Sala 2 | En Georgia, hoy se juega el futuro de EEUU. Y Trump no tiene nada que ver
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Sala 2 | En Georgia, hoy se juega el futuro de EEUU. Y Trump no tiene nada que ver

Están en juego en Georgia dos asientos clave del Senado estadounidense que determinarán en gran medida el poder que podrá ejercer Joe Biden durante su presidencia

placeholder Foto: Partidarios del candidato demócrata al Senado por Georgia Jon Ossoff muestran su respaldo.
Partidarios del candidato demócrata al Senado por Georgia Jon Ossoff muestran su respaldo.

El futuro político de Estados Unidos pasa hoy por Georgia. No es una exageración. Allí están en juego los dos escaños senatoriales que definirán la composición del Congreso. Si al menos uno de los dos senadores republicanos en liza, el exCEO de Reebook David Perdue y la financiera Kelly Loeffler, logra defender su puesto en esta segunda vuelta, los conservadores mantendrían la mayoría en el Senado y podrían bloquear o matizar la agenda y los nombramientos del futuro presidente, Joe Biden.

Los candidatos y los votantes, como sucedió en las elecciones generales del 3 de noviembre, demuestran un alto grado de movilización y entusiasmo. Este domingo, ya habían votado por anticipado más de tres millones de personas, un récord. La recaudación de los candidatos también ha sido estelar: el aspirante demócrata Jon Ossoff, documentalista de 33 años, ha amasado más dinero que Al Gore en su campaña presidencial hace dos décadas: 140 millones de dólares.

Pero en Georgia se juega algo más que el paisaje político de los próximos dos años. El estado sureño, una de las 13 colonias originales que fundaron Estados Unidos, ha sido un tradicional bastión de los valores conservadores. Uno de los estados republicanos más rigurosos y prósperos, de ahí que la victoria de Biden en las presidenciales fuera especialmente dolorosa para Donald Trump. Desde entonces, el magnate ha regado el estado con una lluvia de bulos judiciales y todo tipo de presiones a sus funcionarios, como demuestra la llamada intimidatoria que hizo a Brad Raffensperger, secretario de Estado, y que fue filtrada a 'The Washington Post'.

Foto: El presidente electo de EEUU, Joe Biden. (Reuters) Opinión

Georgia fue en su día la punta de lanza de la economía esclavista. Allí se inventó la desmotadora de algodón, que relanzó el sistema sureño de plantaciones. Georgia se sublevó contra la Unión en 1861 y gran parte de los suministros confederados pasaban por Atlanta. La endulzada película del honor sureño 'Lo que el viento se llevó' sucede allí. Cuando el presidente Lyndon B. Johnson aprobó la Ley de los Derechos Civiles, muchos georgianos, que habían sido segregacionistas, abandonaron las filas demócratas y se pasaron a las republicanas. Desde 1964, allí solo se han votado presidentes conservadores, con dos excepciones: Jimmy Carter y Bill Clinton. Demócratas, pero del sur. La tercera excepción ha sido Joe Biden.

La dominación republicana, que ha tenido en el excongresista georgiano Newt Gingrich uno de sus paladines, ya no se da por hecho en Georgia. Ahora, el estado se ha convertido en una miniatura política de Estados Unidos. Un territorio en el que se enfrentan los electores blancos, rurales y trumpianos, con los votantes multirraciales y las clases profesionales de Atlanta. Estas dos fuerzas han alcanzado un equilibrio casi perfecto, y las encuestas, tanto en las elecciones a gobernador de 2018 como en las presidenciales, y ahora en esta segunda vuelta del Senado, están ajustadísimas.

“¿Estáis listos para demostrar que Georgia es un estado rojo [republicano]?”, declaró durante un mitin Mike Pence, vicepresidente saliente de Estados Unidos. “Todo depende de Georgia”. Este es el grito de batalla político que se escucha en los mítines, 'Keep Georgia red': proteger la identidad tradicional del estado frente a los avances, a caballo del cambio demográfico, de las fuerzas demócratas.

