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Chema Vera

Las fronteras de la desigualdad

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Vivir para Deliveroo o ser cooperativista de Mensakas

No está claro si el motivo del cierre es la pérdida de mercado frente a la competencia de otras empresas como Glovo o Uber Eats, o si se debe a la nueva 'ley rider'

Foto: Un repartidor de Deliveroo. (EFE)
Un repartidor de Deliveroo. (EFE)

Si usted, por avatares de la vida, hubiera trabajado como repartidor de Deliveroo durante los últimos 18 meses, habría estado expuesto al virus en las peores fases de la pandemia, cuando la comida a domicilio se disparó y también los contactos de este personal esencial. Por otro lado, y como autónomo con la cotización más baja posible, apenas habría tenido protección social en caso de enfermar, aunque sí habría sido castigado por el sistema de puntuación de la empresa al no haber estado disponible durante un tiempo.

Tras este difícil periodo, ahora se enfrentaría a la pérdida de su trabajo, ya que Deliveroo ha decidido cerrar sus operaciones en España. No está claro si el motivo del cierre es la pérdida de mercado frente a la competencia de otras empresas de plataforma como Glovo o Uber Eats, o si se debe a la nueva 'ley rider', que exige a las empresas que contraten laboralmente a sus trabajadores. Qué cosa. El 12 de agosto concluye el plazo para que las empresas se ajusten a esta nueva ley, lo que Deliveroo no está dispuesto a hacer.

Foto: Repartidores de Glovo, Uber Eats y Deliveroo esperan en Barcelona. (Reuters)

El anuncio de Deliveroo ha revivido el debate entre quienes defienden a cualquier empresa, sobre todo si son 'tecnológicas e innovadoras' y quienes se enfrentan a la explotación laboral de la que algunas abusan tras una cortina de modernidad. El argumento de que los 'riders' “al menos tienen un ingreso” se cae al comprobar las condiciones en que trabajan, bajo una pretendida flexibilidad que existe sobre todo para las empresas que les mueven cuándo y como consideren. El 'rider' paga autónomos, pone medio de transporte, teléfono, datos y está a disposición de la 'app'. Su tarifa varía según el horario, la demanda y la competencia, creciente por el número de 'riders', lo que permite a las empresas tirar tarifas a la baja. Una mínima seguridad, así sea semanal, es una utopía alcanzable solo para quienes dirigen estas empresas.

La imagen más difundida presenta a jóvenes atléticos en sus bicis, que dedican unas horas para ganar unos euros que les permiten seguir estudiando. La realidad es mucho más diversa e incluye a padres y madres, migrantes, personas en situación de exclusión que no tienen otra alternativa que aceptar las condiciones draconianas que imponen las empresas de plataforma. La consecuencia es que algunos nutren las 'colas del hambre' para poder alimentar a sus hijos. Se llaman trabajadores pobres y están detrás de una parte de la pobreza infantil en España.

La nueva ley es expresa en la exigencia de contratar a los 'riders'

Fruto del activismo de 'riders', sindicatos y organizaciones sociales, la Justicia ha sentenciado varias veces a favor de la 'laboralidad' de los 'riders'. Considera que son falsos autónomos y que deben ser contratados por la empresa, ya que es esta la que organiza su trabajo a través de la 'app'. Contratar, recordemos, supone contribuir a la Seguridad Social y dar un mínimo de estabilidad. Cualquier cosa mejor que asumir todos los riesgos y costes a cambio de una miseria.

La nueva ley es expresa en la exigencia de contratar a los 'riders'. Frente a ella, la respuesta de las empresas ha oscilado entre la salida, como Deliveroo, o la trampa, como quiere hacer Glovo, que contratará a unos 2.000 'riders' en Madrid y Barcelona, pero pretende mantener a otros 8.000 como autónomos dándoles “más flexibilidad”, palabra amenazante a estas alturas. De hecho, hasta les dejan fijar el precio de su servicio, para luego entrar en una subasta decidida a la baja por el algoritmo de Glovo, quien marca el 'ring' para que los 'riders' compitan por cada pedido.

El modelo de las empresas de reparto, capitalizadas por fondos que exigen retornos elevados y rápidos, no es único en este sector. De hecho, se está convirtiendo en el modelo a seguir en otros sectores del 'capitalismo de plataforma', de buscadores a redes sociales o aglutinadores de datos, el nuevo petróleo. Comparten un sistema similar: salarios duales, miserables para la mayoría, muy altos entre los ejecutivos; competencia desleal, tirando precios a la baja hasta monopolizar el mercado, o al menos controlarlo oligopólicamente; uso del filibusterismo tributario para no pagar impuestos, y comercialización de los datos de usuarios para obtener una rentabilidad adicional. Son la mejor forma de garantizar sociedades rotas a través de la pobreza y la desigualdad extrema.

No hay alternativas, dirán algunos. Es el mundo moderno, flexible, 'cool', para quien está en el ático salarial. Adaptarse o morir. Y es posible que tengan razón, que el modelo, exitoso hasta la fecha, lo siga siendo hasta que la sociedad estalle en un baño de inestabilidad provocado por la miseria y la desigualdad. Dicho esto, claro que hay alternativas, como han confirmado la Justicia y el Gobierno, una al sancionar lo evidente, que un trabajador dependiente de una empresa debe ser contratado por esta, y otro al legislar para reforzar los derechos laborales de este colectivo.

Just Eat tiene un modelo que mejora algo las condiciones de Deliveroo o Glovo

No todas las empresas son iguales. De hecho, Just Eat tiene un modelo que mejora algo las condiciones de Deliveroo o Glovo, ya que contrata a sus 'riders' a través de una ETT. Justo ahora está comenzando la negociación del primer convenio laboral del sector. Es cierto que el corazón de su negocio no es el reparto, sino el 'market place' entre restaurantes y usuarios, como también lo es que se ajusta mejor a la legalidad.

Más profundas en su alternativa son las cooperativas de 'riders' que están surgiendo en media España: Mensakas en Barcelona, La Pájara en Madrid, Botxo Riders en Bilbao y Rodant en Valencia. Con diferencias entre ellas, ya que algunas se especializan en paquetería de 'última milla', todas hacen repartos de restauración y comparten un modelo híbrido entre socios cooperativistas y personal contratado en condiciones dignas. David contra Goliat, sí, sobre todo en lo que a tecnología, inversión y penetración se refiere, aunque ya están desarrollando su propia aplicación tecnológica mientras utilizan una de código abierto, Coopcycle. Estas cooperativas ofrecen flexibilidad para cambiar turnos sin perjuicios para el 'rider', permiten cogerse una baja laboral por enfermedad y tienen una tasa de accidentes laborales mucho menor que las grandes. Hay alternativa.

Foto: Un 'rider' a la espera de un KFC en Barcelona (Reuters)

La verdadera innovación que traen la mayoría de las empresas de plataforma en el reparto no es más que otra forma de la vieja explotación laboral. Si vive en una ciudad donde haya una cooperativa de 'riders', búsquela, lector, tendrá un reparto puntual y garantizará las condiciones laborales de quien llega a su puerta. Y más aún, la web de La Pájara le ofrece el reparto de comida de una cuarentena de restaurantes con un pintón.

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