Holanda nos ha salvado de Ucrania

La admisión del estado ucraniano en la Unión Europea iría a favor de los intereses estadounidenses, pero probablemente no de los europeos. Los holandeses lo han visto claro

Foto: Una chica asiste a una manifestación en Kiev en apoyo de un tratado europeo que refuerce lazos con Ucrania, el 5 de abril de 2016 (Reuters)
Una chica asiste a una manifestación en Kiev en apoyo de un tratado europeo que refuerce lazos con Ucrania, el 5 de abril de 2016 (Reuters)

Holanda ha dicho no a Ucrania. Lo siento por los ucranianos, gente encantadora y servicial, víctimas de una élite canalla, pero el resultado era el esperado. Dos artículos sobre el tema ucraniano en Foreign Affairs estos pasados Enero y Febrero, llevan títulos reveladores: Ucrania, causa perdida y Ucrania, los sueños del Maidan, postpuestos.

Si el venerable Council of Foreign Relations considera a Ucrania causa perdida es de imaginar cómo la consideran los prudentes y ahorradores holandeses. Las estimaciones que George Soros hacía para un posible rescate de Ucrania, a pagar por la UE, naturalmente, eran de 50 millardos. Para dar una idea del orden magnitudes todo lo que el Banco Mundial le ha dado a Ucrania desde 1992 son 9 millardos. Peor ha ido la cosa en el tema de la reestructuración de la deuda. Cuando llegó el momento de devolver tres millardos a Rusia (diciembre 2015), se solicitó de este país una reestructuración de la deuda. La respuesta de Moscú fue generosa. Habría un año de carencia y el resto se pagaría en tres años. A condición de que Occidente pusiese los avales. Occidente dijo no, lo que hace pensar en el viejo dicho gallego. "Amigos sí, pero la vaquiña por lo que vale"

Dejando aparte el monto irreal que pide Soros y cómo va la relación Occidente/Ucrania en lo financiero, hay problemas previos. El primero de ellos es el del destino de ese flujo de millardos. El pasado 3 de febrero dimitió el Ministro de Desarrollo Económico Sr. Alvarus Abramovicius, alegando resultarle imposible luchar contra la corrupción imperante. Poco antes había dejado la Alcaldía de Odessa el ex Presidente de Georgia Mikhail Sakahsvili, por la misma razón. En febrero, el Presidente Sr. Poroshenko le pidió al Primer Ministro Arseniy Yaltseniuk que dimitiese, con lo que la crisis se hizo crítica también en el orden político. Por otra parte, hace apenas unas semanas abandonó el cargo de Fiscal General Viktor Shokin, ante la solicitud y voto del Parlamento, harto de sus manejos. El problema es que su sucesor, Yuriy Sevruk, parece seguir el mismo camino. La guinda del pastel han sido los Papeles de Panamá, que han revelado donde guardan su dinero los dos enemigos íntimos Poroshenko y Putin. En el mismo paraíso fiscal.

Al menos dos grandes magistraturas americanas, el Vicepresidente Joe Biden y el propio Presidente Obama, han pedido a Ucrania que cambie de rumbo. A Obama, cuando dijo, "tenéis que ser cómo Polonia" se le escapó la verdad del objetivo estratégico del Maidan: que el Maidan pudiese hacer de Ucrania otra Polonia. ¡Ojalá! Pero la cosa es mucho más complicada. Cuando se disolvió la URSS hubo transiciones verticales y horizontales. Las verticales afectaron a las viejas naciones de Europa Central. Fueron pactos entre la ciudadanía y los oligarcas locales o de Moscú. Las horizontales fueron un simple reparto de despojos entre los oligarcas de Moscú y las élites nacionales.

Manifestación antirrusa en Kiev, en febrero de 2015 (EFE)
Manifestación antirrusa en Kiev, en febrero de 2015 (EFE)

Ucrania siguió el modelo horizontal cómo lo hicieron las repúblicas asiáticas. Ninguna diferencia. Sólo que en el caso de Ucrania a la horizontalidad del reparto se juntaba una historia nacional atormentada cuyo fulcro era la colaboración con Hitler y el antisemitismo más salvaje. Lvov, por ejemplo, fue la primera cárcel que conoció Simon Wiesentahl. En cuanto a las unidades ucranianas de las SS fueron al menos tres y bien nutridas de voluntarios. Fueron la punta de lanza del Holocausto en lo que Timothy Snyder ha llamado "tierras de sangre" . Curiosamente, sin embargo, en los cincuenta años de presencia soviética en Ucrania no hubo resistencia civil a Moscú cómo si la hubo en otros países que se sentían ocupados: Alemania 1952, Hungría 1956, Polonia 1958 y 1968, Checoslovaquia 1968...


Llegada la hora de la independencia, intentar cohonestar prenacionalismo ucraniano fascista con la madre Rusia y una visión positiva del padrecito Stalin era complicado. Pero hacerlo encajar en el campo de Occidente no lo era menos, por la misma razón. Y en esto estamos. Cabe a Holanda, país bien administrado por excelencia, haber entendido que ni con cincuenta ni con quinientos millardos se arregla Ucrania. Salir de un discurso nacional que asegura fue la URSS quien invadió Alemania y salir igualmente de la condición de país de transición horizontal no es algo que se arregle con dinero. Y para complicar más las cosas hay unos chicos jóvenes llenos de entusiasmo en el Este de Ucrania (cuál sea su ideología es secundario) dispuestos a dar la vida por la integridad territorial de la patria. El peligro de que un Ejército colonial se vuelva contra la metrópoli lo conocemos los españoles mejor que nadie: nos costó una guerra civil. Y en las televisiones del mundo puede verse a los luchadores del Donetsk dando palmadas a las culatas de sus Kalashnikov y diciendo: "Este va a ser el próximo Maidan", hartos como están de jugarse la vida en medio de una parálisis económica y política que parece no tener ni remedio ni fin.

Sea cómo sea Holanda ha dicho no y es de esperar, como una de sus consecuencias, que ya nada sea lo mismo en nuestras relaciones con los EEUU. La UE, antes de seguir a los USA allá donde vayan, hará bien en meditar si la estrategia solicitada se ajusta a los intereses europeos. Y sobre todo y antes de nada, si es simplemente posible. Al fin y al cabo el lema de la OTAN es "Animus in consulendo liber". Pongámos el debate en marcha cuanto antes no sea que nos encontremos de aquí a poco con una situación inmanejable en la frontera con Rusia.

El voto de los holandeses podría ser el punto de partida.  

Las tres voces
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