Foto: Mitch McConnell. (Reuters) Opinión

El gran dilema actual del Partido Republicano también se refleja en Georgia. La vieja guardia, liderada por el jefe de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, ya ha reconocido a Biden como presidente y trata de pasar página, pero las bases siguen escuchando los bulos de fraude que propaga Donald Trump. Y algunos congresistas, quizá temerosos de perder el favor de los votantes, han cerrado filas con el presidente y van a objetar la certificación de los resultados mañana en el Congreso.

El senador David Perdue, que se juega hoy su escaño, ha defendido al presidente saliente en todo momento. “No escuché nada en la grabación que el presidente no haya dicho ya durante semanas desde que pidió algún tipo de investigación sobre las elecciones de noviembre”, dijo Perdue, defendiendo la llamada en la que Trump pidió a Raffensperger que “encontrase” 11.780 votos republicanos, pese a que se realizaron ya tres recuentos en el estado. Uno de ellos, a mano.

Foto: Diseño: EC.

La causa del presunto fraude ha sido desmentida, desestimada y vencida por casi un centenar de jueces de los estados contenciosos, el Tribunal Supremo, las autoridades electorales de los 50 estados y hasta por el propio 'establishment' republicano. Pero si Perdue y Loeffler dan la espalda a Trump, y este no se presenta en sus mítines o los acribilla a tuits, como ha hecho con su antaño aliado Brian Kemp, gobernador de Georgia, su reelección está casi seguramente perdida.

Perdue y Loeffler también han tenido que coquetear con una corriente republicana aún más oscura. Los candidatos necesitan el respaldo de los condados que eligieron a la representante Marjorie Taylor Greene, creyente de la conspiración de QAnon. Entre otros bulos, Greene ha dado pábulo a la mentira de que los demócratas dirigen una red pedófila desde una pizzería de Washington, ha cuestionado la autenticidad de masacres en institutos y ha dicho que el magnate George Soros, judío superviviente del Holocausto, fue un colaborador nazi. La congresista se destaca hoy en día por quebrantar las reglas del Capitolio al negarse a llevar mascarilla.

Foto: Josh Hawley. (EFE) Opinión

Pero Georgia no tiene solo una tradición conservadora. El reverendo Martin Luther King era de Atlanta, y Georgia fue especialmente activa en la lucha por los derechos civiles. Los veteranos georgianos de la Segunda Guerra Mundial consiguieron, a partir de 1946, registrar a grandes números de votantes negros, poniendo las bases de su compromiso y militancia política. Sus actividades provocaron la represión de las autoridades blancas, y de esta disputa salieron muchos de los hitos que terminarían con el 'apartheid' americano en 1964.

El candidato demócrata al otro escaño senatorial, Raphael Warnock, es el reverendo de la iglesia donde predicaba Martin Luther King. El imaginario de los derechos civiles alimenta sus discursos, pero la Georgia de 2020 no es la de los años sesenta. Warnock viene apoyado por el crecimiento poblacional de los latinos y los afroamericanos, que ya representan un 30% de Georgia, sobre todo en Atlanta.

Foto: Trump y Biden reflejados en la cámara de un operador en el segundo debate presidencial en EEUU. (Reuters)

Los demócratas agradecen la articulación de esta fuerza política a Stacy Abrams, exlíder progresista de la estatal Cámara de Representantes y militante por el derecho de voto. En 2018, Abrams estuvo a menos de dos puntos de ser elegida gobernadora de Georgia. Su actividad política no ha cesado y es probablemente la responsable número uno de que Biden se llevase el estado en las presidenciales.

El pasado noviembre, los demócratas clavaron una flecha en el corazón sureño del conservadurismo. Ahora, los republicanos, lastrados por divisiones internas, se esfuerzan en preservar sus escaños. La configuración legislativa de Estados Unidos depende de ello y también ese aristocrático Honor de Georgia, como se llama uno de los SuperPAC conservadores. Una ideología en proceso de reformulación.

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