No diga "Plan Marshall para Europa"

El público bruselense se rasca la cabeza y la ladea. ¿"Plan Marshall para Europa"? ¿A quién se le puede haber ocurrido eso?

Foto: Trabajos de reconstrucción en Berlín durante la posguerra financiados con el plan Marshall.
Trabajos de reconstrucción en Berlín durante la posguerra financiados con el plan Marshall.

Hay una expresión que genera más bostezos en Bruselas que cualquier larga discusión sobre cuotas lecheras, la reforma de la Eurozona o los detalles sobre una nueva e indescifrable regulación: "Plan Marshall para Europa". Pereza absoluta. Uno de los principales defensores de este término es Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno. Tras anunciarse un acuerdo histórico en la Unión Europea para la emisión de deuda conjunta por valor de 750.000 millones de euros para financiar la recuperación económica, bingo, Sánchez subrayó la importancia del "Plan Marshall" para Europa.

El público bruselense se rasca la cabeza y la ladea. ¿"Plan Marshall para Europa"? ¿A quién se le puede haber ocurrido eso? ¿Pretenden que con ese nombre podamos llegar al corazón y las cabezas de los ciudadanos europeos? No pueden entender que se le ponga un nombre así a un proyecto tan importante. Sería mucho mejor llamarlo PERRPEFB (Plan Europeo para la Reforma y el Relanzamiento del Proyecto Europeo y un Futuro Brillante). No crean que exagero: la que seguramente es la norma europea más relevante y más beneficiosa para los ciudadanos comunitarios en los últimos años, la que da a sus datos un nivel de protección sin parangón en el resto del mundo, decidieron llamarla GDPR. Un buen miembro de la burbuja bruselense, que dedica el 95% de sus interacciones sociales a demostrar que no existen los "eurócratas", no desperdicia una buena oportunidad de nombrar algo de forma que nadie fuera de Bruselas lo entienda.

Esta vez no se ha ido tan lejos y se ha bautizado el nuevo salto adelante en la integración europea con un nombre torpe del que nadie se acordará: "NextGenerationEU". La afición que hay en la burbuja europea por las siglas y los nombres extraños merece un espacio distinto. La realidad es que ambos extremos demuestran una falta de originalidad enorme. El consuelo es que al menos no se ha extendido demasiado el perezoso y aburridísimo "Plan Marshall para Europa" que tanto ha usado Sánchez para referirse al gran acuerdo alcanzado en el Consejo Europeo.

Esa etiqueta, en referencia al plan americano para la reconstrucción económica europea tras la Segunda Guerra Mundial, y que forma parte de una tendencia de continua referencia a elementos de la construcción americana o del pasado de las relaciones transatlánticas, más allá de que pueda tener un objetivo didáctico a la hora de explicar el paso que se ha dado, muestra por otro lado una Europa cansada, falta de ideas, necesitada de mirarse en otro espejo para explicarse a sí misma. Y la realidad es que no es necesario.

Banderas europeas frente a un mural en la capital comunitaria. (Reuters)
Banderas europeas frente a un mural en la capital comunitaria. (Reuters)

En la Unión Europea pasamos demasiado tiempo buscando paralelismos. Pensando en si esta emisión de deuda, además de ser un plan Marshall, puede ser un "momento hamiltoniano", es decir, si es comparable con el paso dado por Alexander Hamilton cuando logró mutualizar la deuda de las 13 colonias de los recién nacidos Estados Unidos.

Europa no es Estados Unidos y lo más seguro es que nunca lo sea. No, seguramente esto no sea un salto "hamiltoniano" y no, esto no es un Plan Marshall, y, especialmente este segundo punto, debería ser un motivo de celebración: no hay ningún país tercero regando de dinero el Viejo y cansado continente, sino que los Veintisiete se han puesto de acuerdo para ayudarse entre ellos, y eso es mucho más que un Plan Marshall. ¿Por qué desaprovechar la oportunidad de construir Europa también en el campo de las ideas vinculando un plan que representa la solidaridad y el compromiso europeo a un proyecto no europeo de hace setenta años?

Y un paso positivo sería explicarlo sin complejo de inferioridad: hay suficiente material en Europa como para evitar buscar el marketing al otro lado del Atlántico. ¿No hay un nombre mejor que un "Plan Marshall para Europa"? Como primera explicación puede valer, ¿pero no hay uno mejor? ¿No puede ser un "Plan Monnet", "Plan Adenauer" o "Plan Veil"? Y se podrían añadir muchísimos nombres más. ¿Los líderes europeos tienen que recurrir siempre, arrastrando los pies con pereza, a las referencias estadounidenses para darle algo de glamour innecesario a medidas importantes? Puede entenderse que se haga esa operación de maquillaje cuando hay un acuerdo mediocre o malo, ¿pero ahora también?

Esa necesidad de establecer comparaciones es reflejo una falta de confianza en el atractivo propio del proyecto europeo. La UE juega con los paralelismos con Estados Unidos para suplir esa ausencia de autoestima. Hace poco 'The Economist' titulaba la "doctrina Sinatra" la manera en la que la Unión Europea buscaba afrontar el reto de China. Y en cierto modo ahí está la principal referencia cultural que Europa debería asumir de la cultura norteamericana, debería aferrarse al "My Way" de Frank Sinatra. Hacerlo a su manera.

Hubo un tiempo pasado en el que el modelo americano parecía netamente mejor al europeo. Pero la Unión, con enormes defectos en muchos campos, ha defendido muy bien su caso. La pandemia ha sido una demostración más de que el modelo social y el estado del bienestar europeo han sido fortalezas clave ante una crisis sanitaria que ha golpeado duramente a Europa pero que podría estar siendo muchísimo peor. Puede que sea hora de empezar a creerse el camino europeo. Y para eso, en cuanto a comunicación, hacen falta ideas y discursos que no hagan parecer Europa a una sucursal barata de los Estados Unidos.

La capital
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