palés y cascos acumulados en cabinas telefónicas. Mazur, que mide dos metros y viste camiseta y vaqueros, dice que sus milicianos ayudarán al ejército ucraniano en Donétsk pero con cuidado de no antagonizar a la población ni dar más carnaza a la propaganda rusa. “En cuanto haya un presidente elegido, dejaremos el edificio. Si es el domingo, el domingo; si no, en segunda vuelta, dentro de dos semanas”.

Una mujer recoge propaganda electoral de la candidatura de Timoshenko. (Efe)
Una mujer recoge propaganda electoral de la candidatura de Timoshenko. (Efe)

Entre Poroshenko y Timoshenko

Pese a llenar a menudo los medios, la derecha nacionalista ucraniana sigue siendo electoralmente insignificante. Según el Instituto Internacional de Sociología de Kiev, el líder de Pravy Sektor, Dmytro Yarosh (que dio su última conferencia de corbata, en contraste con su habitual uniforme negro de comandante), obtendrá mañana menos del 1% de los votos. El bloguero político ucraniano Roman Kunsévich declara que Pravy Sektor es una burbuja hinchada por los medios rusos. “Son populares porque el Kremlin ha hecho de ellos una excusa útil para su propaganda, pero no tienen mayor influencia más allá de haber estado presentes en el Maidán”. Oleg Tianibog, de Svoboda, apenas llevaría un 1%.

Las posibilidades apuntan más bien a la vieja paleta de ricos y caras conocidas, como Petro Poroshenko y Yulia Timoshenko

Algunos corresponsales extranjeros ya preparan documentales y libros que puedan esencializar la mayor crisis europea desde la guerra de los Balcanes. Kiev, Crimea y Donétsk han ofrecido un relato incomparable, y tienen sed de capítulo cerrado. Pero los combates en el Este prosiguen. Los choques entre las milicias prorrusas de Donétsk y Luhánsk y el Ejército ucraniano han arrojado dos docenas de cadáveres más en 48 horas. Activistas armados velan para que allí no haya elecciones. Según la International Foundation for Electoral Systems, con sede en Washington, la mitad de la población en el este de Ucrania ni siquiera las considera legítimas. La política domina las conversaciones del Kupidon, el bar más bohemio de Kiev; los comensales, la mayoría jóvenes que parecen escritores y pintores hambrientos, hacen sus quinielas con soltura y cierto cinismo. “Tras seis meses de emociones ya estamos acostumbrados”, dice Xenia Marchenko, traductora de 30 años. “Ahora mismo no hay nada que nos dé miedo”.

En el frente de Ucrania
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