La izquierda de UK y la bandera: por qué los 'rojos' tienen que comenzar a llevar chaleco
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Celia Maza (La Isla)

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La izquierda de UK y la bandera: por qué los 'rojos' tienen que comenzar a llevar chaleco

El Partido Laborista de Keir Starmer parece dispuesto a transformar su imagen en una más 'patriótica', pero muchos critican los ondeos de bandera vacíos de contenido

placeholder Foto: El líder del Partido Laborista, Keir Starmer.
El líder del Partido Laborista, Keir Starmer.

No se vayan a pensar ustedes que el debate de la izquierda y la bandera es solo cosa de nuestra España patria. Tampoco se vayan a creer que somos los únicos que hablamos de la vestimenta de los políticos. De todos es sabido que los "rojos" no pueden llevar chalecos porque eso es cosa de fachas. En el Reino Unido, también se ha abierto la veda.

Va a cumplirse un año desde que la oposición laborista eligiera como líder a Keir Starmer, un apuesto abogado con título de 'Sir' y cabellera engominada. Se ha hablado mucho de él. Ante los incesantes rumores, la mismísima Helen Fielding, autora de 'El diario de Bridget Jones' (sobre el que se basó la taquillera comedia romántica) incluso ha tenido que clarificar que el protagonista masculino de la novela no está inspirado en el político.

La imagen, desde luego nada tiene que ver con la de su antecesor, Jeremy Corbyn, bautizado en su día como “el Pablo Iglesias británico”. No llevaba ni pendiente ni coleta. Pero su gorra estilo ruso dio para muchos titulares y conspiraciones sobre espionaje comunista. Y su defensa a ultranza de Hugo Chávez también ayudaba a establecer similitudes con el dirigente de Podemos.

Foto: Johnson junto a la presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen. (Reuters)
Celia Maza (La Isla) Opinión

La cuestión ahora es que los laboristas tienen a un tipo que va siempre con traje y corbata. Pero, ¿cuántas fotos hay de Starmer con la Union Jack? ¿Se ha reunido con suficientes veteranos de guerra? ¿Va bien vestido a los actos? En definitiva: ¿es lo suficientemente patriótico cómo para conseguir que la formación recupere el poder? En el Reino Unido, al igual que ocurre en España, el patriotismo también parece que vaya ligado a una estética determinada. Y la izquierda intenta ahora hacerla suya para presentarse como alternativa creíble de Gobierno.

El rotativo (de izquierdas) The Guardian ha sacado a la luz un documento interno del partido de la oposición, elaborado por la agencia Republic. La empresa de comunicación fue contratada el pasado mes de septiembre para medir la eficacia de la marca laborista entre los simpatizantes y las recomendaciones que hace ahora han mucho de sí: “Hay que usar más la bandera, aparecer junto a los veteranos de guerra, vestir de modo elegante en los actos institucionales (…) para dar a los votantes la sensación de que estamos alineados con los auténticos valores británicos (…) demostrar que no somos solo un partido para los estudiantes”.

Partamos de una base: Corbyn, republicano, enemigo de la austeridad, simpatizante de la causa palestina, valedor de la nacionalización de los ferrocarriles, el gas y la electricidad, nunca contó con el gran beneplácito entre sus propias filas cuando se convirtió en líder en 2015. Su gran giro a la izquierda radical y su ambigüedad ante el Brexit tampoco conquistó al electorado. Hubo un momento que encandiló a los estudiantes y fue aclamado cual 'rockstar' en los festivales. Pero nunca convenció al votante laborista tradicional. No era visto como “patriótico”.

Foto: Nicola Sturgeon. (Reuters)
Celia Maza (La Isla) Opinión

En diciembre de 2019, el laborismo (que lleva en la oposición desde 2010) cosechó sus peores resultados desde 1935. Pero lo más doloroso fue la pérdida del llamado “Muro Rojo”, donde determinados distritos pasaron a manos de los conservadores por primera vez desde la II Guerra Mundial.

La misión de Starmer, como nuevo líder del partido, es recuperar al votante desencantado. Pero, ¿la solución pasa por utilizar más la bandera, hacerse más fotos con veteranos de guerra e ir bien vestido a los actos institucionales? ¿Uno se convierte así en más patriótico? Y a todo esto, ¿quién puede definir el patriotismo?

“La bandera de la Unión representa el país que los laboristas quieren gobernar y del que Keir [Starmer] quiere ser primer ministro. Es un símbolo del país que queremos liderar. Puedes llamar a eso patriotismo, puedes llamarlo como quieras, pero eso es lo que defendemos”, contestó el portavoz del líder de la oposición cuando le preguntaron si el político iba a ponerse ahora a ondear la Union Jack. Aunque no dio más detalles, recaló que el documento filtrado a la prensa “ha sido elaborado por una agencia externa sobre el Partido Laborista”. “Las recomendaciones de ese informe son sus recomendaciones. No es correcto decir que se presentó como nuestra estrategia”, matiza.

Portavoz del líder laborista: "La bandera de la Unión representa el país que los laboristas quieren gobernar y del que Keir [Starmer] quiere ser primer ministro. Es un símbolo del país que queremos liderar".

Las palabras, sin embargo, no han servido para calmar la tormenta entre las propias filas. El diputado Clive Lewis, contrincante en las primarias del partido, señala que el “patriotismo impostado” no es la manera de recuperar la confianza de los votantes.

“La política es el arte de muchas cosas. Pero la persuasión y la conexión emocional con el electorado es, en última instancia, la diferencia entre poder y oposición. Es por eso que la 'autenticidad' es tan apreciada. Es por eso que intentar resumir la complejidad de la identidad nacional y el patriotismo en una abreviatura de 'valores de marca' no solo es peligroso sino contraproducente. Peligroso, porque el patriotismo tiene un lado que toca los aspectos más oscuros de nuestra humanidad (solo hay que mirar su relación con la brutalidad del imperio para comprender esto). Contraproducente, porque simplemente no habla de la realidad multifacética de nuestras vidas”, recalcaba en una tribuna publicada en The Guardian.

Foto: Diferentes productos alimenticios portados por camioneros británicos son incautados a su llegada a la Unión Europea. (Foto: EFE)
Celia Maza (La Isla) Opinión

Lo cierto es que el laborismo tiene un problema mucho más arraigado. Desde hace tiempo lleva buscando su identidad. Tras la época dorada del centrismo de Tony Blair se quiso volver a los orígenes. El giro a la izquierda comenzó con Ed Miliband en 2010, pero el tren acabó descarrilando con el volantazo de Jeremy Corbyn. Durante su nuevo mandato, Starmer ya ha demostrado que nada tiene que ver con su antecesor. Empezó bien. Muy bien. Sus interrogatorios —respetuosos, pero incisivos— al más puro estilo fiscal en la Cámara de los Comunes, descolocaban al 'premier' Boris Johnson. Y en los momentos más críticos de la pandemia ha sabido apoyar al Gobierno, pero presentado al mismo tiempo unas medidas que luego los 'tories' han tenido que ir aplicando a regañadientes.

Con todo, los sondeos vuelven a poner ahora a los conservadores en cabeza. En definitiva, Starmer no acaba de encontrar su “momentum”. Le falta aún definir un mensaje claro, reencontrarse con los suyos. Y para eso, necesita algo más que un patriotismo de banderas, trajes y fotos con veteranos.

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