Guerra comercial UK-UE: si al menos nos dejaran tranquilos esta Navidad
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Celia Maza (La Isla)

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Guerra comercial UK-UE: si al menos nos dejaran tranquilos esta Navidad

Pese a que Londres ha cambiado el tono, sin milagro que lo remedie, el gobierno británico sigue decidido a activar el botón rojo para suspender el 'santo grial' del acuerdo del Brexit

Foto: Un cartel en el que se lee "Irlanda del Norte es británica, no a la frontera interna en Reino Unido" cuelga de una farola en Larne, Irlanda del Norte. (Reuters/Clodagh Kilcoyne)
Un cartel en el que se lee "Irlanda del Norte es británica, no a la frontera interna en Reino Unido" cuelga de una farola en Larne, Irlanda del Norte. (Reuters/Clodagh Kilcoyne)

Si algo ha dejado claro Boris Johnson a lo largo de su carrera es que no es un político en el que se pueda confiar demasiado. Por lo tanto, permítanme que ponga en duda las buenas intenciones que su Gobierno muestra ahora ante las renegociaciones con Bruselas respecto al Protocolo de Irlanda.

Recientemente, el ministro del Brexit, David Frost, había pedido “amablemente a nuestros amigos europeos” que muestren “calma y actúen de forma proporcionada” si Londres activa el artículo 16 para suspender el 'santo grial' del acuerdo de divorcio. Sin embargo, el pasado viernes, en su última reunión con Maros Sefcociv, vicepresidente de la Comisión Europea, decidió bajar el tono, mostrando una actitud conciliadora.

La disputa continúa, pero, sencillamente, a Downing Street le convenía en ese momento mantenerla en un perfil bajo. El mundo entero estaba pendiente ese día del Reino Unido, esperando el acuerdo final de la COP26. Y a nivel interno, Boris no está en su mejor momento de popularidad en las encuestas que tanto le obsesionan por el escándalo sobre corrupción en Westminster.

Sin embargo, eso no significa —ni mucho menos— que el 'premier' se esté planteando cumplir con lo que firmó a finales de 2019 con la UE. Desde el principio, no ha tenido intención alguna de acatar los nuevos controles aduaneros que hay que aplicar en Irlanda del Norte después de que el acuerdo del Brexit dejara a la provincia británica con un estatus distinto al del resto del Reino Unido.

La UE propone ahora reducir hasta en un 80% estos controles, pero esto para Londres no es suficiente. Este viernes, Frost y Sefcociv vuelven a verse las caras. Sin embargo, a menos que se produzca un milagro navideño, todo apunta a que el Ejecutivo británico acabará pulsando el botón rojo. La pregunta, por tanto, es cuándo y en qué medida. Porque la mecánica en sí no es controvertida. La decisión difícil es cómo de lejos se quiere llegar.

La activación del artículo 16 —que ambas partes pueden realizar mientras avisen con un mes de antelación— podría implicar desde la implementación de algunos ajustes hasta la ruptura total de los acuerdos existentes. Y una cosa es la imposición de restricciones limitadas y sanciones específicas y otra muy distinta una guerra comercial a gran escala entre el Reino Unido y la UE que podría socavar la recuperación económica poscovid de ambos bandos con consecuencias muy directas para los ciudadanos.

Foto: El puente de Westminster en Londres. (Reuters/Peter Nicholls) Opinión

Desde luego, la falta de confianza que existe en estos momentos no ayuda. Y, por si fuera poco, las dos partes de este posible conflicto están sometidas a fuertes presiones internas. En el Reino Unido, el líder del DUP, el principal partido unionista norirlandés, advierte que si no hay cambios podría retirar su apoyo. Con las elecciones en la provincia británica previstas para mayo de 2022, aumenta la urgencia para tomar medidas lo antes posible.

