Boris y el arte de incumplir las promesas electorales para volver a ganar
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Celia Maza (La Isla)

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Boris y el arte de incumplir las promesas electorales para volver a ganar

El 'premier' sube los impuestos y revienta el candado de las pensiones. Viola así las dos grandes promesas de su manifiesto, pero tan solo se está asegurando un nuevo triunfo en las urnas

Foto: Boris Johnson, primer ministro británico, durante una visita a una academia de la British Gas. (Reuters)
Boris Johnson, primer ministro británico, durante una visita a una academia de la British Gas. (Reuters)

El sociólogo austriaco Rudolf Goldscheid dijo sabiamente que “los presupuestos generales son el esqueleto del Estado despojado de todas las ideologías engañosas”. Y, según este criterio, el Reino Unido va camino de convertirse en un servicio de salud con una economía adjunta. Para 2024-25, la sanidad representará el 44% del gasto diario en servicios públicos, en comparación con el 27% de hace 20 años. Para ello, Boris Johnson ha tenido que romper una de sus grandes promesas electorales.

El manifiesto con el que el líder 'tory' ganó en 2019 una apabullante mayoría absoluta rechazaba cualquier subida de impuestos. Pero el primer ministro —pandemia mediante— impondrá a partir del próximo año a cada trabajador una nueva tasa del 1,25% de sus ganancias destinado a la seguridad social. El paquete de 14.000 millones de euros anuales pretende sacar de la UCI tanto al NHS como al sistema de asistencia social.

Tabloides como 'The Sun' han caricaturizado al político mostrándole en un casino tirando unos dados con el titular “la mayor apuesta de BoJo”. Sin embargo, para el 'premier', el verdadero riesgo habría sido presentarse a las próximas elecciones generales con diez millones de personas sin recibir el tratamiento que necesita, listas de espera de un año para una operación y millones de dependientes teniendo que vender sus casas para poder acceder a las ayudas.

Foto: Johnson en una escuela de Londres. (Reuters)

Y la cosa no queda ahí. Johnson también ha reventado —aunque sea provisionalmente, solo por un año— el triple candado que los conservadores habían impuesto a las pensiones. En la última década, estas pagas habían subido al ritmo del IPC, los ingresos medios o un mínimo del 2,5%. Cualquiera que fuera la cifra más alta. Pero el líder 'tory' también incumple ahora otra de los puntos clave de su programa electoral.

Ante la excepcional situación del último año con el coronavirus, los salarios se han recuperado drásticamente tras la relajación de restricciones sociales, con subidas de un 8,8%. Aumentar la pensión estatal en consonancia supondría al Ejecutivo 8.000 millones de libras adicionales. Y con la mayor deuda acumulada desde 1962 (representa ya un 106% del PIB), los números no salen.

La cuestión es que el inquilino de Downing Street no quiere que su único legado sea el Brexit. Y en este sentido, los últimos anuncios representan la máxima expresión de lo que se ha convertido su liderazgo. Boris quiere hacer grandes cosas, cualesquiera que sean las consecuencias para la reputación de su partido en lo que se refiere a disciplina fiscal. Él quiere que la reforma del sistema sanitario y social lleve su firma. Continúa además con el truco que viene realizando —con éxito— durante los últimos años, el cual consiste en secuestrar temas tradicionalmente considerados como propios de la oposición laborista. Y, por si a alguien le quedaba la más mínima duda, refleja que el suyo es un gobierno casi presidencial donde la aportación del Gabinete es poca, por no decir nula.

Foto: Boris Johnson, durante su visita a Escocia. (Reuters) Opinión

O, al menos, esa era la fórmula que había existido hasta este miércoles, cuando ha llevado a cabo la gran reestructuración de su Ejecutivo. Hasta ahora, Boris ha ido más bien por libre, sin tener en consideración la opinión de sus ministros. Él soltaba las bombas y luego el resto se tenía que adaptar. No se puede decir que fuera una técnica que agradara a los suyos. Pero todos eran conscientes que se avecinaban cambios y nadie quería criticar en público los nuevos impuestos por miedo a perder la codiciada cartera.

Durante la pandemia, existió un “escuadrón” para dirigir las operaciones. Pero hace tiempo que había quedado desmantelado. La imagen de Dominic Raab, responsable de Exteriores y en su día figura al alza dentro del Partido Conservador, había quedado manchada por su catastrófica respuesta inicial ante la crisis de Afganistán. Su salida este miércoles se daba más que por hecha.

Matt Hancock, de Sanidad, tuvo que dimitir tras ser pillado rompiendo las reglas de distancia social con su amante. Y de Michael Gove, que a efectos prácticos era vice primer ministro, dicen que está aburrido y que tras su divorcio atraviesa una crisis existencial. El único que queda en pie es Rishi Sunak, al frente del Tesoro y, según las encuestas, el favorito para suceder al primer ministro. Es el único con el que Johnson ha consultado las últimas medidas. El pasado jueves, ambos pidieron comida india en Downing Street y debatieron hasta altas horas de la madrugada cómo podrían explicar el plan a los ciudadanos.

placeholder El primer ministro británico, Boris Johnson (der.), seguido por Rishi Sunak, secretario del Tesoro. (EFE)
El primer ministro británico, Boris Johnson (der.), seguido por Rishi Sunak, secretario del Tesoro. (EFE)

En realidad, con la jugada maestra Johnson también ha demostrado quién sigue teniendo el poder. Cuando en el año 2000, el entonces primer ministro Tony Blair anunció que su Gobierno aumentaría el gasto en sanidad, su ministro de Economía, Gordon Brown (que acabó sucediéndole en el cargo), entró en cólera: “Me ha robado mi maldito presupuesto”. Pues lo mismo pasa ahora.

Sunak tiene que presentar el próximo mes los presupuestos generales, pero su propio equipo admite que tiene las manos atadas. El Tesoro ha exigido “ahorros por eficiencia” (es decir, recortes) del 5% en todas las demás carteras. Y no hay mucho más espacio de maniobra.

En definitiva, Boris lo ha vuelto a hacer. Resurge cual ave fénix de sus cenizas. Después de más de 100 sondeos consecutivos sacando ventaja a los laboristas, la oposición encabeza ahora el primer puesto en intención de voto. Pero es tan solo un espejismo. Keir Starmer no termina de despegar y los laboristas no le encuentran sustituto. Por su parte, Johnson está más fuerte que nunca, sin nadie que le rechiste entre sus filas. Con el arte de incumplir sus promesas electorales, tan solo se está asegurando un nuevo triunfo en las urnas.

El sociólogo austriaco Rudolf Goldscheid dijo sabiamente que “los presupuestos generales son el esqueleto del Estado despojado de todas las ideologías engañosas”. Y, según este criterio, el Reino Unido va camino de convertirse en un servicio de salud con una economía adjunta. Para 2024-25, la sanidad representará el 44% del gasto diario en servicios públicos, en comparación con el 27% de hace 20 años. Para ello, Boris Johnson ha tenido que romper una de sus grandes promesas electorales.

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