Boris y Joe: ¿de qué hablan dos católicos antes de la cumbre del G7?
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Celia Maza (La Isla)

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Boris y Joe: ¿de qué hablan dos católicos antes de la cumbre del G7?

Johnson, el primer inquilino católico de Downing Street, puede aprovechar su reciente 'reconversión' para estrechar lazos con Biden, el segundo presidente católico de EEUU

placeholder Foto: Joe y Boris. (Ilustración: Raquel Cano)
Joe y Boris. (Ilustración: Raquel Cano)

El que fuera primer ministro Tony Blair solo oficializó su conversión al catolicismo cuando abandonó Downing Street. Durante los diez años que duró su gobierno, sus asesores le aconsejaron no manifestarse sobre sus convicciones religiosas, por miedo a las consecuencias que esto supondría en un país anglicano a la hora de valorar las leyes de aborto o la guerra de Irak. “Mientras que en Estados Unidos y otros sitios se considera normal que los políticos hablen con sinceridad de su fe, si uno lo hace aquí, la gente va a pensar que está loco”, llegó a quejarse el que fuera líder laborista.

Con Boris Johnson, sin embargo, no se han tenido miramientos. El excéntrico político se acaba de convertir en el primer inquilino del Número 10 católico de la historia del Reino Unido, desde la Reforma anglicana de 1534. El líder 'tory', dos veces divorciado y padre de (al menos) seis hijos de tres mujeres distintas, ha contraído matrimonio con su prometida Carrie Symonds (24 años menor), en la Catedral de St. Paul. Lo ha hecho siguiendo los preceptos de la Iglesia de Roma, la misma con la que rompió Enrique VIII para poder casarse en segundas nupcias con Ana Bolena, buscando el ansiado heredero varón. Pero aquí no ha pasado nada. Con Boris esa es la tónica. Nunca pasa nada.

Foto: Carrie Symonds y Boris Johnson, en su boda. (Getty) Opinión

El periodista convertido en político ha escrito sobre africanos con “sonrisas de sandía”, ha llamado a los hombres homosexuales “bumboys con camisetas sin mangas”, ha comparado a las mujeres con burka con “buzones de correos” y ha recitado poemas de la era colonial mientras estaba en Mayanmar. Pero aquí no pasa nada. Al contrario. Lo que a un político convencional le destruiría la carrera, a Boris le otorga aún más poder.

Tras mentir en la campaña del Brexit, le convirtieron en líder del Partido Conservador. Tras derogar la actividad de Westminster (algo inaudito en una democracia), consiguió la mayor victoria electoral desde los tiempos de Thatcher. Y tras la última polémica por utilizar una donación al partido para pagar la costosa decoración de su apartamento en Downing Street, ha conseguido arrebatar a la oposición laborista el emblemático feudo de Hartlepool.

Maestro del oportunismo

El hecho de tener ahora un primer ministro católico en un país donde la monarca, Isabel II, no es solo la cabeza de Estado, sino también la máxima autoridad de la Iglesia Anglicana, sí tiene implicaciones constitucionales. Pero la clave no es esa, sino de qué manera puede sacar Boris -maestro del oportunismo- provecho de ello.

El 'premier' no es de ir a misa los domingos ni de leer la Biblia por las noches. Pero si la religión es ahora la mejor vía para acercar posturas con Joe Biden, el segundo presidente católico de la historia de Estados Unidos (el primero fue John F. Kennedy), bien sabe Dios que lo va a hacer.

Boris y Joe (de descendencia irlandesa) se verán esta semana por primera vez las caras antes de inicio de la cumbre del G7 en la localidad costera de Cornualles, donde el británico actúa como anfitrión. El primero -según cuentan algunos de sus amigos- suscribe más un sistema de moralidad precristiano, con una multitud de dioses y sin un conjunto claro de reglas. El segundo, siempre lleva consigo un rosario de su hijo fallecido y es de misa semanal.

Ahora bien, si Boris tiene que citar a San Francisco de Asís para estrechar lazos transatlánticos, pues se cita. Porque el objetivo primordial del Reino Unido de la era post Brexit es cerrar el ansiado acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.

