La batalla casi perdida de los socialdemócratas contra Merkel
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Aurora Mínguez

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La batalla casi perdida de los socialdemócratas contra Merkel

¿Quieren realmente los socialistas alemanes ganar las elecciones generales del 22 de septiembre? ¿Es Peer Steinbrück el hombre más indicado para vencer a Ángela Merkel? Pocos

Foto: Peer Steinbrück, candidato del Partido Socialdemócrata alemán a la cancillería (Efe).
Peer Steinbrück, candidato del Partido Socialdemócrata alemán a la cancillería (Efe).

¿Quieren realmente los socialistas alemanes ganar las elecciones generales del 22 de septiembre? ¿Es Peer Steinbrück el hombre más indicado para vencer a Ángela Merkel? Pocos pueden responder a estas preguntas con un sí rotundo. A menos de cinco semanas de los comicios, sólo un milagro puede llevar de nuevo a los socialdemócratas al poder. Parece que la gente va a votar mayoritariamente por Merkel (un 55% de los alemanes quieren seguir teniéndola como canciller los próximos cuatro años y sólo un 23% prefiere a Steinbrück).

Y ello a pesar de que su Gobierno de coalición con los liberales no ha sido precisamente un modelo de armonía interna ni tampoco de logros espectaculares. El último escándalo sobre el espionaje norteamericano en Alemania y en Europa ha puesto de manifiesto la falta de reflejos de este Gobierno democristiano-liberal, su ausencia de respuestas firmes y de coherencia a la hora de defender el derecho a la intimidad de los ciudadanos de la República Federal.

Pero los socialdemócratas, el principal partido de la oposición, no están para dar lecciones a nadie. Su candidato a canciller, Steinbrück, no llega a la gente. Mucho menos a las mujeres, y muy poco a los jóvenes. Es un brillante analista económico, pero un pésimo mitinero. No es simpático, tampoco transmite calidez ni empatía. Y sufre, además, los disparos del fuego amigo. El presidente del SPD, Sigmar Gabriel, ha convocado para el 24 de septiembre, dos días antes de la cita con las urnas, un minicongreso del partido, lo cual muchos han interpretado no sólo como una bofetada en plena cara para Steinbrück, sino también como una duda más que razonable de que no van a ganar y de que tendrán que decidir si entran en una gran coalición con Merkel como canciller o prefieren seguir en la oposición.

Steinbrück, por su parte, ya ha dejado claro que él no estará en ninguna Gran Coalición. Con la primera (2005-2009), en la que asumió el papel de ministro de Finanzas, tuvo suficiente. Y mientras, otro peso pesado del partido, Franz Müntefering, ha criticado de manera abierta y nada diplomática todos los errores de la campaña electoral socialdemócrata llevada a cabo hasta ahora, al calificarla de catastrófica.

El SPD no levanta cabeza desde hace un decenio: fue destrozado literalmente por el último canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, quien se apuntó a la Tercera Vía de Tony Blair y cambió de manera radical Alemania con su Agenda 2000

¿De qué va el SPD alemán?

El problema no está sólo en el candidato, Steinbrück, sino en el partido en sí mismo. ¿Qué línea política llevaría a cabo el SPD si se hiciera con la presidencia del Gobierno alemán? ¿Socialdemocracia pragmática, volantazo a la izquierda o una política intercambiable con la llevada hasta ahora por Merkel? Nadie lo sabe a ciencia cierta. Un ejemplo concreto: Steinbrück ha hablado de subir impuestos para los más ricos con el fin de invertir ese dinero en educación y en infraestructuras. Pero Gabriel -de nuevo el fuego amigo- le ha matizado ya, rechazando ese castigo a los ciudadanos más pudientes y sugiriendo a cambio más lucha contra el fraude fiscal y los paraísos fiscales.

El SPD no levanta cabeza desde hace un decenio: fue destrozado literalmente por el último canciller socialdemócrata, Gerhard Schröder, quien se apuntó a la Tercera Vía de Tony Blair y cambió de manera radical Alemania con su Agenda 2000. Con la exigencia y la promesa de modernizar el país y su hiperregulado mercado laboral, abrió las puertas a los ‘minijobs’ y los empleos precarios introduciendo reformas en los subsidios de paro, especialmente para los desempleados mayores y de larga duración.

Aquellas medidas, que tuvieron que tragarse los sindicatos, dividieron profundamente al partido socialdemócrata, que sufrió escisiones gravísimas -una de ellas encabezada por Oskar Lafontaine, quien creó el Partido de la Izquierda con Gregor Gysi-, una sangría de militantes brutal y una duda existencial acerca de cómo combinar el ideario socialista con la globalización, la reconversión industrial, la llegada de las nuevas tecnologías y los retos de una sociedad cada vez más envejecida. Mañana Steinbrück dará un mitin electoral junto a Schröder en el feudo de este último, Hanóver. Será interesante ver cuáles son sus coincidencias y cuáles sus puntos de fricción.

En estos momentos hay en Alemania casi ocho millones de personas que tienen ‘minijobs’ y 2,66 millones que se ven obligadas a tener un segundo trabajo para poder vivir y/o mantener a sus familias. El propio Estado alimenta esta situación al proponer moderación salarial y al invitar a los trabajadores peor pagados a que soliciten una ayuda social. La canciller sigue diciendo no a un salario mínimo interprofesional y Steinbrück propone uno con el tope de 8,5 euros por hora trabajada. ¿Cambiarán mucho las cosas si los socialdemócratas consiguen ganar? ¿Qué pasará con los efectos negativos de la famosa Agenda 2000? ¿La eliminaría un canciller Steinbrück?

Ni los votantes tradicionales del SPD saben a dónde va el partido ni qué orientación política va a imponer en los próximos años, ya sea en el gobierno -en el caso de que finalmente ganen- o en la oposición. El SPD transmite confusión; Merkel, confianza. Esa es la pequeña gran diferencia. Lo demás son milagros, y los milagros, ya se sabe, ocurren los jueves, como decía Berlanga, y no los domingos de elecciones generales.

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