De Idaho a Renania del Norte

Todo el mundo ha demostrado su amplio conocimiento sobre el voto rural en Kansas mientras hay un desinterés bastante extendido por las elecciones en las que sí nos jugamos cosas

Foto: Una persona ejerce su derecho al voto anticipado en Michigan. (Reuters)
Una persona ejerce su derecho al voto anticipado en Michigan. (Reuters)

Esta semana se han celebrado las elecciones en Estados Unidos, unos comicios claves para el futuro del país y posiblemente de las democracias liberales. Como en cada elección americana, los españoles, y el resto de europeos, nos volcamos con la cita. Comentamos las costumbres de voto en el entorno rural de Idaho, discutimos sobre si los votantes jubilados del sur de Florida pueden dar pistas a nivel nacional e intentamos extraer conclusiones de las tendencias de voto en el ‘Rust Belt’. ¿Llueve en Oregon? Eso es una muy mala noticia para los demócratas.

Todo el mundo conoce los entresijos sociales y demográficos de Kansas, y mira con atención si hay atascos en Wichita que puedan complicar el voto. Una noche (esta vez más de una) en vela en la que se consumen miles de calorías delante de la televisión que bombardea durante horas con debates especiales, nuevos datos y mapas interactivos. Los medios de comunicación nos volcamos: tertulias de radio, titulares enormes, miles de palabras escritas. Las redes sociales echan fuego. Es un espectáculo y es innegable que es divertido verlo.

Un grupo de personas siguen las elecciones americanas desde un bar en China. (EFE)
Un grupo de personas siguen las elecciones americanas desde un bar en China. (EFE)

Y, sin embargo, las elecciones en Estados Unidos son, normalmente, bastante irrelevantes para los europeos. Sí, esta vez seguramente era diferente. Pero en cuanto a impacto directo sobre nuestro día a día, sobre nuestra vida cotidiana y sobre nuestro futuro, los españoles nos jugamos el futuro muy lejos de Ohio o Wyoming. Incluso en esta elección.

Un español se está jugando más en la sucesión de Angela Merkel, canciller alemana, que en quién ocupa la Casa Blanca. Ni siquiera ya en las elecciones alemanas que se celebrarán en 2021, sino en la conferencia del partido democristiano, la CDU, que estaba prevista para el próximo 4 de diciembre pero que finalmente se ha retrasado: ¿habrá una línea continuista o ganará un candidato más conservador que cambie el rumbo de la Alemania de Merkel y, con ello, de la Unión Europea? Un español se juega más en cada elección regional italiana que puede tumbar a la frágil coalición gubernamental o en las elecciones de un Estado miembro del este de Europa que los votos que se cuentan en Pennsylvania. Y sin embargo le dedicamos menos atención.

Españoles, griegos, polacos, eslovenos u holandeses compartimos, todos, un mismo espacio político. Los ministros que entran al Gobierno de Irlanda se sientan al lado de los españoles y deciden las cosas juntos. Cada voto en Europa cuenta porque va a tener mucho que ver en nuestro futuro, decidiendo desde sobre asuntos grises pero importantes, como las regulaciones financieras o sobre derecho de los viajeros de aerolíneas, hasta sobre grandes asuntos que marcarán nuestro futuro común, como la política exterior o de defensa. También cuentan las elecciones europeas, donde se eligen a los eurodiputados que se sentarán en el Parlamento Europeo. Y, sin embargo, se presta poquísima atención a todos esos procesos electorales. Pocas palabras en los periódicos, pocos tweets y todavía menos minutos de televisión.

Imagen del barrio europeo de Bruselas. (EFE)
Imagen del barrio europeo de Bruselas. (EFE)

¿Por qué miramos tanto a EEUU?

Más allá del espectáculo que representan los comicios estadounidenses, si el interés ciudadano por las elecciones americanas es genuino, y si les preocupa por el posible impacto en su futuro (no en el de los ciudadanos norteamericanos, que es obvio), entonces deberían dejar de mirar a los Estados Unidos. La sucesión de Merkel, las elecciones presidenciales francesas de 2022 o la estabilidad del Gobierno italiano y las posibles coaliciones con las que se lleguen a las elecciones de 2023, son muchísimo más importantes para su futuro. ¿Qué ocurre, entonces?

Hay dos razones que lo explican. Por un lado, que Estados Unidos sigue siendo la “meca de occidente” incluso cuando se trata de un sistema democrático con sobrepeso, un alto grado de colesterol y problemas de sueño. Los europeos, también los españoles, miramos hacia el otro lado del Atlántico en términos pre-1989, buscando la referencia, un faro de un mundo que sencillamente se ha apagado.

Todavía no nos hemos adaptado a un nuevo hábitat, el europeo, en el que nos jugamos más en Berlín, o en las elecciones polacas, que en quién ocupa la Casa Blanca. La demostración es que, ganara uno u otro, para la UE (y por lo tanto para los españoles), no implicará grandes cambios: Biden y Trump defenderían líneas parecidas en muchos de los asuntos importantes de la agenda trasatlántica, si bien con un tono y unas maneras radicalmente diferentes. Sin embargo, y aunque esto sea ya una realidad, no podemos evitar una atracción total por las elecciones americanas.

Y aquí entra la segunda razón: no podemos evitar la atracción por las elecciones estadounidenses porque están en parte pensadas para ello. Es uno de los principales espectáculos mediáticos del mundo. La cobertura es total y exhaustiva, con grandes equipos de corresponsales desplegados y un esfuerzo brutal por explicar hasta el último detalle. Un bombardeo continuo de información, imágenes, mapas y gráficos interactivos.

Una persona ve los resultados de las elecciones americanas en la CNN. (EFE)
Una persona ve los resultados de las elecciones americanas en la CNN. (EFE)

Es cierto que el proceso electoral americano hace que todo sea mucho más atractivo e intrigante, y que contra eso es difícil competir. Es divertido y está bien disfrutar con ello. Pero quizás para que un ciudadano de Valladolid se interese tanto por Idaho que por el voto en Renania del Norte - Westfalia habría que hacer una cobertura comparable: y no, no se hace. La atracción cultural hace que horas y horas de contenido respecto al voto de mujeres blancas de la tercera edad en suburbios de grandes ciudades en Estados Unidos tenga cabida en los medios, pero no así una explicación en profundidad respecto a cómo se comporta a la hora de votar la mitad de Alemania que perteneció a la República Democrática Alemana (RDA), incluso si al espectador le afecta muchísimo más lo segundo que lo primero, y sea seguramente igual de interesante.

Las elecciones en la Unión Europea no podrán competir con la espectacularidad y la atracción de las americanas, pero sí es importante que los medios, periodistas y analistas, pongan las cosas en su debida escala: nos jugamos más en las calles de Polonia que en las de Carolina del Norte, y eso no es una opinión, es la consecuencia irremediable de que veintisiete países compartamos el mismo destino.

Los medios de comunicación tenemos aquí una responsabilidad. Hay que prestar atención a lo que ocurre en Georgia o Pensilvania. Pero habrá que prestar la misma o más a lo que ocurre en las elecciones europeas. Igual deberán hacer los ciudadanos. Lo contrario sería igual que conducir de noche con los faros apagados por una carretera serpenteante de una sola dirección mientras se es incapaz de separar la vista del móvil.

La capital
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