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Conversación tras las murallas del Kremlin
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José Zorrilla

Las tres voces

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Conversación tras las murallas del Kremlin

El presidente ruso sopesa convertir su país en una democracia occidental o seguir como hasta ahora. Por ello, quiere escuchar argumentos a favor y en contra

Foto: Fuegos artificiales sobre el Kremlin durante las celebraciones del Día de la Victoria (Reuters)
Fuegos artificiales sobre el Kremlin durante las celebraciones del Día de la Victoria (Reuters)

He tenido acceso al acta de una conversación ultrasecreta que tuvo lugar en el Kremlin entre tres interlocutores. Uno de ellos es vieja semilla revolucionaria rusa, Sasha (S), antiguo miembro del KGB al que sirvió en el Directorio Principal 1 (Inteligencia Exterior, hoy SVR) desde la antena de Nueva York. Es bilingüe. Otro es Genya, quien procede de una familia de intelectuales que durante la época bolchevique apostó por Bukharin. Genya (G) lee y habla inglés, francés y alemán. Participa habitualmente en simposios, encuentros, y es conferenciante habitual en todos los grandes think-tanks de Occidente.

Les escucha el presidente de la Federación rusa y la conversación tiene lugar en su residencia del Kremlin, el antiguo Senado, en la parte que da a los jardines donde los halconeros mantienen a raya a los cuervos. El presidente (P) sopesa convertir Rusia en una democracia occidental o seguir como hasta ahora y quiere escuchar argumentos a favor y en contra.

P.: Genya, por favor.

G.: Gracias presidente. Creo que el argumento central en favor de la democracia es que, finalmente, podremos ser una sociedad como las occidentales. Estaremos modernizados, tendremos calles pavimentadas, algo que hoy sólo se da en Moscú y San Petersburgo, subirá el nivel de vida de nuestros ciudadanos y, finalmente, nos homologaremos con las sociedades más avanzadas del planeta. Nuestra seguridad estará garantizada, con lo que podremos disminuir el gasto militar y por fin se acabará esa doble alma rusa, eslavófilos y europeizantes, dividida entre Europa y Asia, el amor y el odio al extranjero desde siempre pero, sobre todo, desde el viaje del Marqués de Custine a mediados del s. XIX.

S.: Hay dos cuestiones previas, querido Genya. Primero, una cosa es lo que pasa dentro de un país y, otra, lo que pasa fuera. Segundo. Nada nos garantiza que siendo parte activa de la comunidad occidental la sociedad rusa vaya en la dirección de la vieja socialdemocracia europea. Te recuerdo que el índice de desigualdad de EEUU es el mismo que el de China. El experimento podría terminar en catástrofe.

G.: Por definición, la política exterior es la proyección de la fuerza interior.

S.: ¿No tener pavimentadas algunas calles del centro de Ekaterimburgo nos impidió ser los primeros en la carrera espacial? ¿O descubrir el láser? ¿Estar más atrasados que Alemania nos impidió vencerla, y no en invierno sino en pleno verano en Kursk y plantar la estrella roja sobre el Reichstag? En sentido contrario, ¿de qué les vale a los americanos tener Silicon Valley si, metidos en el fregado de Afganistán, dejan todo patas arriba porque dicen que el enemigo principal es Sadam Husein y se van a Irak y al arrasarlo desatan los perros de la guerra e incluso a su peor enemigo que es la unión de los chiíes de Irak e Irán? La pesadilla estratégica de EEUU, según Brzezinski, es presenciar la unión entre Rusia, China e Irán. Pues lo han conseguido… y sin intervención de nadie.

G.: Su sistema de producir, distribuir y consumir bienes y servicios es incomparablemente superior al nuestro. Y tú, que viviste en EEUU, deberías saberlo mejor que yo. Sin libertad a la americana no hay manera de producir tanto ni tan bien como ellos.

