Europa no es un salvavidas
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Nacho Alarcón

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Europa no es un salvavidas

España acostumbra a usar a la UE como un salvavidas, profundizando en la infantilización de la política y dejando a la vista de todos la falta de una visión europea en el país

placeholder Foto: Dos personas caminan frente a la representación de la Comisión Europea en Berlín. (Reuters)
Dos personas caminan frente a la representación de la Comisión Europea en Berlín. (Reuters)

La cuestión de qué es Europa tiene respuestas muy diversas dependiendo de en qué Estado miembro se pregunta. Y tras esas respuestas, que no siempre son sinceras, se suele filtrar la visión real del proyecto europeo. En el caso español cualquier descripción de qué es Europa para nuestro país acaban llevando siempre a algo que se encuentra entre una excusa y un salvavidas. O ambas.

Lo estamos viendo de forma nítida estos últimos meses. Para el Gobierno de Pedro Sánchez el Fondo de Recuperación es el maná que alimentará la economía española y evitará durante unos cuantos años más las reformas dolorosas. Una oportunidad perfecta para esquivar unos cuantos ejercicios más las decisiones difíciles. El Ejecutivo lo vende como el salvavidas que garantiza el futuro. Quizás algunos ciudadanos no sean ingenuos, y sepan que eso no garantiza nada. Se equivocan: no es un flotador para los ciudadanos, es para el Gobierno. También se trata de una excusa: el Ejecutivo usa a Europa como pretexto para lo que le interesa, y en algunas ocasiones de forma absurda.

Un ejemplo: el jueves el presidente evitó defender la prórroga del estado de alarma ante el Congreso de los Diputados debido a que se celebraba también una videollamada de líderes europeos sobre la respuesta del coronavirus. El problema es que el debate en el Parlamento comenzaba a las 9:00, y la videoconferencia con sus homólogos comunitarios a las 18:30, nueve horas y media después. Completamente dispuesto a esquivar en la medida de lo posible el escrutinio parlamentario, Sánchez podría haber utilizado cualquier excusa, pero qué mejor, cuál más creíble e irrefutable, que Europa, aunque no haya ninguna necesidad de utilizarla para hacer pellas.

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Sánchez entra en el edificio del Consejo Europeo en la última cumbre presencial. (Reuters)

En otras ocasiones se usa como excusa de una manera mucho más turbia y sombría. El informe sobre el Estado de Derecho en la UE en 2020, elaborado por la Comisión Europea y en el que se urgía a la renovación del Consejo del Poder Judicial (CGPJ), fue utilizado por el Gobierno como excusa para proponer una reforma que aumentaba de manera considerable el ya excesivo control político sobre el órgano de gobierno de los jueces. De nuevo, Europa como excusa. Eso sí, desde el Ejecutivo olvidaron señalar que en ese mismo informe se señala que el Consejo de Europa (no es una institución de la UE) pide que al menos la mitad de los miembros del órgano sean escogidos por jueces. Pero qué más da lo que diga en realidad, solamente importa que parezca que tiene el sello europeo. También olvidaron explicar a los ciudadanos europeos que el pulso por el estado de derecho y por la protección de la independencia judicial es hoy el principal terreno de juego en el que Europa se juega su futuro.

La instrumentalización torpe de Europa, o su uso a modo de salvavidas, no es algo exclusivo del Gobierno. La oposición también está participando en ese juego, aunque de forma diferente. Suele hacer llamamientos a la UE como una especie de “tutora” para una España infantil e inmadura que requiere de un control por parte de los adultos de la casa. Esa actitud lleva en ocasiones a una dejación de funciones. Incapaz de hacer oposición donde hay que hacerla y con los instrumentos de los que dispone, o considerando que no es suficiente, se decide utilizar a la UE en ese ejercicio.

Foto: El primer ministro holandés, Mark Rutte y Pedro Sánchez. (EFE)

Un ejemplo reciente lo tenemos en el estado de alarma de seis meses. El líder de la oposición, Pablo Casado, ha dicho que llevará el asunto a las instancias europeas. No es el lugar en el que hay que pelearlo y él lo sabe. El líder de la oposición debe hacerlo en el Parlamento y en los medios de comunicación para convencer a los ciudadanos de su argumento. Usar a la UE en cada pleito y cada choque con el Gobierno solo lleva a que los votantes la vean como una pieza más del tablero político. ¿Merece la pena vender la autoridad de la Unión por una pírrica y momentánea victoria?

Las instituciones europeas interfieren en muy contadas ocasiones, y es útil que lo hagan únicamente cuando es necesario. Por ejemplo, lo hicieron aumentando presión sobre el Gobierno por la reforma del CGPJ ayudando a que finalmente el Ejecutivo ofreciera retirar la propuesta a cambio de pactar una renovación. Precisamente la excepcionalidad de ese toque de atención por parte de Bruselas ayudó a ese desenlace. Si se busca continuamente la intervención de la Unión en asuntos internos españoles, esos toques de atención perderán relevancia tanto para el Gobierno como para los votantes. El papel de la Comisión Europea como guardiana de los Tratados es patrimonio de todos los ciudadanos europeos, y nadie debe contribuir a su degradación pública pidiendo que intervenga como árbitro continuo en la política nacional: somos adultos, la oposición y la sociedad civil española debería ser capaz de hacerse cargo de su propio destino.

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Banderas europeas frente a la sede de la Comisión Europea en Bruselas. (Reuters)

Es sin embargo esa idea la que no es aceptada por algunos sectores conservadores: no, no somos adultos, por lo que es necesario que alguien nos controle. De ahí que durante semanas se haya estado escuchando la idea de la necesidad de que la UE “intervenga” España. No es solo una idea sin ningún tipo de base y que demuestra la amplia ignorancia que existe todavía hoy sobre cómo funciona la Unión, es que es una confesión pública de su incapacidad de cumplir su función de control y oposición al Gobierno. Además, hay pocas actitudes más antieuropeas que la continua exportación de las polémicas nacionales a Bruselas.

Unos y otros demuestran uno de los principales males de la política española: la infantilización. Unos, aferrándose a un plan europeo como solución mágica para todo, infantilizando así a los votantes, y escudándose en Europa para hacer reformas que van en contra de cualquier espíritu europeo al intentar reducir la independencia judicial; otros, utilizando a Europa como “tutora” ante una España sin remedio ni solución, mostrando su incapacidad para hacer oposición al Gobierno donde hay que hacerla y cavando todavía más esa zanja profunda que es el complejo de inferioridad de España respecto al resto de la Unión. Todo esto significa también que, evidentemente, España sigue sin tener una visión respecto a Europa, algo que ayuda a explicar muchas cosas: desde la falta de influencia hasta la falta de información sobre la UE en el debate nacional.

Para algunos países, como Alemania, Europa es el destino de su futuro postnacional. Para Francia en muchas ocasiones es su propia proyección a escala europea. En Italia, como en España, la relación con Europa en ocasiones ocurre con una cierta sensación de inferioridad. Pero en nuestro caso, está claro: Europa es un salvavidas. O al menos eso creemos, porque en realidad no lo es: a la hora de la verdad no servirá para evitar ahogarnos. Nadie, ni siquiera la UE, nos salvará de nosotros mismos.

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