El 1898 de la inmunización
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Nacho Alarcón

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El 1898 de la inmunización

El gran fracaso europeo de las vacunas es también una crisis de identidad y de percepción respecto a lo que somos y lo que podemos ser en el mundo de hoy

placeholder Foto: Vacunas de AstraZeneca en Madrid. (Reuters)
Vacunas de AstraZeneca en Madrid. (Reuters)

¿Qué ha ocurrido? La vacunación avanza lentamente, pero la ansiedad no la genera tanto el bajo porcentaje de españoles vacunados. Lo que genera nerviosismo es ver que en otros lugares va mejor. Estados Unidos, Reino Unido e Israel han vacunado a una parte importante de su población, mientras que en España solamente el 9% de los ciudadanos ha recibido al menos una dosis.

¿Qué ha pasado? Nos sentimos sacudidos. ¿Por qué no nos encontramos ahí, entre los que están a la cabeza? ¿Acaso no somos un país del primer mundo en el que la vacunación debería ir avanzada? Intentar encontrar una respuesta simple a todas esas preguntas es una garantía de fracaso, porque hay muchas razones por las que la vacunación no avanza al ritmo esperado en la Unión Europea, y ninguno de esos motivos es el definitivo. Lo que sí tiene una explicación es la desazón general que se vive con este asunto.

Para muchos españoles la lenta vacunación está siendo tremendamente frustrante, un 'shock'. Un nuevo 1898: una crisis de identidad como país, una 'caída del caballo' en toda regla, un reflejo en el espejo que recuerda que ya no eres una potencia. La crisis de las vacunas es también una crisis de percepción. España no es Estados Unidos, ni el Reino Unido, ni Israel. El 'shock' proviene de la falta de conciencia de la propia debilidad de un país como España en el mundo que viene, en el mundo de mañana y de hoy, dominado por gigantes. Ese es el marco en el que hay que leer todo lo que está ocurriendo: España no es uno de los grandes. Podemos querer serlo, incluso podemos creer serlo, pero no lo somos. Desde hace mucho tiempo, además. La campaña de vacunación es una demostración más.

placeholder Campaña de vacunación en Madrid. (Reuters)
Campaña de vacunación en Madrid. (Reuters)

¿Significa eso que haya que caer en el fatalismo? Al contrario. Los datos no son tan malos si se leen teniendo en cuenta ese contexto. Y no se trata de conformarse, se trata de entender la situación, las posibilidades y las expectativas. Llama la atención que en países como España parte de la opinión pública se vuelva contra la Unión Europea que, en efecto, ha cometido algunos errores. Pero si la situación no es peor es únicamente porque ha habido una gestión conjunta de las vacunas. Pensar lo contrario es precisamente ahondar en el error de creer que somos más fuertes y más importantes de lo que en realidad somos; es un reflejo perfecto de cómo, incluso ante una demostración tan clara como son los problemas en la campaña de vacunación, algunos prefieren cerrar los ojos a la realidad y creer que a España por libre le habría ido mejor, o que esto es culpa de un Gobierno concreto y no algo estructural.

Ese pensamiento puede estar en la mente de la opinión pública alemana, quizás de la francesa, pero que esté en la de muchos españoles es una muestra de autoestima envidiable. Berlín y París muy probablemente sí podrían estar vacunando a un ritmo mayor si la Unión Europea no hubiera tenido un rol central en la adquisición y reparto de las vacunas compradas, y la situación sería tremendamente tensa, con unos estados miembros teniendo acceso privilegiado a las vacunas y otros teniendo que esperar. Lo que no mató el virus podría matarlo la vacunación. Hay errores, cuellos de botella y problemas en la campaña, pero el hecho de que Alemania o Italia lleven un ritmo de vacunación similar al de Rumanía, Letonia o República Checa es un éxito. Porque hay que entender que en este mundo de hoy, todos nosotros, desde España hasta la propia Francia, incluso Alemania para muchos de los asuntos, somos demasiado pequeños, demasiado insignificantes. Somos el eslabón débil, no el fuerte.

Foto: La vacuna de AstraZeneca, elemento clave. (EFE) Opinión

El conocimiento de nuestras propias debilidades y de nuestros puntos débiles no es negativo. Sería frustrante y deprimente si no existieran remedios o formas de contrarrestarlos. Pero es que la Unión Europea es precisamente el mecanismo para equilibrar la balanza. Lo peligroso es no tener conocimiento de cuáles son las debilidades, o cerrar los ojos a ellas, porque impide poner remedio y provoca daños a corto, medio y largo plazo.

Los errores a la hora de poner en marcha la estrategia de vacunación europea han sido múltiples, aunque es mucho más fácil analizarlos ahora que en el momento de tomar las decisiones. Pero el principal pecado de la Unión Europea ha sido la ingenuidad derivada de su naturaleza, con raíces en un comercio abierto, en una concepción del mundo no proteccionista. La buena fe de Bruselas y de los estados miembros, en contraste con las decisiones de Estados Unidos y del Reino Unido, que apostaron por normas que desde el principio restringían las exportaciones, ha sido clave para que se haya dado este escenario de escasez de vacunas mientras las farmacéuticas exportaban millones de dosis producidas en sus plantas europeas al resto del mundo.

¿Qué ha ocurrido? La vacunación avanza lentamente, pero la ansiedad no la genera tanto el bajo porcentaje de españoles vacunados. Lo que genera nerviosismo es ver que en otros lugares va mejor. Estados Unidos, Reino Unido e Israel han vacunado a una parte importante de su población, mientras que en España solamente el 9% de los ciudadanos ha recibido al menos una dosis.

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