En el caso de la UE, la próxima primavera también están programadas las elecciones presidenciales de Francia. Y no cabe duda de que Emmanuel Macron —que está inmerso además en guerra paralela con Boris Johnson respecto a las nuevas licencias pesqueras— no está dispuesto a realizar ninguna concesión. Es más, Londres ya está culpando a Francia de estar “castigándoles por el Brexit” con la crisis migratoria que se está viviendo estos días en el Canal de la Mancha, donde, pese a las inclemencias meteorológicas, están llegando un número récord de inmigrantes indocumentados hasta las costas británicas.

Nadie sabe a día de hoy qué ocurrirá realmente si alguna de las dos partes activa el gatillo. Por mucho que los 'brexiteers' piensen que todo el mundo se pondría a cantar la patriótica 'Rule, Britannia!', lo cierto es que no hay precedentes. Es un proceso único que debería resolverse sobre la marcha, en línea con la tónica general que se viene aplicando desde que los británicos votaron por el divorcio.

Foto: Maros Sefcovic, vicepresidente de la Comisión Europea, durante la rueda de prensa posterior a su encuentro con Frost. (EFE/Mayo)

Lo importante es entender que activar el artículo 16 es iniciar un proceso de disputa. No se trata de un choque único, sino el comienzo de muchos. En teoría, el proceso daría lugar a un mes de intensas conversaciones técnicas para intentar resolver la crisis. Si eso no funciona, probablemente habrá una reunión de emergencia de los líderes de la UE para llevar la decisión a los mandatarios, no solo a la Comisión Europea.

Si el Reino Unido no obtuviera lo que quiere (que es, en esencia, un Brexit a medida) el asunto podría terminar en el Tribunal de Justicia de la UE. Técnicamente, el proceso del artículo 16 en sí mismo no depende directamente de la corte europea, pero si, como se teme, el argumento desemboca en una disputa más amplia sobre la aplicación de la legislación de la UE, entonces este tribunal acabaría siendo el árbitro final. Lo irónico del asunto es que, en su intento por intentar reducir la influencia de la Corte Europea en la provincia de Irlanda del Norte, Downing Street podría terminar de confirmar su influencia.

Ahora bien, ¿cuándo estaría Londres dispuesto a mover ficha? Se habla mucho de finales de noviembre o principios de diciembre como posible fecha. Aunque es posible que, sin la presión del final de periodo de transición, estas navidades podrían ser más tranquilas que las anteriores. Me atrevo a hablar en nombre de los periodistas y negociadores: si este año, sus señorías, nos dejan tranquilos al menos el 24, 25 y 31 de diciembre, sería todo un detalle. Aunque todo puede pasar teniendo en cuenta que, aun sin aplicar todos los controles aduaneros que deberían haberse activado en Irlanda del Norte tras el Brexit, ya hay advertencias sobre escasez de medicamentos, dificultades para traslado de mascotas y problemas por la venta de carnes refrigeradas, la famosa “guerra de las salchichas”.

El Gobierno de Boris estaría preparando una normativa de urgencia a fin de evitar controles navideños en el comercio interno entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

En este sentido, según la prensa británica, el Gobierno de Boris estaría preparando una normativa de urgencia a fin de evitar controles de cara a navidad en el comercio interno entre Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Asimismo, estaría también considerando salir de los programas de ciencia e investigación de la UE (que aún permiten a los investigadores británicos trabajar con sus colegas comunitarios), adelantándose así a las posibles represalias de Bruselas.

En definitiva, a menos de que haya milagro de última hora —todo podría pasar— estamos cerca de embarcarnos en un nuevo episodio de la telenovela Brexit que ni los propios guionistas saben aún como va a terminar. No estaría de más que, al menos por una ocasión, tuviera final feliz. Más que nada porque en plena recuperación de una pandemia que aún no ha terminado, una crisis de suministro de gas que aumenta las facturas en plena inflación y problemas ante la falta de mano de obra, igual a los ciudadanos no nos viene especialmente bien ahora una guerra comercial.

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