¿Puede un asesinato cambiar la democracia de UK? Señorías, no me quiten mi diputado
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Celia Maza (La Isla)

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¿Puede un asesinato cambiar la democracia de UK? Señorías, no me quiten mi diputado

El sistema electoral británico permite un contacto directo con los parlamentarios del distrito. Muchos diputados piden cambios por su seguridad tras el asesinato de David Amess

Foto: Tributo al diputado británico asesinado, David Amess. (Reuters)
Tributo al diputado británico asesinado, David Amess. (Reuters)

Cada año, mi barrio celebra en el mes de septiembre una fiesta para conmemorar el gran triunfo que supuso cerrar al tráfico una pequeña bocacalle para convertirla en peatonal. Yo ni siquiera había llegado entonces al vecindario, pero siempre me cuentan que fue un gran logro para la comunidad. Así que, llueva o haga sol (suele ser más habitual la primera opción, para qué engañarnos), al terminar el verano, la calle se decora con banderines de colores, se comen 'cupcakes' con té y se realiza una pequeña competición para las mascotas. El 'juez' es el diputado del distrito.

La fiesta reúne a poco más de 50 personas. El barrio representa solo una pequeña porción de toda la circunscripción. Pero ahí está el parlamentario que nos representa en la Cámara de los Comunes, pasando la mañana del domingo charlando con unos y otros y animando a los perros para que no se salgan del circuito realizado por los niños con trozos de cartulina. Es una de las cosas que me sigue maravillando de este país.

Foto: El diputado británico, David Amess, en 2019. (Alamy)

El sistema electoral británico —el llamado 'First Past the Post' (Traducido como 'el primero que llega a la meta gana')— no es ni mucho menos perfecto. Siempre crea intensos debates durante las campañas, ya que, debido a sus peculiaridades, el partido más votado no siempre es el que consigue más escaños. Pero los parlamentarios son elegidos por distrito, no por lista, y eso lleva a un trato mucho más directo con los parroquianos.

Sus señorías trasladan sus intereses locales en Westminster, enfrentándose, si es necesario, con las directrices de su partido. Conocen de primera mano las preocupaciones de los vecinos porque, aproximadamente, cada dos semanas se celebran las llamadas 'surgeries', encuentros de tú a tú, que tienen lugar en las salas cedidas por las iglesias del barrio, bibliotecas o el 'pub', cuyo origen no deja de ser “una casa para el público”. Sencillamente maravilloso.

Ahora, sin embargo, todo podría cambiar tras el asesinato de David Amess. Murió el pasado viernes tras ser apuñalado por Ali Harbi Ali, un británico de 25 años de ascendencia somalí, que se radicalizó viendo vídeos en internet durante el confinamiento. Había sido referido hace tiempo al programa de prevención antiterrorista, pero nunca llegó a estar bajo el radar del MI5. Se trata del segundo asesinato a un parlamentario en cinco años en el Reino Unido, un país al que han atestado una puñalada al propio sistema democrático.

Foto: Tributo floral en la escena del crimen en Leigh-on-Sea, Reino Unido. (EFE)

Numerosos diputados —entre ellos Tobias Elwood, quien acudió en ayuda de un oficial de policía apuñalado durante un ataque terrorista en Westminster en 2017— piden que, al menos temporalmente, se cancelen las 'surgeries' para sustituirlas por reuniones por Zoom. Tienen miedo. Y nos les culpo. Los servicios secretos ya han advertido de la posibilidad de nuevos ataques de “lobos solitarios”. Y este mismo lunes un hombre de 76 años era detenido en relación con una amenaza de muerte al diputado laborista británico Chris Bryant.

A los parlamentarios se les costean los gastos para que instalen medidas de seguridad en sus casas, como alarmas, persianas especiales o botones del pánico. Tras el asesinato de la laborista Jo Cox en plena campaña del referéndum del Brexit en 2016 a manos de un militante de extrema derecha, este gasto aumentó en tan solo dos años de 170.576 libras a 4,5 millones de libras.

Son muchos los diputados que han denunciado haber sido objeto de amenazas. Como el ministro de Justicia, Dominic Raab, que en los últimos dos años ha recibido tres contra su vida. La más reciente, de alguien que quería rociarle con ácido. El portavoz del Interior de la oposición laborista, Nick Thomas-Symonods, asegura que no conoce a ningún colega “que no haya sufrido amenazas de alguna manera”.

Foto: Una protesta del G7 este junio. El primero a la derecha, Boris Johnson. (Reuters) Opinión

Pero, sus señorías, yo les pido que no nos dejen sin ese té cada mes de septiembre en la fiesta de barrio, sin esa reunión en el 'pub' para mostrar las preocupaciones ante los actuales problemas de suministro, sin esa cita en la biblioteca local donde se recordó que la entrada de minusválidos para el centro de salud aún no había sido arreglada… No nos dejen. No se alejen. No se aíslen en burbujas. No actúen únicamente pensando en listas.

No dejen que nos atemoricen. Tras cubrir los atentados tan seguidos de aquel 2017 tan oscuro, yo fui la primera que durante un tiempo quería evitar a toda costa pasar por Westminster y agilizaba el paso si debía cruzar cualquier puente donde un coche pudiera empezar a atropellar a todo aquel que encontrara a su paso. Pero no permitan que nos cambien. No permitan que les cambien. Porque el corazón de la democracia, al fin y al cabo, es esa reunión.

Sé que es muy fácil pedirlo cuando no es tu pareja, tu madre o tu hermano quien está constantemente expuesto al público. Si fuera el caso, quizá tuviera otro discurso. O quizá no. Tras el asesinato de Amess, muchos parlamentarios han decidido seguir adelante con las 'surgeries' previstas esta semana como símbolo de reivindicación. 'Business as usual'.

La ministra del Interior, Priti Patel, ha anunciado que se están estudiando otra gama de “propuestas prácticas” para aumentar la seguridad, que también pasan por actuar ante cuentas anónimas de redes sociales y prevenir contra los “discursos del odio” que tan fácil calan en jóvenes y no tan jóvenes. Pero enfatiza que la acción debe ser “proporcional al riesgo” y que los parlamentarios deben seguir siendo “accesibles”. “Es parte de lo que somos”, señala.

Los ataques no son nuevos. En 2010, el diputado laborista, Stephen Timms, fue apuñalado dos veces durante un encuentro con los vecinos de su distrito por Roshonara Choudhry, una extremista islámica cuyo objetivo era encontrar “venganza” por las muertes que provocó la intervención militar en Irak en 2003. Afortunadamente, logró salvar su vida. En 2000, Andrew Pennington, asistente del diputado liberal demócrata Nigel Jones, fue asesinado a puñaladas mientras intentaba proteger al parlamentario de un atacante que sufría esquizofrenia que irrumpió en su oficina electoral armado con una espada.

Sus señorías, entiendo sus miedos, completamente justificados. Comparto sus preocupaciones. Y alabo su servicio al público. Pero les pido que no nos dejen sin ese té, sin ese contacto directo. En definitiva, no permitan que atesten una puñalada al propio sistema democrático.

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