El futuro de la economía europea está pendiente de un segundón alemán
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Nacho Alarcón

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El futuro de la economía europea está pendiente de un segundón alemán

Las elecciones alemanas interesan a todas las capitales europeas. Pero muchas de ellas están tan pendientes de quién gana las elecciones como de quién ocupa el ministerio de Finanzas

Foto: Publicidad electoral de los liberales en Berlín (Reuters)
Publicidad electoral de los liberales en Berlín (Reuters)

Cuando uno sabe jugar a la política sabe que el que tiene más poder en el corto plazo es el que escoge al rey, en inglés el ‘king-maker’, más que el propio monarca. Es el que se mueve por los pasillos, el que susurra a uno y a otro, el que tiene la sartén por el mango sin llegar a quemarse. Es quien, al fin y al cabo, ostenta eso tan líquido e inestable que es el poder. Es cierto que un día el destino le puede dejar de sonreír, pero mientras tanto, quien quiere influir en la corte, sabe que poco tiene que hablar con el rey. Ese segundón, esa persona que se mantiene fuera del trono pero que la controla con la mirada, en Alemania tiene un cargo concreto en los Gobiernos de coalición: ministro de Finanzas.

Toda Europa está pendiente de lo que ocurre en los próximos días en Alemania. Son unas elecciones fundamentales para el futuro de la Unión, y por lo tanto atraen la atención de todos los Estados miembros. Todos se juegan algo en estos comicios. Aunque la cobertura sea mucho menor y menos espectacular que con las elecciones de los Estados Unidos, esta cita electoral en Alemania tiene muchísimo más impacto sobre el público español que los comicios norteamericanos. Eso también es la politización de la Unión Europea, la paulatina fusión de los espacios públicos. Es lenta, pero muchos ciudadanos ya entienden que el canciller alemán tiene más que decir sobre el futuro de Europa que lo que pueda decir Joe Biden.

Y en buena medida lo más importante de estas elecciones alemanas no es quién las gana. Hay una partida soterrada en la que de verdad se está jugando buena parte del futuro de Europa en los próximos años: quién es el segundón, quién es el que queda segundo o tercero y puede tener la llave del Gobierno. Quién es el ‘king-maker’, quién será el susurrador de la corte. Las encuestas ofrecen dos posibles coaliciones por encima del resto de opciones: la de los socialdemócratas (SPD) con ecologistas y liberales, o la de estos dos con la CDU, el partido de Angela Merkel, liderado ahora por Armin Laschet. Y en todas las opciones los ojos están puestos en un mismo hombre.

placeholder Christian Lindner, líder de los liberales alemanes. (Reuters)
Christian Lindner, líder de los liberales alemanes. (Reuters)

Porque Christian Lindner, líder de los liberales (FPD), quiere aprovechar la oportunidad. Como “hacedor de reyes” tienes una sola bala: si escoges un puesto lo suficientemente cercano al rey mantienes tu influencia sobre él y sobre todo el Gobierno. Si escoges el ministerio equivocado, tu carta ganadora queda en papel mojado. En Italia, en 2018, debido a la situación social que vivía el país, ese cargo era el de ministro del Interior. Matteo Salvini supo verlo y devoró por dentro poco a poco al Gobierno. En Alemania ese puesto es el de ministro de Finanzas. Y Lindner está dispuesto a todo por él.

Desde hace mucho tiempo, incluso cuando el FDP todavía rondaba el 5% de la intención de voto antes de la pandemia y se le seguía viendo como la formación de los millonarios alemanes, Lindner puso sus ojos en el ministerio de Finanzas. Entonces todavía parecía una broma. Ahora, rondando el 11% (en algunas encuestas alcanzando el 16%) y habiéndose alimentado electoralmente de una estrategia contra las restricciones por el coronavirus, con una CDU desangrada que les necesitaría desesperadamente si quiere gobernar y un SPD que también podría necesitar sus votos si no quiere depender de la extrema izquierda, las intenciones de Lindner se toman mucho más en serio.

Foto: El Confidencial Diseño.

El nombre de la persona que ocupa el cargo tiene muchísimo peso. Con un mismo líder puede llevar a decisiones muy distintas. En los últimos días se ha hablado mucho de las diferencias entre la gestión de la anterior crisis y de la provocada por el coronavirus. Es cierto que hay muchos otros factores en juego, pero uno de ellos, uno de los principales, es que hace una década el ministro de Finanzas alemán se llamaba Wolfgang Schäuble, líder de los “halcones” de la ortodoxia fiscal, ala dura de la CDU, y en esta ocasión era Olaf Scholz, un socialdemócrata rodeado de un grupo de economistas decididos a cambiar el fetiche alemán con la deuda pública. Era la misma Angela Merkel la que ocupaba el cargo de canciller hace una década y ahora. Pero otro susurrador. Eso importa. Y a Lindner no se le conoce en los círculos de Bruselas, Frankfurt y Berlín como “mini-Schäuble” sin motivo.

Las elecciones en Alemania mantendrán en pausa una de las negociaciones más sensibles que tiene en este momento encima de la mesa la Unión Europea: la de la reforma de las normas fiscales, que se mantienen suspendidas desde 2020 por el coronavirus. Los países sureños y Francia quieren hacer una reforma integral para permitir más flexibilidad, más espacio para las inversiones verdes y para introducir los aprendizajes de la pandemia. Frente a ellos, los “frugales”, países fiscalmente ortodoxos como Finlandia, Dinamarca, Suecia o Austria, se oponen frontalmente a cambiar la naturaleza del Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

placeholder Lindner habla en el parlamento alemán cerca de la canciller Angela Merkel. (Reuters)
Lindner habla en el parlamento alemán cerca de la canciller Angela Merkel. (Reuters)

Y en esa batalla el nombre del ministro de Finanzas alemán será clave. Lindner tiene claro que quiere serlo, y tiene claro qué quiere hacer con el puesto: reflejar las visiones del FDP, que son que la única reforma que necesita el Pacto de Estabilidad y Crecimiento es para poder controlar mejor a los que rompen las normas. En una entrevista con el 'Financial Times' esta misma semana dice lo siguiente: “Alemania ha sido muy constructiva en los últimos años en lo que se refiere a la Eurozona, y creo que otros deberían prepararse ahora para tomarse en serio los intereses alemanes”. Que le pregunten a millones de griegos. Todo esto suena bien a los frugales, que ven en él un potencial y poderosísimo aliado.

El nombre del canciller importará, pero un Gobierno liderado por los socialdemócratas, por el mismo Scholz que ha facilitado un cambio de actitud en Berlín en esta crisis, no garantiza nada. En Alemania el susurrador es más importante que en ningún otro país. Scholz lo sabe, porque lo ha sido hasta ahora, y probablemente intentará evitar que nadie, incluido Lindner, acumule demasiado poder. No le resultará fácil si quiere gobernar. Todos los ojos están puestos en el número 97 de la Wilhelmstrasse de Berlín. El hombre o la mujer que entre por la puerta de ese edificio, el ministerio de Finanzas, probablemente decantará la batalla por el futuro de las normas fiscales de la Unión Europea.

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