Boris no puede perder la oportunidad de descentralización creada por la pandemia
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Celia Maza (La Isla)

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Boris no puede perder la oportunidad de descentralización creada por la pandemia

En el Reino Unido, desde la década de los 90, todo se ha centralizado en Londres. La capital es el centro de gravedad para cultura, política y economía. Y eso ha dejado de ser sostenible

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson, en el Parlamento (Reuters)
El primer ministro británico, Boris Johnson, en el Parlamento (Reuters)

El Parlamento del Reino Unido es uno de los pocos del mundo donde los diputados se sientan frente a frente, en lugar del típico diseño semicircular. Es reflejo de un complejo sistema electoral que prima el bipartidismo y las mayorías absolutas. Durante la pandemia, los escaños han estado vacíos y sus señorías han tenido que debatir y votar desde sus casas vía 'on line'. Lentamente se van levantando ahora las restricciones sociales. Sin embargo, la mayoría de los ciudadanos prefiere que sus representantes políticos sigan trabajando de manera virtual, según la encuesta realizada por John Smith Centre.

El electorado considera que el confinamiento ha sacado a los diputados de la 'burbuja de Westminster' y les ha hecho, al fin, estar realmente en contacto con los problemas locales. En definitiva, la pandemia ha forzado esa descentralización tan necesaria para reparar un país sumamente desequilibrado. Y ya no se trata de hablar de las diferencias entre Gales, Escocia o Irlanda del Norte, sino de las desigualdades que existen dentro de la propia Inglaterra.

Foto: Boris Johnson, el primer ministro británico, frente a un gigante muñeco hinchable que lo representa. (Reuters)

La mayoría de los países tienen grandes ciudades a las que, informalmente, se las considera como capitales de diferentes sectores. Mientras que Berlín es la capital política y cultural de Alemania, Frankfurt es su centro financiero. En Italia, Milán es la capital financiera e industrial frente a Roma, el corazón político. En los Estados Unidos, los centros de influencia están repartidos entre Nueva York, Los Ángeles y Washington. En España, Madrid y Barcelona son puntos estratégicos. Pero los sitios de costa también son claves para el turismo, pilar para la economía.

En el Reino Unido, sin embargo, la cultura, política, turismo, economía y finanzas... Absolutamente todo emana de un solo lugar: Londres. Con solo el 13% de la población nacional, la ciudad a orillas del Támesis es responsable del 23% del PIB británico.

Centro de gravedad

La capital se beneficia de un gasto público per cápita que, casi siempre, es más alto que cualquier otra región inglesa, particularmente en lo que respecta a la infraestructura de transporte. La red de transporte público de Londres no es ni mucho menos perfecta, pero es más eficaz y con tarifas mucho más asequibles (si se puede considerar asequible un billete sencillo de metro por 5 euros) que las ciudades y pueblos mucho menos prósperos de Midlands y el norte. Muchos defienden que la mejor manera de incrementar las oportunidades en estas zonas es mejorando su conexión con la capital. Pero esto es una idea sumamente errónea ya que el país acaba cayendo aún más en su centro de gravedad.

De nada sirve tampoco que, en teoría, todos los estudiantes tengan las mismas oportunidades para ir a la universidad, si luego la inmensa mayoría de los que consigue trabajo se quiere mudar a la capital. El talento tiene que diversificarse.

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(Reuters)

En este sentido, Westminster debe salir de su burbuja y cambiar el actual 'modus operandi', donde las decisiones políticas se toman desde-por-para- este epicentro. Todo se interpreta en función de las consecuencias que genera en la Cámara de los Comunes, cuando tendría que ser exactamente al revés. La Cámara de los Comunes tendría que pensar en las consecuencias de sus políticas para las distintas zonas del país.

Un ejemplo claro fueron las reciente `by-election´ de Hartlepool. Nadie habló de las políticas locales en juego de este distrito pesquero en la era posBrexit. La noticia fue que los conservadores habían arrebatado a los laboristas el escaño por primera vez desde la creación de esta circunscripción.

Muro rojo, muro olvidado

Tras conseguir la aplastante mayoría absoluta en los últimos comicios -en parte gracias al apoyo de los distritos del Muro Rojo del norte de Inglaterra, donde tradicionalmente se había votado por los laboristas-, Boris Johnson prometió que su gran cometido en esta legislatura sería el del “level- up”, es decir, descentralizar el país para “nivelar” las otras regiones que se han sentido abandonadas por el creciente éxito de Londres desde la década de 1990.

La propia BBC anunció en marzo que trasladará algunos de sus departamentos y personal clave fuera de Londres para conseguir que la corporación pública refleje más al Reino Unido en su conjunto. El nuevo director general, Tim Davie, señala que los planes “nos acercarán al público, crearán empleos e inversiones”. Ya durante la desescalada, por ejemplo, para hablar de la reapertura de los teatros, los periodistas no han retransmitido desde el famoso West End, sino desde otras ciudades como Birmingham.

Foto: Foto de archivo de la firma del acuerdo. (Reuters) Opinión

Por otra parte, por pura cuestión logística, durante el confinamiento, algunas empresas ya han comprobado que pueden seguir operando sin la necesidad de pagar alquiler de oficinas en Londres, que pueden ser de siete a nueve veces más altos que en otras áreas del Reino Unido. Ya antes de la era covid, algunas compañías se habían mudado a otras zonas del país, como HSBC, que trasladó su sede de banca minorista a Birmingham en 2017 o Amazon, que decidió trasladar su principal sede corporativa británica a Manchester en 2018.

Fuga de cerebros

Desde una perspectiva empresarial, una economía centralizada en la capital promueve la “fuga de cerebros” y empeora la calidad de vida. Después de todo, muchos londinenses tienen un menor poder adquisitivo, ya que, si bien el salario promedio es más alto, también lo son los costos de vida.

Asimismo, durante la pandemia, líderes locales como el alcalde de Manchester, el laborista Andy Burnam, han dejado claro que la gestión ante la crisis sanitaria ha puesto de relieve los límites de una respuesta centralizada, evidenciando la necesidad de una mayor devolución de competencias ya no solo a Gales, Escocia e Irlanda del Norte, sino también a las propias regiones inglesas, donde el virus no ha impactado de la misma manera que en Londres.

Foto: Provo (Utah). (Unsplash)

Cierto es que el sistema electoral británico no se basa en listas y los candidatos deben ganarse a pulso el escaño en cada una de las 650 circunscripciones en las que está dividido el país. En las sesiones de control al primer ministro de los miércoles se cuelan cuestiones sobre asuntos locales. Pero eso no evita que los parlamentarios vivan en su particular burbuja de Westminster. Y aunque sea ya solo por pura cuestión partidista, es imperativo que los líderes de las principales formaciones traten de convencer al electorado de las zonas más abandonadas del país que se preocupan por ellos.

Los conservadores necesitan mantener estos votos si quieren repetir la mayoría absoluta una vez se ha ejecutado ya el Brexit. Los laboristas necesitan recuperar la confianza del norte de Inglaterra si quieren volver a ser una oposición creíble. Y los Liberal Demócratas no volverán a ser la tercera fuerza política si siguen encasillados como el partido de los londinenses de clase media. Asimismo, el clamor por la independencia que promulga el SNP en Escocia (e incluso el Plaid Cymru en Gales) no se aplacará sin una agenda progresista que haga un esfuerzo real para abordar los problemas no solo de la capital, sino de todos los rincones del país.

En definitiva, aunque sea por puro populismo e interés personal de mantenerse en Downing Street, Johnson no puede permitirse perder la oportunidad para el “level-up”.

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