El affaire del ministro y la CCTV en la oficina: todos estamos siendo grabados
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Celia Maza (La Isla)

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El affaire del ministro y la CCTV en la oficina: todos estamos siendo grabados

La pillada con la amante es lo de menos. En plena era de hackers y ciberterrorismo, el ya ex titular de Sanidad del Reino Unido no sabía que tenía una cámara en su despacho

placeholder Foto: Trabajadores grabados por una cámara CCTV en la oficina (iStock)
Trabajadores grabados por una cámara CCTV en la oficina (iStock)

En la novela '1984' de George Orwell, una de las obras maestras del Siglo XX, el protagonista Winston Smith se retira al único rincón de su habitación que las cámaras de seguridad no pueden ver para poder romper las reglas. En 2021, Matt Hancock ha hecho exactamente lo contrario.

El ya exministro de Sanidad en el Reino Unido estaba en el punto de mira desde que comenzó la pandemia. Digamos que no le faltó ninguna casilla por rellenar: caos inicial de la gestión de la crisis, investigación por malversación de fondos públicos, utilización de email personal para asuntos gubernamentales y adjudicación de contratos, protagonista de mensajes privados donde Boris Johnson le llamaba "jodido inútil"

Sin embargo, lo que le ha obligado a dimitir es una grabación de 80 segundos donde se le ve besando a su asesora, Gina Coladangelo, dentro de su propia oficina. Johnson —con al menos seis hijos de tres mujeres distintas y varios 'affaires'— no va a obligar a ninguno de sus ministros a dejar su cargo por tener una amante. El problema es que Hancock ha sido pillado rompiendo las reglas de distanciamiento social y contratando con fondos públicos a una amiga de la universidad con la que luego ha resultado tener una relación personal.

Foto: El exministro de Sanidad británico, Matt Hancock. (EFE)

Pero, volviendo a las imágenes, ¿el ya exministro no era consciente de que tenía una CCTV en su oficina? ¿Westminster vive el Gran Hermano que describía Orwell en su novela y no lo sabe? Tras la publicación de las explícitas imágenes protagonizadas por Hancock se respira cierta inquietud en los pasillos del parlamento. Muchos se preguntan si existen también grabaciones suyas circulando ahora por las redacciones de los tabloides.

Lindsay Hoyle, el conocido como Mr. Speaker (el encargado de poner orden en la Cámara de los Comunes) ha escrito a todos los diputados para tranquilizarles: "Hay cientos de cámaras instaladas con fines de seguridad y protección contra incendios, pero las autoridades parlamentarias no han instalado ni instalarán CCTV en las oficinas". Por lo tanto, el departamento de Sanidad debe explicar ahora por qué no había detectado la clara brecha de seguridad cuando se mudó a sus nuevas oficinas hace dos años. Son propiedad de Ho Bee Land, con sede en Singapur, y fueron remodeladas por Wilmott Dixon Interiors en 2017.

No está muy claro si la cámara en cuestión estaba oculta dentro de un detector de humo o era visible. En su momento, Scotland Yard propuso reemplazarla con un "campo de visión limitado" para proteger la privacidad de los ministros. Y también advirtió que debía estar apuntando hacia la ventana y no la puerta. Pero el ministerio no siguió los consejos. Y de aquellos barros vienen ahora estos lodos. Las malas lenguas dicen que un funcionario "cansado de que Hancock se diera el lote mientras el resto están trabajando duro" está detrás de la filtración a The Sun.

placeholder El exprimer ministro de Sanidad, Matt Hancock, junto a su asesora Gina Coladangelo. (Reuters)
El exprimer ministro de Sanidad, Matt Hancock, junto a su asesora Gina Coladangelo. (Reuters)

Me van a perdonar ustedes, pero francamente el 'affaire' es lo de menos. Lo realmente preocupante es que en el siglo XXI de hackers y ciberterrorismo, el ministro al frente del mayor reto al que se han tenido que enfrentar los Gobiernos a ambos lados del Atlántico en tiempos de paz no fuera consciente de que tenía una CCTV grabando todos sus movimientos en su propia oficina.

El MI5 debe discutir ahora la filtración de las imágenes con la Oficina del Gabinete para establecer si se ha violado la Ley de Secretos Oficiales. De momento, el contenido de la grabación no parece que plantee problemas relacionados con la seguridad nacional, por lo que es poco probable que los servicios de inteligencia se involucren, a menos que hubiera una fuerte sospecha de una agenda política, un ciberataque o la participación de un estado hostil.

Hancock -al que Isabel II se refirió en su día como “pobre hombre”- ha sido rebautizado ahora por la oposición laborista como el “hombre más estúpido del mundo”. ¿Cómo es posible protagonizar una aventura frente a una cámara de circuito cerrado de televisión?

Foto: Matt Hancock, en la cuerda floja. (Getty)

Hemos perdido nuestra privacidad

Lo cierto es que a día de hoy todos somos grabados. Y ya hemos perdido la consciencia de ello. En 2015 -que en tecnología se puede considerar ya como la Edad de Piedra- la revista especializada 'Wired' ya informó que el británico promedio era capturado por 30 sistemas de CCTV al día. Según estimaciones de la industria, en 2020 había 5,2 millones de cámaras CCTV en el Reino Unido. Eso supone una por cada 13 habitantes, aunque obviamente es un porcentaje mucho más alto en las ciudades. Algunas son oficiales, algunas son privadas, algunas están en jardines buscando zorros y ladrones, o simplemente vigilando las flores.

Al principio, los ciudadanos se mostraban incómodos. "La obsesión de este Gobierno con las nuevas tecnologías de vigilancia intrusiva y la aparente indiferencia sobre nuestros derechos individuales ha demolido la antigua distinción entre culpa e inocencia", denunció en 2007 un desconocido Nick Clegg. Por aquel entonces era un joven portavoz de Interior de los Liberal Demócratas. Luego se convirtió en un prometedor líder de la formación. Ahora trabaja para Facebook, una compañía que ha instalado más de un millón de cámaras en los hogares estadounidenses.

Recientemente, el propio Hancock respaldó una campaña para hacer obligatorio el uso de CCTV en las residencias de ancianos para combatir la negligencia y el abuso. Hoy en día, cuando la policía investiga un delito, se da por hecho el rastreo de un video de CCTV. La última vez que se vio a Sarah Everard con vida —la joven secuestrada y asesinada por un agente de policía— fue a través de una de estas cámaras. Para la mayoría, la potencial intrusión se justifica ahora por cuestiones de seguridad.

Seguramente es demasiado tarde para que tengamos el debate sobre privacidad y CCTV que nunca nos molestamos en tener hace 20 años. Al fin y al cabo, estamos ya invadidos por nuestros propios ordenadores y teléfonos, las particulares Alexas que voluntariamente compramos para casa y la omnipresente tecnología de reconocimiento facial que nos evita estar recordando contraseñas. Es complicado encontrar ya un rincón seguro, como lo hizo el protagonista de la novela de George Orwell.

Respecto al departamento de Sanidad, la cámara sigue en la oficina. Pero ahora está cubierta con cinta. Es lo primero que le han dicho al nuevo ministro.

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