De cómo Francia y Alemania hundieron el sueño europeo

Corremos el riesgo de que la semimoneda común, el semiparlamento, las semifronteras y otros instrumentos europeos terminen por producir un siniestro total

Foto: Manifestantes griegos contrarios a la permanencia en la UE durante una protesta en Tesalónica (Reuters).
Manifestantes griegos contrarios a la permanencia en la UE durante una protesta en Tesalónica (Reuters).

Cuando la primera generación de europeístas puso los fundamentos de lo que ellos esperaban serían un día los Estados Unidos de Europa, fijaron sobre todo su atención en el antiguo espacio carolingio, el franco-alemán, unido en una única 'polis' hasta que los juramentos de Estrasburgo (842) hicieron de ellos dos dominios: el francogodo y el germanogodo. Vinieron luego desarrollos distintos: Alemania siguió el modelo imperial; Francia no. En 1479, Luis XI derrotó a Carlos de Borgoña e hizo de su territorio un reino, 'le Royaume'. En 1789, los franceses cortaron la cabeza al Rey y trasladaron la soberanía al pueblo. Los españoles siguieron el guión en 1489, con la matrimonio de Isabel y Fernando y dieron el salto al segundo modelo en 1808.

El resto de Europa, antes o después y de una forma u otra, se embarcó en aventura similares, lo que dio lugar al fin de los imperios y el nacimiento de las naciones Estado. Tras dos guerras mundiales, nuestros 'Padres Fundadores' pensaron que era hora de intentar un tercer modelo y arrancar con una construcción común que superase el Estado nación y siguiese el modelo federal de Hamilton en los USA. Y ese propósito, sueño o como quiera definirlo, se está viniendo abajo en su mismo centro: la relación franco alemana.

Empecemos por la economía. Vean el cuadro 1º: Alemania exporta 1.500 millones euros; Francia, 650. Productividad (cuadro 2º): claramente divergente. Y ahora viene lo peor: Francia ya no es el primer socio comercial de Alemania. El lugar de honor se lo han arrebatado los Estados Unidos. 

Exportaciones alemanas y francesas.
Exportaciones alemanas y francesas.

 

Productividad.
Productividad.

 

Vamos con el 'segundo round': emigración y refugiados. Alemania y Francia tienen demografías divergentes (vean el gráfico 3º). A Francia no le hace falta más población, pero a Alemania sí. Por otra parte Alemania puede acoger a cuantos musulmanes quiera porque el número de turcos suníes en el país es bajo -quiero decir comparado con el de Francia-. No hay cifras fiables, y así debe ser, pues los censos étnicos no son admisibles. Las estimaciones habituales giraban en torno a cinco millones de magrebíes. Ahora bien, el embajador de Francia en Argelia confesó en febrero del 2015 que el número de argelinos en Francia era de siete millones

Aplicando esa proporción entre argelinos en Argelia y argelinos en Francia a Marruecos y Túnez, no llegaríamos a los treinta millones de musulmanes que sostiene Marine Le Pen, pero de quince millones no bajan. Dejo aquí el tema, pero está claro que la presencia magrebí en Francia no tiene nada que ver con la composición de la población alemana. Si se juntan demografía y elementos poblacionales queda patente que Francia no puede acoger a un millón de refugiados, como ha hecho su vecino del Norte. Tampoco es partidaria de un sistema de cuotas. Por el momento, está dispuesta a acoger 30.000 refugiados. Ni uno más.

Población en Francia y Alemania.
Población en Francia y Alemania.

 

Terrorismo suní. Francia está en guerra con los terroristas yihadistas suníes y se ha ido a Oriente Medio en pleno ardor guerrero, donde ya estaba gracias a sus exportaciones de armamento a Qatar y Arabia Saudí (50.000 millones el pasado otoño). Alemania se limita a defender a Israel con sus submarinos Delfín, y acaba de entregar el quinto de ellos a este país. En lo referente a la vecindad oriental, Berlín y sus 6.000 empresas juegan un papel que se le ha negado a Francia con sus portahelicópteros Mistral. Si a dicho descontrol estratégico del centro añadimos los populismos de Visegrado (Polonia, Chequia, Eslovenia, Hungría) al Este y la amenaza de Brexit al Oeste la situación es de todo menos optimista. De hecho, todas estas reflexiones me han venido a la cabeza tras ver el programa de la 'Deutsche Welle', Quadriga, del pasado 17 de Febrero.

¿Hay solución? Guy Verhofstad ha propuesto iniciar una Europa a dos velocidades: el Plan Schäuble (1995) otra vez. Pero es que esa Europa arrancaría con la unión federal franco-alemana, que es lo que se tambalea. Dicho esto, yo no creo que las divergencias franco alemanas de hoy sean superiores a las de Piamonte y Sicilia en 1870 y ambas acabaron por formar el Reino de Italia. Lo crítico es la voluntad de federarse. Pero: ¿esa voluntad existe? Tengo mis dudas y parece que no soy el único. Por eso ni el euro es una moneda ni Schengen una frontera, ni el Parlamento un parlamento, ni el Ejecutivo un Ejecutivo ni los franceses votaron sí a una Constitución común el pasado 2005.

Bien: ante el posible entusiasmo de los estatalistas yo les preguntaría. ¿Imaginan lo que sería volver al status quo ante 1950? Fronteras, aranceles, legalizaciones, compulsas etcétera... Un desvarío. Puestos entonces en estos trances procede parar y pensar. Y ni ir hacia atrás sin otro horizonte que la reacción ni ir hacia adelante como lo venimos haciendo hasta ahora. Y eso sí: siempre con la ciudadanía detrás. Porque lo de la República de Italia que les he contado tiene truco. Lo primero que hizo el Gobernador de Sicilia tras haber "liberado" a los sicilianos del yugo borbónico fue declarar el estado de guerra, no fuera a suceder que los "liberados" por la Italia unificada se rebelasen contra tanta libertad. Nosotros no podemos jugar a eso. Reflexionemos pues, porque corremos el riesgo de que el semigobierno, la semimoneda común, el semiparlamento, las semifronteras y otros medio-instrumentos terminen por producir no un semifracaso- sino un siniestro total.

 

Las tres voces
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