La victoria de Modi en India

La primera película del tándem Ivory-Merchant, los directores de Una habitación con vistas, relata cómo una troupe teatral recorre la India recién descolonizada ofreciendo obras de Shakespeare hasta que tanto la compañía como sus textos se van deshilacha

Foto: Narendra Modi, primer ministro de India. (Efe)
Narendra Modi, primer ministro de India. (Efe)

La primera película del tándem Ivory-Merchant, los directores de Una habitación con vistas, relata cómo una troupe teatral recorre la India recién descolonizada ofreciendo obras de Shakespeare hasta que tanto la compañía como sus textos se van deshilachando para terminar convirtiéndose en un constructo profundamente hindú.

La obra lleva por título El camino de Shakespeare (Shakespeare´s Wallah), tiene guión de la escritora india Ruth Prawer Jhabvala, y es una buena metáfora para explicar la transición del conglomerado Ghandi-Nehru y su cohorte de alta clase media anglófila, a Narendra Modi y su partido, el Bharatiya Janata Party. Modi es un hindú radical, hombre que viene de "los de abajo" y no de la refinada élite angloindia, hegemónica hasta este pasado 14 de Mayo.

Es la primera vez que el partido político Congreso Nacional de India, fundado en 1885 por ingleses e indios y gobernado siempre por las familias Nehru y Ghandi, pierde las elecciones y además, y muy posiblemente, con aires de fin de reino. Eso explicaría el latigazo de The Economist a Modi, alarmado al ver que dejan de mandar los antiguos alumnos de Eton y que se va a poder entrar en los clubs de cricket vestidos de dhoti, la túnica tradicional india, prohibición que todavía hoy sigue en vigor en muchos clubs de élite. Explicaría también la concomitante euforia de "los mercados", léase McKinsey y la Carnegie Endowment del otro lado del charco, que ya le han preparado al vencedor la partitura.

Sin embargo algo de razón no le falta al The Economist. Narendra Modi es un líder controvertido. Primero por su radicalismo hindú. En febrero del año 2002, un pogromo anti-musulmán en el Estado de Gujarat, del que Modi era Primer Ministro, se cobró las vidas de dos mil personas. Cuando se le preguntó a Modi si en una segunda oportunidad actuaría igual o de otra manera contestó que lo único que no había sabido controlar era los medios de comunicación.

Modi es un hindú radical que viene de 'los de abajo' y no de la refinada élite angloindia, hegemónica hasta este pasado 14 de mayo. Eso explica el latigazo de The Economist, alarmado al ver que dejan de mandar los antiguos alumnos de Eton

Una de sus ministras, la Sra. Maya Kodnani, terminó ante los tribunales y condenada. Aunque llegó a hablarse de pena de muerte, todo terminó en prisión e indulto. Los propios EE.UU. negaron visado a Modi en el 2009 por su participación o complicidad en aquella limpieza étnica. Otro tema controvertido es el de su política económica. Parece que hay consenso en "los mercados" acerca del pobre récord de India en la materia, sobre todo si se compara con las marcas de la vecina China.

Hace una generación el indio medio era un 15% más rico que el chino medio. Hoy la renta per cápita china es tres veces la india. En 1981 había en India un 60% de pobres, hoy un 32%. Pero si se tiene en cuenta que la población ha pasado de 700 a 1200 millones, la cifra permanece estable en el entorno de los 400 millones.

El problema es que los logros económicos de Modi en Gujarat también están sujetos a controversia. Durante su mandato ha habido 31 ejecuciones extrajudiciales y sus porcentajes de crecimiento económico no son tan espectaculares como lo son en los estados de Maharashtra, Haryana, Punjab, Kerala, Bihar and Tamil Nadu. Lo que sí parece claro es que, a pesar de todo, Modi es defensor de menos gobierno y de medidas drásticas de esas que gustan a las Bolsas, además de pronunciarse por las "ciudades inteligentes" y los proyectos de modernización, tipo AVE. Como consecuencia, los valores indios han subido un 25% en Bolsa desde primeros de año.  

Tema aparte, y espinoso, es el de la política exterior, que en el caso de India, como en el de otros macroestados, entra en el reino de la geoestrategia. En el orden global, lndia forma parte del grupo de los BRICS, extensión de su original compromiso con el Movimiento de los no Alineados que fundó Nehru. Conviene recordar que en sus días los no alineados aspiraban al equilibrio entre la URSS y los Estados Unidos. Pero que hoy la URSS ha dejado de existir y que Rusia es BRIC, por lo que el grupo tiene un claro sesgo anti-occidental.