Foto: Boris Johnson (Reuters)

El demócrata, no obstante, ya ha advertido que no habrá ninguna posibilidad de pacto si Londres no cumple con el Protocolo de Irlanda, recogido en el acuerdo de divorcio cerrado con Bruselas. La decisión unilateral del 'premier' de ampliar el periodo de gracia impuesto para los nuevos controles ha llevado a la UE a emprender acciones legales.

La frontera entre la República de Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte siempre fue el principal escollo de las negociaciones del Brexit porque nadie quería poner en peligro el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 que selló la ansiada paz precisamente entre católicos y protestantes. Estos últimos se sienten ahora profundamente traicionados por Boris al haber dejado a la provincia británica con un estatus diferente al del resto del Reino Unido. En realidad se trata de una cuestión política, no religiosa. Pero la fe del 'premier' puede ser ahora utilizado en su contra.

Foto: Una pancarta en el que se lee "No a la frontera dura" bajo un cartel de carretera en Irlanda del Norte. (Reuters)

Aunque, en honor a la verdad, la conversión no ha sido tal. El líder 'tory' siempre fue católico, religión que profesa su madre, la artista Charlotte Fawcett. Sin embargo, al estudiar en el elitista colegio de Eton, recibió con el resto de compañeros la confirmación anglicana. “Era algo convencional y Johnson es en muchos sentidos una persona completamente convencional”, señala el biógrafo Andrew Gimson.

Al haber contraído matrimonio previamente dos veces por la Iglesia Anglicana, la Iglesia de Roma considera los enlaces nulos. De ahí que Boris se haya podido casar con Carrie -madre de su último hijo- en la catedral católica de St. Paul. Aunque la versión oficial tampoco convence. Se habla de doble estándar y favoritismos. Siempre hubo clases.

Es complicado saber el papel que juega la religión en la vida del político. Es un tema del que apenas habla. En su círculo dicen que “no tiene un hueso religioso en su cuerpo” y que es más bien un “pagano”. Aunque en una reciente entrevista con The Atlantic, Boris señaló: “El cristianismo es un sistema ético excelente y me consideraría una especie de cristiano aunque muy, muy malo”, dijo. “Sin faltarle el respeto a ninguna otra religión, el cristianismo tiene mucho sentido para mí”.

Un católico en Downing Street

Ahora bien, ¿qué implica ahora tener formalmente un católico en Downing Street? La Iglesia Anglicana está muy presente en la política del Reino Unido. De los 790 asientos de la Cámara de los Lores, 26 están reservados a obispos y su voz y voto se tiene muy en cuenta a la hora de valorar las propuestas de ley que vienen de la Cámara Baja, conocida como la de los Comunes.

Técnicamente, el primer ministro asesora a la reina sobre los nombramientos. Aunque desde que Gordon Brown cambió las reglas en 2007, el Número 10 se limita más bien a pasar los nombres que hayan sido acordados por la Comisión de Nominaciones de la Corona.

El problema es que bajo la ley ancestral de 1829 (Roman Catholic Relief Act), “ninguna persona que profese la religión católica romana” puede asesorar al monarca en estos menesteres. Podría hacerlo un judío o incluso un musulmán. Pero nunca un católico. Quien la incumpla corre el riesgo de ser declarado “culpable de un delito menor y quedar incapacitado para siempre para ocupar cualquier cargo, civil o militar, bajo la Corona”.

Así que, por lo pronto, Downing Street ya ha anunciado que, a partir de ahora, en lugar del líder 'tory', será el 'lord Chancellor' Robert Buckland quien se encargará de esta cuestión. Los problemas futuros se irán viendo sobre la marcha. No es algo que a Boris le preocupe. Siempre ha sabido sacar beneficio del caos.

El que fuera primer ministro Tony Blair solo oficializó su conversión al catolicismo cuando abandonó Downing Street. Durante los diez años que duró su gobierno, sus asesores le aconsejaron no manifestarse sobre sus convicciones religiosas, por miedo a las consecuencias que esto supondría en un país anglicano a la hora de valorar las leyes de aborto o la guerra de Irak. “Mientras que en Estados Unidos y otros sitios se considera normal que los políticos hablen con sinceridad de su fe, si uno lo hace aquí, la gente va a pensar que está loco”, llegó a quejarse el que fuera líder laborista.

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