S.: Yo no lo veo tan claro. Pregúntaselo a los chinos. De todas formas, hay una tercera cuestión, y yo creo que es la más importante de todas. Ya que hablamos de geoestrategia, en la que tú eres especialista, habrás de reconocer que esto no va de ser demócrata o no. Y perdona por contradecirte, presidente. Esto va de ser uno de los suyos o de seguir intentando ser una superpotencia. En Arabia Saudí rige la sharia. Y son amigos de EEUU. No hace falta detallar el respeto del Estado de Israel por el Derecho Internacional Público. Y son amigos de EEUU. En cuanto a Azerbaiyán, a quien los armenios le quitaron Nagorno Karabaj en una guerra de agresión perfectamente documentada, siguen aplicando la resolución 907 porque, según el Congreso, el agresor fue Azerbaiyán. Puedo seguir dando ejemplos. Por supuesto, intentar en solitario heredar la URSS como superpotencia también tiene sus riesgos: el que volvamos a una nueva Caída, como la de 1991.

G.: ¿Admites que lo de ser una superpotencia es sólo una posibilidad, como la mía, y que también puede terminar mal?

S.: Nadie puede garantizar que el tren no descarrile. Es tan apuesta como la tuya y es lo que tienen las apuestas. ¡Sudba! (destino).

P.: No os he traído a la residencia oficial del Jefe del Estado ruso para que me habléis de futuribles y posibilidades. Vamos a poner orden. Las constantes, lo que no puede cambiar, las invariantes.

G.: No sigas que las matemáticas arruinaron mi infancia. Pues la invariante de hacerte uno de los suyos es que... serás uno de los suyos. Te llevarás muy bien con todo Occidente, desde Riga hasta Londres. Te recibirán en la Casa Blanca y en todas partes y se contará contigo como un aliado. Tu seguridad te costará menos que ahora. Dentro de Rusia se instalará la libertad a la occidental y seremos campeones de los Derechos Humanos en todo el Oriente. Versión laica del euroasianismo de toda la vida. En vez de Iglesia Ortodoxa y civilización europea, Derechos Humanos.

P.: ¿Qué hago con la momia de Lenin?

G.: La entierras en las murallas del Kremlin y lo pasado, pasado. No basta con desestalinizar, como hizo Kruschev, hay que ir hasta el fondo, rehacer la narrativa nacional. Lenin nos llevó por un camino equivocado, Stalin fue un psicópata y el s. XX es un siglo perdido para Rusia.

S.: Genya, por favor. ¿Qué te crees tú que va a pasar si te conviertes en abanderado de los Derechos Humanos en el Este? Pero ¿tú has estado en Asia?

G.: Allí me mandasteis a hacer la mili, y no lo digo por molestar.

S.: Algo harías.

G.: Pasar a máquina con papel carbón y tres copias los libros prohibidos que tú traías por valija diplomática (risas).

S.: Bueno, pues si has estado allí habrás comprendido que invocar los Derechos Humanos es mentar al diablo. Y dejando aparte Kazajistán, tenemos los tanes (Turkmenistán, Uzbekistán, Tajikistán, Kirguistán). Todos ellos supervulnerables y fronterizos con Afganistán. Menos Kirguistán, por eso nos montaron allí la Revolución del Tulipán. Ahora el Ejército ruso está presente está en todos esos territorios. Imagínate si deja de estarlo.

P.: ¿Hipótesis o realidad?

G.: (No contesta.)

S.: Los Derechos Humanos al final remiten a la esencia del poder. Si te crees que la élite de esos países, incluido Azerbaiyán, está dispuesta a dejar el palacio presidencial te equivocas de medio a medio. Nuestra mejor garantía de presencia allí es que no quieran dejar el poder y que nosotros no invoquemos Derechos Humanos. Eso hace imposible su colaboración con Occidente y a nosotros nos convierte en indispensables. Es la teoría de tu amigo Brzezinski, por cierto. El gran tablero. O democracia o Imperio.

G.: La pura verdad. Ahora bien, eso de que hay que ser o democracia o imperio le habría sorprendido mucho a Churchill, por ejemplo.

S.: ¿Y China? Y sigo con Brzezinski. ¿Cuál es la segunda mayor pesadilla estratégica de los EEUU? Que nos juntemos con los chinos. Ya lo hemos conseguido. Deshacerlo a base de Derechos Humanos me parece suicida.

