Sala 2 | La crisis migratoria de EEUU enfrenta a la 'izquierda paté' con la 'izquierda salchicha'
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Sala 2 | La crisis migratoria de EEUU enfrenta a la 'izquierda paté' con la 'izquierda salchicha'

Las palabras de la vicepresidenta de EEUU durante una visita oficial a Guatemala han revelado muchas de las claves de lo que pasa estos días en Estados Unidos

placeholder Foto: La vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris. (Reuters)
La vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris. (Reuters)

“Quiero ser clara ante la gente en esta región que esté pensando en hacer la peligrosa caminata a la frontera entre Estados Unidos y México: no vengáis. No vengáis”. Las severas palabras de la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, durante una visita oficial a Guatemala, y la sonora reacción a izquierda y derecha, han revelado muchas de las claves de lo que pasa estos días en Estados Unidos.

La primera, que los cruces ilegales de la frontera con México están en máximos de los últimos 15 años. La Policía Fronteriza de EEUU detuvo a 900.000 inmigrantes indocumentados entre el 1 de octubre de 2020 y el pasado 31 de mayo, el mayor número desde 2006. Y aún quedan cuatro meses para cerrar el ciclo anual, en septiembre. Solo en el mes de mayo se efectuaron 170.000 detenciones. Además, este flujo migratorio incluye a un número creciente de personas de países más lejanos, como Ecuador y Venezuela, lo que podría indicar la consolidación de nuevas rutas migratorias.

Foto: Hondureños en caravana hacia EEUU, cruzando Guatemala. (Reuters)

Se trata de una crisis aguda que tiene los albergues y centros de detención fronterizos completamente desbordados. Una situación crítica para las estructuras estatales y para un Gobierno al que se acusa, desde la derecha, de haber provocado un 'efecto llamada' de inmigrantes sin papeles. La Administración Biden ha flexibilizado las políticas de asilo estadounidenses, pausó temporalmente las deportaciones y confía en ofrecer un “camino a la ciudadanía” para los ciudadanos indocumentados; reformas que, a la luz del mayor flujo migratorio y en comparación con la draconiana retórica del anterior presidente, son políticamente sensibles.

Así que la vicepresidenta Harris no fue a Guatemala a repartir visados, sino a tratar de convencer al Gobierno del país centroamericano de que limite en lo posible la salida de gente que parte hacia el norte huyendo de la violencia y la falta de oportunidades. Harris anunció una iniciativa para luchar contra la corrupción en Centroamérica, prometió 40 millones de dólares para invertir en la educación de las mujeres y los pueblos indígenas guatemaltecos, y medio millón de vacunas contra el covid.

La segunda clave del viaje de Harris es que la vicepresidenta ha retornado a sus maneras de antaño: de política dura, realista, como cuando era fiscal de California y no le temblaba el pulso a la hora de pedir largas condenas, o de cuando amenazó con encausar a los padres cuyos hijos faltaban a la escuela. Un estilo mejor o peor, pero desde luego alejado de la imagen que adoptó instantáneamente durante la pasada campaña electoral de solidaria campeona de los derechos de las minorías y de la reforma del Código Penal que ella misma había aplicado tan enérgicamente.

placeholder Una fila de migrantes, en la frontera entre EEUU y México. (Reuters)
Una fila de migrantes, en la frontera entre EEUU y México. (Reuters)

Este tipo de cambios de piel, aparentemente adaptados a las circunstancias políticas del momento, es el punto débil por el que atacan a Harris tanto desde la derecha como desde la izquierda. Kevin McCarthy, jefe de la minoría republicana en la Cámara de Representantes, ha interpretado el viaje de Harris como un ejemplo más de su oportunismo; en concreto, una forma de distanciarse de las laxas políticas de Biden. “Esta estrategia poco convencional no es más que una cínica decisión política para asegurarse de que la culpa no cae sobre sus hombros”, dijo en un comunicado.

Si Harris, como dicen los republicanos, pretendía sacar músculo y convertirse en el 'poli malo' migratorio de la Administración Biden, el hecho de que todavía no haya visitado la frontera con México no casa con esta narrativa. Y en la frontera persisten, e incluso han empeorado, los problemas de los que adolecía el Gobierno de Donald Trump. Según datos obtenidos por Associated Press hace menos de un mes, hay más de 20.000 menores, incluidos niños pequeños, en los albergues del estado. Muchas veces en estadios e instalaciones militares, sin observar los protocolos de seguridad y salud, sin consejo legal, ni opciones recreativas o educativas.

Foto: File photo: u.s. president trump attends ceremonial swearing-in for labor secretary scalia at the white house in washington

“Es casi como el Día de la Marmota”, dijo al canal Fox News Luz Lopez, abogada del Southern Poverty Law Center. “Aquí estamos, de vuelta casi al punto donde empezamos, en que el Gobierno está usando el dinero de los contribuyentes para construir grandes instalaciones de acogida (...), en lugar de usar ese dinero para encontrar maneras de reunir a los niños rápidamente con sus tutores”.

La tercera clave es que las palabras de Harris han resaltado, una vez más, la división interna del Partido Demócrata: una organización que, pese a estar formada mayoritariamente por políticos moderados, tiene en su ala izquierda una minoría vociferante y muy hábil en el manejo de los mensajes y de las redes sociales.

La crítica más dura al viaje de la vicepresidenta ha venido de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, quien comunicó su “decepción” y acusó a Harris de ser injusta con los guatemaltecos. “Primero, buscar asilo en cualquier frontera de EEUU es un método de llegada 100% legal”, dijo AOC. “Segundo, EEUU ha pasado décadas contribuyendo al cambio de régimen y a la desestabilización en América Latina. No podemos ayudar a prender fuego a la casa de alguien y luego culparlos por huir”.

Foto: Manifestaciones contra Joe Biden por la reforma migratoria en Los Ángeles. (Reuters)

Paté y salchichas

Los demócratas, por tanto, están divididos en dos facciones, por usar la metáfora de Nancy Pelosi: la facción del paté y la facción de las salchichas. La facción del paté exige aprobar leyes solidarias, generosas, con base en los más sólidos principios, y que además sean muy efectivas. Leyes capaces de contentar a todos y de hacer de este mundo un lugar mejor. Luego están los de las salchichas, la facción realista. Este departamento sabe que la realidad es una cosa compleja, caótica, sucia, y que, para lograr unos gramos de efectividad, hay que negociar con Dios y con el Diablo. Por eso sus leyes son como salchichas. Grasientas y vulgares, sí, pero alimentan.

También ha dolido en los círculos demócratas hispanos, que suelen estar más implicados en cuestiones migratorias, el hecho de que Harris viajase a Centroamérica sin representantes de la comunidad latina. Quizás el campo minado de la inmigración no haya sido la mejor pista de despegue internacional para la vicepresidenta, de la que se dan por hecho sus ambiciones presidenciales. Aun así, ella asegura que está contenta con el resultado de la visita. “¿Declaro este viaje un éxito?”, dijo la californiana. “Sí, lo declaro”.

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