En el orden bilateral India tiene tres grandes frentes. Estados Unidos, China y Pakistán. Obama, el pasado 2010 se refirió a la alianza indo-americana como "la relación estratégica definitoria del siglo XXI". Sin embargo, esa alianza tiene, ante todo, sombras de carácter histórico.

Modi es defensor de menos gobierno y de medidas drásticas, de esas que gustan a las Bolsas, además de pronunciarse por las 'ciudades inteligentes' y los proyectos de modernización, tipo AVE

India tiene menos diplomáticos que Singapur y una larga tradición de insularidad. Es una forma de ver el mundo que viene de lejos y tiene que ver con su pasado colonial inglés. Por otra parte, hay contenciosos serios de memoria histórica entre los EE.UU. e India. Está, el nunca negado apoyo de los Estados Unidos a Pakistán y ese viejo rencor norteamericano que no perdona que Nehru fundara el Movimiento de los No Alineados (NAM), ni haberse hecho con el arma atómica gracias a Moscú, ni a Indira Ghandi el haber ayudado a Bangladesh a declararse independiente de Pakistán en agosto de 1971.

La enemistad fue implacable y constante. Destacó primero la de Eisenhower y luego la del tándem Kissinger-Nixon. Este último llegó a pedir a China que interviniese para parar al Ejército indio en Dacca, a lo que China dijo no, entre otras cosas porque Indira Ghandi acababa de firmar con Moscú un tratado de asistencia militar mutua en caso de guerra.

Algunos malintencionados dicen que en ese momento, al vencer la guerra contra el gran amigo de Kissinger, el dictador pakistaní Khan, la Sra. Ghandi firmó su sentencia de muerte. Añadamos que Kissinger se equivocó. Bangladesh no se ha convertido en un satélite soviético.

Los documentos, recién desclasificados el pasado 2011, y su recuento de 200.000 víctimas, llenaron de horror justificado a toda persona sensata, y a los indios además de indignación. Por otra parte, hasta ahora, la alianza definitoria de Washington era el G2 pero con China, la enemiga mortal de India. Todo esto sirve para explicar la abstención de India en la votación antirrusa de Crimea.

Washington no perdona que Nehru fundara el Movimiento NAM, ni que la India se hiciera con el arma atómica gracias a Moscú, ni que Indira Ghandi ayudara a Bangladesh a independizarse de Pakistán

Modi tampoco ve con buenos ojos la estrategia de retirada de los Estados Unidos de Afganistán. Pero para Occidente se impone pasar página. El G2 indio-americano es vital en el presente escenario. Con China en plena provocación irredentista en el Sudeste asiático y Rusia mirando hacia el Este, ¿cómo encontrar un contrapeso al País del Centro si India no colaboranbsp;La pregunta es pertinente pero no puede obviar la hostilidad pakistaní a tal acuerdo. El Pakistán que creó los talibanes y sin cuya ayuda no habría Afganistán hoy. Tampoco puede obviar la de la propia India que ha escogido a Modi. A buen entendedor...

Pasando a China, país con el que India mantuvo una guerra en 1962,  su primer regalo al nuevo ejecutivo ha sido publicar un mapa en el que se dibuja como propia la provincia india de Andra Pradesh. Parece claro que no cede en su pretensión de ser la hegemonía regional sin segundo colocado.

Veremos cómo se ajusta todo eso con una India que ya no es la anglo-India a la que estamos acostumbrados. Por de pronto Modi y Xi se han visto ya en Fortaleza, Brasil, con motivo de la reunión de los BRICS. Parece que el propósito antioccidental es común. Modi ha dicho incluso que quiere dejar el idioma inglés y pasarse al hindú.

Tercer actor, Pakistán. Aquí la cosa es ya más complicada porque hay tres guerras entre los dos países (1947, 1965, 1971) más un cúmulo de incidentes armados de difícil definición. Hay además un contencioso terrorista abierto en Cachemira que dura desde la independencia con cientos de víctimas indias al año.

Paradójicamente el preferido de la administración pakistaní para Primer Ministro de India era Modi. Ha habido ya un primer encuentro entre Modi y el Primer Ministro de Pakistán Nawar Sharif con motivo de la toma de posesión de Modi, presencia en Nueva Delhi que se produce por primera vez desde la independencia.

No obstante, el optimismo está de más. Ha habido ya varios muertos en diversos incidentes fronterizos entre China, Pakistán e India desde que Modi ganó las elecciones. En fin, es pronto para juicios tajantes. Estamos solo ante los primeros acordes de lo que promete ser una gran partitura.

 

Bibliografía:

The Blood Telegram, Gary J. Bass. Editorial Knopf (2013).

Las tres voces
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