G.: Pero, Sasha, por favor, y tú también, Presidente. ¿Cómo vamos a ser una superpotencia si no tenemos como ingreso más que el derivado de la venta de hidrocarburos sin elaborar? A base de gas y petróleo no se puede jugar en la división de honor.

P.: Eso es una especulación. Puede que sea así. Puede que no. Y estamos hablando de invariantes, esas que arruinaron tu infancia. Lo que no es especular es que, si nos hacemos Occidente, vamos a perder como la mitad de esos ingresos porque os recuerdo que la mitad del gas y petróleo que vendemos no es nuestro. Lo comercializamos, que es otra cosa. Y viene de Asia.

S.: Quiero hacer una consideración adicional. Seguridad. Si nosotros nos vamos de Asia ese hueco lo va a llenar China, que sería lo mejor que nos podría pasar o... alguna mano oculta va a empezar a hacer revoluciones de las flores como las de Georgia, Ucrania o la ya mencionada de Kirguistán. Imaginaos Asia, en la vecindad de Afganistán y en la nuestra, sin la presencia de la FFAA rusas, constelada de revoluciones de colores y nosotros sin siquiera poder contar con China. O incluso contra China. El Apocalipsis.

G.: La verdad es que volvemos a especular. Ahora bien, reconozco que el argumento es robusto. Allí donde ha habido una revolución de colores o de flores o de lo que sea ha habido inestabilidad y muchos muertos. En la vecindad de Afganistán eso sería terrible. Y, visto como hacen política exterior los USA, es algo que no podemos excluir. Y por cierto, los afganos nos odian.

P.: Creo que puedo hacer un resumen. Primero. Si escojo la variante occidental tengo que ser uno de los suyos y renunciar a intentar ser un sucesor geoestratégico de la URSS. Dos: tengo que convertir a Rusia en un estado nación clásico, nada de enfoque imperial con minorías por todas partes como es la tradición del país. Todo esto con un 13% de la población obediente a los preceptos del Islam y no sé cuántas etnias indígenas porque me pierdo: muchas. Tres: nueva narrativa nacional. Todo lo que pasó de 1917 a 1991 fue una locura transitoria que causó millones de víctimas y la Gran Guerra Patriótica un camelo. Hitler no era tan malo después de todo. Cuatro: renuncio a Asia y a China. Cinco: reduzco a la mitad los ingresos de hidrocarburos. ¿Qué gano a cambio?

G.: Es la pregunta del millón y también está hecha en El gran tablero. Tenemos que escoger entre ser una democracia-Estado nación-uno de los suyos, con todo lo que eso conlleva, o seguir siendo una democracia a la rusa, esto es, y sin ánimo de ofender, donde el periodismo es la profesión más peligrosa del mundo, porque van ya más de trescientos periodistas muertos en extrañas circunstancias, la demografía es negativa, el suicidio cuatro veces la cifra considerada máxima por la OMS etcétera. Y no sigo.

P.: Lo sé, lo sé. Pero es que hacerme uno de los suyos no me garantiza que eso se enderece. ¿Cómo está Ucrania después de diez años de "libertad occidental"? ¿Alguien puede decirme si Yushenko o Timoshenko son menos oligarcas que los nuestros? ¿Viven mejor los ucranianos que los rusos? El problema real es ese.

G.: No es por repetir lo que ha dicho Sasha, pero una segunda Caída sería todavía peor.

P.: Es una posibilidad, sí, lo admito. Pero todo lo que implica ser uno de los suyos no es una posibilidad sino una certeza. ¿Estás de acuerdo?

G.: Lo estoy.

P.: ¿Algo más que añadir, Sasha?

S.: No, gracias Presidente.

P.: Gracias a vosotros. Mañana recibo al embajador de los EEUU. Creo que sé lo que le voy a decir.

*El autor no puede garantizar que esta conversación tuviese lugar. Es simplemente un escenario posible, expresado de forma creativa.

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