Los especuladores del ajo

¿Para qué invertir en la bolsa de Shanghai pudiendo llenar un camión de ajos? Es el razonamiento al que han llegado miles de chinos, especialmente en

¿Para qué invertir en la bolsa de Shanghai pudiendo llenar un camión de ajos? Es el razonamiento al que han llegado miles de chinos, especialmente en las zonas rurales, donde la especulación ajera está amasando auténticas fortunas. Y es que si en octubre del año pasado los campesinos llegaron a malvender el kilo a 0,15 yuanes (0,045 euros), hoy se está pagando a casi 8 yuanes (0,76 euros). En el condado de Jinxiang, donde se encuentran las mayores plantaciones de ajo del mundo, miles de campesinos y empresarios lo celebran.

La prensa local ha recogido en las últimas semanas varias historias de inversores (grandes, medianos y pequeños) que consiguieron márgenes inverosímiles de beneficio gracias al preciado condimento. Por ejemplo la de Shao Mingqing, un tipo de 22 años que no encontraba trabajo, pidió prestados 500 euros y se lanzó a la compra y venta de ajo. Un año después, pasea a su madre por el pueblo en un Toyota recién estrenado y está planeando comprarse una casa.

Pero no se trata sólo de buscavidas aislados. Muchos magnates, como los propietarios de las rentables minas de carbón la de región o de las grandes constructoras, están entrando en el mercado del ajo, especulando y acumulando grandes reservas. “Lo que hacen es almacenar todo el ajo que pueden y subir el precio. Moviendo cabezas de ajo de un almacén a otro hay gente que ha hecho ya millones de dólares”, explica Jerry Lou, analista de Morgan Stanley en China.

El mercado del ajo en China, iluminan los expertos, ha sido siempre muy volátil, con grandes fluctuaciones. Con todo, nunca se habían alcanzado picos como el actual. Un posible motivo es la creencia extendida de que el ajo inmuniza contra la gripe A, algo que no sostiene ningún estudio científico, pero que muchos chinos creen a pies juntillas. Hasta el punto de que se han llegado a distribuir miles de cabezas de ajo en varios colegios e institutos.

La medicina tradicional china atribuye a todos los alimentos propiedades curativas o tóxicas. Las enfermedades y sus remedios, dicen, depende de lo que comes. Así, cualquier ciudadano de a pie tiene sus propias normas sobre qué comer en cada momento, poniendo incluso atención a la temperatura, la textura y recipientes de lo que se ingiere. Ante el espantajo de la 'gripe A' se ha impuesto la teoría del ajo, haciendo subir los precios pero cargando, también, la atmósfera en el metro de Pekín.

Sea como sea, la voracidad por el ajo ha superado incluso a la del oro, convirtiendo el bulbo de la liliácea en el activo de moda en el gigante asiático. China es, por cierto, el primer productor de ajo del mundo. También el primer consumidor, una afición que las autoridades de Pekín intentaron limitar el año pasado de cara a los Juegos Olímpicos, prohibiendo a los taxistas masticar cabezas crudas para no asustar a los turistas.

Los diarios económicos advierten que la cosa se está sobrecalentando y anuncian el estallido de la “burbuja del ajo” en breve. Esperemos que no salpique.

Historias de Asia
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
9 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios