Tah, la invisible frontera del olvido

La línea costera antes de llegar a Tarfaya es una maravillosa sucesión de acantilados contra los que bate un océano azul y blanco. Imposible resistir la

Foto: Tah, la invisible frontera del olvido

La línea costera antes de llegar a Tarfaya es una maravillosa sucesión de acantilados contra los que bate un océano azul y blanco. Imposible resistir la tentación de asomarse al vacío, de atreverse a sentir esa fatal atracción que ofrece el bello riesgo. El eco del Atlántico bravío resuena a mi alrededor mientras recorro el borde mismo entre el ocre pedregoso y el sutil agujero sobre la nada marina.

A pocos kilómetros al sur de Tarfaya se encuentra Tah. En este pequeño pueblo, hay una gasolinera no siempre abastecida y un monumento que a la mayoría de los viajeros les pasa inadvertido. Al menos así fue en mi primer viaje por estas tierras rumbo a Dakar. Consiste en dos rampas de piedra de poca altura a ambos lados de la carretera. Poca cosa. Una está dedicada a Hassan I y la otra a Hassan II. Los viejos las usan para sentarse a resguardo del sol. Casi nadie las ve al circular porque Tah no es nada más que una aldea. Yo tampoco hubiera reparado en este raro monumento si no me hubiera advertido previamente mi amigo Manolo “El Alquimista” Pérez Paniagua, dueño del taller especializado en 4x4 Autosur, en San Juan de Aznalfarache, y experto en recorridos por el desierto.

-Es la frontera del Sahara Occidental. Hasta donde llegaba el protectorado español. Allí acampó la Marcha Verde en 1975 y por eso han levantado el monumento.

Cuando paso por aquí detengo la moto y trato de recordar algo al respecto. No lo consigo. No tengo recuerdos de 1975 más allá de la muerte de Franco. En realidad, parece que nuestra historia reciente tenga en ese óbito un ancho cortafuegos y que, igual que sucede con Cristo, se conozcan solo dos periodos: antes de Franco y después de Franco. Por eso de 1975, que yo viví con apenas siete años, no tengo memoria alguna salvo ese fallecimiento y ya luego nadie se preocupó de instruirme sobre los sucesos que rodearon aquel tiempo.

La ONU había reconocido el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui e instaba a España, como potencia colonial, a respetarlo. Las autoridades españolas hablaron de realizar un referéndum. La respuesta de Marruecos fue la Marcha Verde. 350.000 civiles y 25.000 militares se acantonaron en Tarfaya en noviembre de 1975, dispuestos a cruzar la frontera fuertemente custodiada por el Ejército Español. El 14 de noviembre se firmaron los Acuerdos de Madrid por los que España cedía la administración del Sahara a Marruecos y Mauritania. El 20 de ese mes moría Franco y España tenía muchas cosas en que ocuparse dentro del país como para preocuparse de lo que pasaba tan lejos.

Desde entonces Tah es una frontera invisible, la frontera del olvido.

La emoción del nómada
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