Día Diez: Los refugiados sirios descubren la "ruta del círculo polar"

“El problema es la mafia. Y la rusa es la peor de todas”, dice Firaz. Él llegó hasta San Petesburgo al intentar alcanzar Finlandia por la ruta polar. Ante el cierre de Hungría cada vez más sirios lo hacen

Foto: Policías antidisturbios húngaros cargan contra refugiados sirios en Roszke, la frontera con Serbia, el 16 de septiembre de 2015 (Reuters).
Policías antidisturbios húngaros cargan contra refugiados sirios en Roszke, la frontera con Serbia, el 16 de septiembre de 2015 (Reuters).

En un vagón del tren nocturno que cubre la línea Viena-Hamburgo, Sana, la joven fisioterapeuta, y Firaz, el líder del grupo, discuten sobre las diferentes maneras de entrar en Europa. En su teléfonos móviles me enseñan las distintas vías que se dan a conocer a través de las redes sociales. “En los últimos meses ha aparecido una nueva”, explica Firaz, “la del círculo polar ártico”. Con la ayuda de un mapa que otro usuario ha colgado en la web, me muestran la “ruta polar” mediante la cual algunos refugiados sirios están llegando a Noruega.

El viaje tiene su punto de partida en Líbano, hasta donde los “aspirantes” deben acudir desde Siria. El primer paso es solicitar un visado en la Embajada de Rusia. Una vez comprado el billete de avión a Moscú, generalmente con la ayuda de una agencia de viajes y tras pagar unos 1.500 dólares, los refugiados vuelan a la capital rusa. Es allí donde deben iniciar el desplazamiento en tren hacia el Norte, hacia la gélida región del país. Primero a San Petersburgo y, después, hasta Murmansk, una localidad rusa dentro del Círculo Polar Ártico.

Antes, ciudadanos rusos ofrecían a los sirios viajes desde Murmansk por un puñado de dólares, hasta que las autoridades noruegas amenazaron con procesarles por tráfico ilegal de personas. Desde entonces, los refugiados suelen cubrir en bicicletas los 20 kilómetros que separan la ciudad de la línea divisoria con Noruega, en el pueblo de Storskog, donde se encuentra el único paso de frontera terrestre entre ambos países, y donde las temperaturas no superan los cero grados

 

Una vez en Noruega, las fuerzas de seguridad les envían en un avión hasta Oslo, donde inician los trámites de petición de asilo. “Es más seguro, rápido y barato que las rutas del Mediterráneo”, dicen en Internet los foros que consultan los sirios para planear su éxodo hacia Europa. Hasta la fecha, cerca de 200 sirios se han colado en el espacio Schengen de esta manera.

El problema, aquí también, es la mafia. Y la rusa es la peor de todas”, explica Firaz. El líder del grupo cuenta que él llegó hasta San Petesburgo, junto con otro amigo, cuando intentaba entrar en Finlandia utilizando la ruta polar. “Pero los traficantes nos pedían demasiado dinero y, además, las temperaturas para cruzar a pie son insoportables”, dice. La zona Norte, en cambio, no ha caído todavía bajo el control de las mafias y cada vez más sirios optan por esta vía. Resulta curioso el hecho de que sea legal cruzarla en bicicleta si tienen el visado ruso en regla, pero no está permitido entrar a pie.

Por fin hemos llegado a Alemania

Lo primero que hacen es escribir a sus familias. Después de cruzar Alemania durante la noche y dirigirnos hacia el Norte del país, el grupo de amigos ha desembarcado en Hamburgo. “¡Alemania, Alemania!”, canta Burham, uno de los primos mayores. Ríen y cantan entre ellos y preguntan una y otra vez sobre todo lo que resulta una novedad a sus ojos. “¿Qué es esto?”, exclaman Burham y Sana señalando la monodosis de leche para el desayuno. Están impacientes por llegar a Suecia. Y, entre todos, la que muestra más nervios es la joven Alaa: en cuanto lo logre comenzará los preparativos de la boda con su prometido.

 

Durante el trayecto, un par de policías han revisado vagón a vagón el tren en el que viajamos. “¿De dónde sois?”, preguntaron a Firaz mientras alumbraban con una linterna. “¡De Siria!”, contestaron al unísono. “De acuerdo”, respondió el agente. De momento no se les ha requerido el pasaporte y el grupo siente que el duro viaje está llegando al final. “Todavía no soy capaz de descifrar mis sentimientos en este momento”, confiesa Sana, algo confundida. “Pero echo la vista atrás y me da la sensación de que he vivido una pesadilla”.

 

El grupo, con Sana, Alaa y Duah en el centro, en la estación de Hamburgo.
El grupo, con Sana, Alaa y Duah en el centro, en la estación de Hamburgo.

 

Día Nueve: Algunos no pueden más; "Yo me vuelvo a Siria".

Día Ocho: Así escapamos de la mafia, a puñetazos.

Día Siete: Una jornada de terror en manos de la mafia húngara.

Día Seis: La sombra de Asad les persigue hasta Europa.

Día Cinco: “Debes parecer una más. Ponte un velo”.

Día Cuatro: El humor del líder que nos ha metido en Macedonia.

Día Tres: "Esto sabe a victoria". Los hermanos llegan a Atenas

Día Dos: ¿Qué metieron en la maleta? Sana, una joya y poesía.

Día Uno: Izmir, una familia en el punto cero.

En ruta con los refugiados sirios
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