Qué hay detrás de la foto viral de los cadáveres en el Mediterráneo

Creemos que ya nos sabemos la historia detrás de este tipo imágenes, pero no es así. Fallecieron por asfixia química, una muestra más de que no tenemos ni idea de los riesgos que se afrontan

Foto: Una barca de rescate junto a una patera a punto de hundirse, cerca de Sabrata, Libia, en abril de 2017. (Reuters)
Una barca de rescate junto a una patera a punto de hundirse, cerca de Sabrata, Libia, en abril de 2017. (Reuters)

Si es usted un usuario activo de Twitter es muy probable que haya visto la impactante fotografía de Santi Palacios, compartida por miles de personas en las últimas 24 horas: un montón de cadáveres apilados en el suelo de una balsa, algunos desnudos, testimonio crudo de la tragedia que tiene lugar en el Mediterráneo Central. Creemos que ya conocemos la historia que hay detrás de la imagen, que sabemos lo que llevó a estas personas a echarse al mar, pero no es así. Nunca es así. Miramos esos rostros inertes y no podemos saber si esta vez fue la miseria, la guerra, la presión del entorno, o -¿por qué no?- tal vez un corazón roto, eso que hace que las personas pierdan las ganas de seguir viviendo. Creemos que lo sabemos, pero la historia, esta vez, no es como pensamos. Es peor.

Formaban parte de un grupo grande, de 184 personas. Una embarcación más sobrecargada de lo normal. Provenían, sobre todo, de Sudán, Nigeria y Ghana, y habían partido el día anterior del puerto libio de Sabrata, con la esperanza de alcanzar de un modo u otro a las costas de Italia o Malta. Las olas tenían un metro de altura, que para una patera en alta mar suponen un riesgo crítico. Fueron avistados por un avión, que avisó a los guardacostas italianos. El barco más cercano era el de Proactiva Open Arms, la ONG de rescate fundada por el empresario de socorrismo Òscar Camps, en el que viajaba Palacios.

“Estábamos a 16 millas, así que fuimos para allá directamente lanzando las lanchas rápidas de rescate que tenemos a bordo. Enseguida les pusimos a salvo, primero colocándoles los chalecos salvavidas y luego subiéndoles a bordo. Toda la operación fue complicada porque había mala mar”, explica Riccardo Gati, que participó en el rescate. “Nos dijeron que había algunos muertos, dos; luego, más, y más, y más. Y cuando yo bajé me encontré con eso. Yo conté 11, pero debajo había más”, relata a El Confidencial por teléfono vía satélite, todavía embarcado.

En total murieron 16. Tres de ellas fallecieron antes, y los demás habían tirado sus cuerpos por la borda. Los otros 13 no perecieron ahogados ni aplastados, sino por asfixia química. En medio del mar.

“A bordo de estas embarcaciones se mezcla el agua de mar con la gasolina, y eso se convierte en ácido, que provoca quemaduras. El líquido va escarbando la piel, y o te limpias, o mueres asfixiado”, indica Gati. “Tras estar navegando tantas horas, es normal que la gente se maree, que le de un bajón. Y cayendo al suelo ahí, no hay manera de volver a levantarse”.

Inmigrantes esperando a ser rescatados en aguas internacionales, frente a Sabrata, Libia, en abril de 2017. (Reuters)
Inmigrantes esperando a ser rescatados en aguas internacionales, frente a Sabrata, Libia, en abril de 2017. (Reuters)

"Hoy ha sido la peor experiencia de mi vida"

Ocho de los muertos eran mujeres, dos de las cuales estaban embarazadas. Entre los supervivientes había seis bebés, entre ellos cuatro hermanos de entre 5 años y 10 meses. Sus dos padres se cuentan entre los fallecidos.

“Yo tengo bastante experiencia en el Mediterráneo central, no es la primera vez que me he encontrado en situaciones parecidas. Pero hoy ha sido la peor experiencia de mi vida a nivel humano, ver a personas psicológicamente destruidas”, dice Gati. Se refiere, entre otras, a dos mujeres en estado catatónico. “Estaban completamente en shock. Una no dejaba de gritar, la otra de reírse”, cuenta. El equipo médico comprobó que habían sido violadas. Al menos otras diez de las supervivientes estaban en un estado similar. No podían caminar ni sentarse. Al trasladarlas a otro barco más estable, a una de ellas hubo que llevarla en camilla. La mayoría de los miembros del grupo tenía marcas de golpes y tortura.

“Las personas que nos encontramos están intentando sobrevivir, tienen diferentes motivos por los cuales deciden viajar. Nunca es una decisión feliz, no es como yo que soy italiano y vivo en España por placer. Se encuentran con un mar para atravesar y no tienen otra manera que ponerse en manos de traficantes, que son los que crean estas condiciones”, reflexiona Gati. “Yo no tengo que arriesgar la vida para sobrevivir y ellos sí”, dice.

Contando estas, unas 2.380 personas han muerto en el Mediterráneo en lo que va de año, según la OIM. "Todas las cifras son estimaciones a la baja", señala la institución. Y las formas de morir, como se ve, son muchas. Más de las que uno cree.

Mondo Cane

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