El salvaje este del periodismo europeo
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Nacho Alarcón

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El salvaje este del periodismo europeo

El periodismo libre sufre enormes presiones en países como Hungría o Eslovaquia. La defensa de un periodismo independiente es clave para la democracia, y la UE debe asumirlo

placeholder Foto: Protestas en Budapest tras el escándalo de Index.hu. (Reuters)
Protestas en Budapest tras el escándalo de Index.hu. (Reuters)

El pasado domingo Klubrádió dejó de sonar en los transistores de todos los húngaros que la tenían sintonizada. La audiencia de esa cadena son entre 200.000 y 300.000 personas. La única radio no progubernamental que quedaba en el aire. Un silencio en el que se libra una batalla fundamental, aunque invisible, para el futuro de la Unión Europea.

En los últimos años la libertad de prensa en Europa recibió sus golpes más sonoros en Malta y en Eslovaquia. En la isla mediterránea Daphne Caruana Galizia fue asesinada con un coche bomba. Los enredados lazos entre el Gobierno maltés y el homicidio estremecieron a Europa e hicieron caer al primer ministro socialista Joseph Muscat. En Eslovaquia, el joven periodista de investigación Ján Kuciak, que también investigaba lazos del Gobierno con las mafias, fue asesinado a tiros junto a su pareja. El primer ministro Robert Fico también se vio obligado a dimitir.

Pero desde entonces, y aunque no hayan sido asesinados más periodistas, la situación no ha hecho más que empeorar. La diferencia es que ahora, en vez del estruendo alarmante del asesinato, se produce el crujido sordo de una libertad que se va apagando. No es necesario mancharse las manos con sangre para acallar a los críticos. Pero, eso sí, es un trabajo mucho más concienzudo, mucho más lento, más sutil, menos inmediato. Pero mucho más efectivo: consiste no en callar por miedo a morir, no en lograr que se apaguen las críticas por temor, sino a que se produzca un silencio estructural, generar una situación en la que el periodismo libre sencillamente no es posible por las condiciones generales de la industria o se limita a una parroquia de ya convencidos. Una asfixia lenta, un estrangulamiento paciente.

placeholder Manifestación en Budapest contra el caso de Index.hu. (EFE)
Manifestación en Budapest contra el caso de Index.hu. (EFE)

Hungría, Polonia y Eslovaquia son hoy el salvaje este del periodismo europeo. Pero no hay ningún sitio en el que la vida sea más difícil para el periodismo libre que Hungría. En toda la deriva antiliberal de algunos países europeos, el Gobierno húngaro es el "mesías", el que muestra el camino, el maestro. El apagón de Klubrádió es solamente el último paso.

Forma parte de un ejercicio más amplio con el que el primer ministro Viktor Orbán busca eliminar del espacio público el oxígeno que es necesario para armar una oposición real a su mando. Así, el asalto incluye, además de a la prensa, a la educación y las ONG. Uno de los grandes problemas del siglo XXI es que los autócratas son mucho más elegantes que antes, así que resulta más complicado saber cuándo una democracia ha dejado de serlo.

Orbán no quiere silenciar a todos los medios por completo. Sabe que eso no es sencillo dentro de la Unión Europea y, punto fundamental, necesita seguir haciendo ver que Hungría es una democracia. La ficción debe continuar. Lo que quiere es silenciar a los suficientes como para que sea imposible desahuciarle del poder. Así, Klubrádió puede seguir emitiendo 'online', pero su número de oyentes ha caído en picado. La vida sigue, aparentemente sin cambios, tras el cierre del principal periódico opositor del país este verano, el caso de Index.hu, cuya propiedad asumió un cercano a Orbán.

Foto: El primer ministro húngaro durante una cumbre europea. (Reuters)

"Es el patrón que siguen la Rusia de Vladimir Putin o algunos estados autoritarios de Asia Central: dejar que existan los pequeños medios, sabiendo que su alcance e impacto son limitados", explica Szabolcs Panyi, periodista de investigación de Direkt36, una organización periodística sin ánimo de lucro, que señala que "existe un cortafuegos entre Budapest y la Hungría urbana por un lado, y la Hungría rural por el otro". "El objetivo es evitar que los escándalos y las noticias sobre la corrupción gubernamental de alto nivel no lleguen a las pequeñas ciudades húngaras", explica Panyi. En la Hungría rural está la base electoral de Orbán, la que nunca falla.

El Gobierno húngaro asfixia al periodismo independiente con dos brazos: el económico y el social. Con la publicidad gubernamental, Orbán beneficia a los medios progubernamentales, y con el "capitalismo de amiguetes" hace que los mismos empresarios que le deben favores adquieran medios independientes y los conviertan en fieles al Ejecutivo. Ese mismo capitalismo feudal sirve a Orbán y los suyos para evitar que otras empresas pongan publicidad en medios críticos, amenazándolos con dejarlos fuera de las licitaciones públicas si lo hacen, como explica Katalin Halmai, corresponsal en Bruselas desde 2001 del periódico húngaro 'Népszava'.

Foto: Demonstration demanding justice over the murder of journalist daphne caruana galizia in valletta

El otro brazo es el social. "El Gobierno de Orban intenta de forma intencionada desacreditarnos a nosotros, los periodistas independientes, difamándonos y señalándonos como agentes de George Soros, de fuerzas globalistas y demás en artículos o en televisión. Francamente, no ayuda. Pero, como consecuencia no deseada, también nos trae la simpatía de muchos lectores, así como la solidaridad de colegas extranjeros, por lo que estoy realmente agradecido", explica por su parte Panyi.

