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El curri, la primera víctima del Brexit
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El curri, la primera víctima del Brexit

Las crecientes dificultades para conseguir visados de trabajo están provocando una crisis en el sector culinario: cada vez hay menos cocineros que sepan preparar este plato, ya considerado británico

Foto: Varias personas hacen cola en un puesto de comida india durante una celebración en la escuela Swaminarayan en Londres, en junio de 2012. (Reuters)
Varias personas hacen cola en un puesto de comida india durante una celebración en la escuela Swaminarayan en Londres, en junio de 2012. (Reuters)

Cuando la primera ola significativa de inmigrantes del sur de Asia se asentó en las ciudades británicas en la década de los sesenta, los ingleses se quejaban de que "su cocina apestaba". Algunos en Birmingham fueron más allá, demandando incluso a las autoridades locales reducciones en los impuestos del ayuntamiento para compensarlos por el olor de las especias que utilizaban sus nuevos vecinos. Pero, poco a poco, aquellos sabores exóticos fueron ganando terreno hasta convertirse en todo un sello de identidad del Reino Unido. “El curri está tan apegado a nuestra nación como el 'fish and chips”, llegó a decir la misma Theresa May el pasado mes de noviembre.

Para finales de los noventa, el curri había llegado a representar a un nuevo y cosmopolita Reino Unido. Nadie olvida el famoso discurso de 2001 del entonces responsable de Exteriores, Robin Cook, quien llegó a citar al pollo tikka masala como plato nacional, “un ejemplo sobre cómo el país se ha abierto a nuevas influencias”.

En cualquier ciudad lo suficientemente grande se podía encontrar un restaurante fundado por familias de Bangladesh o Pakistán, que ayudaron a regenerar muchas economías locales. Actualmente, es una industria que crea alrededor de 100.000 puestos de trabajo y aporta unas ventas anuales de 4.500 millones de libras a la economía británica.

Foto: Santa Claus es avistado conduciendo un triciclo en Oxford Street en Londres, el 18 de diciembre de 2016 (Reuters) Opinión

Pero hemos cambiado de época y en la era pos-Brexit, donde el control de las fronteras se ha convertido en la prioridad absoluta del Gobierno, dos o tres casas de curri están cerrando sus puertas cada semana. Según 'The Guardian', algunos analistas temen que un tercio de las 12.000 que hay en el Reino Unido eche el cierre.

Paradójicamente, gran parte de los propietarios de estos locales votaron para salir de la Unión Europea, con el convencimiento de que así se relajarían las restricciones que ya están en vigor para los inmigrantes asiáticos. Pasha Khandaker, presidente de BCA (asociación de empresas de 'catering' bangladesíes), pidió explícitamente a los británicos de origen asiático que apoyaran el Brexit para “salvar nuestros negocios y unirnos al resto del mundo”. Uno de cada tres de estos votantes acabó apoyando el divorcio con Bruselas.

No se les puede culpar. Llevan ya años afectados por las medidas migratorias y durante la campaña hubo manipulación por ambas partes. Horas después del triunfo del Brexit, el propio Nigel Farage, entonces líder del euroescéptico Ukip, llegó a reconocer que había sido un “error” prometer que los 350 millones de libras (430 millones de euros) de aportación semanal al presupuesto de la UE se iban a “desviar” para financiar la sanidad pública. La cifra también se demostró ser incierta.

La realidad es que los chefs asiáticos tienen ahora más difícil que nunca conseguir visa de trabajo. En abril de 2016, entró en vigor una ley que les exige ganar como mínimo 35.000 libras anuales para venir a trabajar a un restaurante británico. La medida también se aplica para todos aquellos extracomunitarios que, habiendo vivido menos de 10 años en el país, quieren conseguir la residencia permanente.

La normativa fue aprobada en 2012 por el Gobierno de David Cameron, en el que May estaba al frente del Ministerio del Interior. La obsesión ya por aquel entonces era reducir la migración neta (la diferencia entre los que salen y los que entran) por debajo de los 100.000. Actualmente, está en un máximo histórico de 335.000.

Claro que el Ejecutivo no ignoró las preocupaciones del sector y destinó 1,75 millones de libras para financiar la formación de desempleados británicos para cocinar el pollo tikka masala. Se crearon cinco 'colegios de curri' en Birmingham, Manchester, Londres y Leeds. Fue un completo desastre. Tanto por la falta de solicitudes como por la dificultad que entrañaba formar en solo seis semanas a gente sin conocimiento alguno en comida asiática. Los colegios se cerraron al año.

Foto: Un hombre sostiene un cartel durante una marcha a favor de la independencia de Escocia (Reuters).

En 2015, cuando el entonces ministro de Economía, George Osborne, fue preguntado por la 'crisis del curri' en la Cámara de los Comunes, respondió: “Todos disfrutamos de un gran curri británico, pero queremos que los chefs sean entrenados en Gran Bretaña”. La prensa no tardó en recordar el episodio de la mítica comedia de los ochenta 'Not the Nine O'Clock News', en la que Rowan Atkinson, que interpretaba a un político conservador, aseguraba: “Me gusta el curri, de verdad. Pero ahora que tenemos la receta, ¿realmente hay necesidad de que [los chefs asiáticos] se queden?”.

Actualmente, según la BCA, hay alrededor de 15.000 vacantes para los cocineros de curri. En los últimos años, algunos de estos trabajos han sido realizados por europeos procedentes de Italia y Europa del Este. Sin embargo, con el Brexit y el objetivo de abandonar también el mercado único, tampoco existen ya garantías para los comunitarios.

Qué lejos suenan ahora las palabras de Robin Cook.

Cuando la primera ola significativa de inmigrantes del sur de Asia se asentó en las ciudades británicas en la década de los sesenta, los ingleses se quejaban de que "su cocina apestaba". Algunos en Birmingham fueron más allá, demandando incluso a las autoridades locales reducciones en los impuestos del ayuntamiento para compensarlos por el olor de las especias que utilizaban sus nuevos vecinos. Pero, poco a poco, aquellos sabores exóticos fueron ganando terreno hasta convertirse en todo un sello de identidad del Reino Unido. “El curri está tan apegado a nuestra nación como el 'fish and chips”, llegó a decir la misma Theresa May el pasado mes de noviembre.

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