Polonia está lejos de Hungría, pero busca, paso a paso, hacer la vida más difícil a los medios de comunicación. A diferencia del caso húngaro, en la política polaca sigue existiendo una oposición con músculo y una sociedad civil muy movilizada. Así, el último movimiento del ultraconservador Ley y Justicia (PiS), un nuevo impuesto que ponía contra las cuerdas los ingresos de medios independientes, ha sido retirado. Pero el PiS acostumbra a hacer eso: lanza una primera propuesta, con una reacción furiosa por parte del público general, y después la retira únicamente con la intención de volver a intentarlo más adelante.

Eslovaquia está un paso por delante de Polonia, y queriendo aprender de Hungría. Esta misma semana Janez Jansa, primer ministro esloveno, ha atacado por Twitter a la periodista Lili Bayer, del portal Politico, por escribir una pieza en la que cuenta como compañeros eslovacos sufren los insultos y la presión de Jansa y su círculo cercano, llevando a muchos a admitir que están autocensurándose. Lo único positivo es que, al menos, Jansa ha confirmado la historia de Bayer al insultarla e increparla por redes sociales. No es tampoco una novedad en la zona: el antiguo primer ministro esloveno Fico, quien tuvo que dimitir tras el asesinato del periodista Kuciak, llamó a un grupo de periodistas "sucias y antieslovacas prostitutas".

placeholder El antiguo primer ministro eslovaco, Robert Foco. (EFE)
El antiguo primer ministro eslovaco, Robert Foco. (EFE)

La lucha del periodismo independiente en estos países incumbe a todos los europeos, pero en gran parte cae en el olvido y acaba convertida en una cruzada silenciosa e invisible por parte de los periodistas de estados miembros en los que el propio desmantelamiento del Estado de derecho, que la Unión Europea no ha sabido frenar, ayuda a sus gobiernos a asfixiar cada vez más a la prensa con impunidad. Desde Bruselas poco se ha hecho hasta el momento. Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, mantiene un silencio total a pesar de las continuas peticiones de periodistas para que condene los ataques de esta semana de Jansa. La Comisión Europea sí que ha reaccionado y defendido a la reportera, y sí que se ha quejado del cierre de Klubrádió, que todavía podría recuperar su frecuencia.

Pero los periodistas húngaros se quejan de que el Ejecutivo comunitario se ha negado a tomar papeles en el asunto cuando los medios han presentado denuncias por ayudas ilegales de Estado por la publicidad masiva sobre medios progubernamentales, que para ellos es la mejor vía por la que Bruselas puede ayudarlos a sobrevivir. "La Comisión Europea tiene los instrumentos para actuar, lo que no tiene es voluntad política", critica Panyi, que señala que al menos esta vez el Ejecutivo comunitario se ha movido para intentar salvar Klubrádió. "Nos preguntamos por qué la Comisión no pudo actuar cuando el periódico más grande de Hungría fue cerrado en 2016 o cuando Index.hu, el sitio de noticias en línea más importante, fue tomado por amigos del Gobierno el año pasado", se lamenta el periodista.

Bruselas está preocupada por la situación del Estado de derecho en estos países, y también lo están otros estados miembros, como demuestra el hecho de que se haya acordado un mecanismo de Estado de derecho vinculado al presupuesto de la Unión Europea y que permitirá cortar fondos en caso de que se identifique una violación a los principios del artículo 2 del Tratado.

Foto: La UE pacta un mecanismo de estado de derecho que acerca el Fondo del covid-19. (Reuters)

Pero la lucha por el Estado de derecho se limita muchas veces a la independencia judicial. El desmantelamiento del sistema judicial independiente del poder político es, evidentemente, la pieza clave si quieres acabar con la democracia real en tu país, si bien ya se llega tarde a esa guerra en lugares como Hungría, donde el primer ministro se ha beneficiado de la impunidad que le ha otorgado ser miembro de la familia del Partido Popular Europeo (PPE), que se ha negado sistemáticamente a tomar medidas contra él. Pero la democracia se puede corroer también por otros puntos.

Bruselas debe integrar, de forma activa, la defensa de un periodismo independiente como un elemento fundamental en su esfuerzo por preservar el Estado de derecho en estos países. Se están dando los primeros pasos, y la Comisión Europea está aumentando la inversión dedicada a la financiación de proyectos periodísticos con el objetivo de proteger a los medios independientes. El Parlamento Europeo es la institución más activa en este sentido. Pero hace falta dar un paso más y convertirlo en una prioridad política a la hora de hablar sobre la protección del Estado de derecho.

Los ciudadanos también pueden tomar medidas en el asunto. Los europeos preocupados por la democracia en estos estados miembros siempre pueden apoyar el periodismo independiente suscribiéndose y aportando. Seguramente haya pocos gestos de mayor compromiso con la idea de Europa. Porque la democracia en estos países es algo que incumbe a todos, aunque sea casi por egoísmo. Porque, como señala uno de los corresponsales húngaros que hablan con cierto desasosiego sobre el futuro, "esta tendencia es contagiosa".

El pasado domingo Klubrádió dejó de sonar en los transistores de todos los húngaros que la tenían sintonizada. La audiencia de esa cadena son entre 200.000 y 300.000 personas. La única radio no progubernamental que quedaba en el aire. Un silencio en el que se libra una batalla fundamental, aunque invisible, para el futuro de la Unión Europea.

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