Si se produce un 'impeachment', Donald Trump está a siete votos de perderlo

Los escenarios en los que podría llegarse a esta situación son varios y cada vez más probables. Y mientras se acerca, el presidente se está quedando sin amigos incluso en su propio partido

Foto: Donald Trump en la sede de la ONU en Nueva York, momentos antes de dirigirse a la Asamblea General, el 19 de septiembre de 2017. (Reuters)
Donald Trump en la sede de la ONU en Nueva York, momentos antes de dirigirse a la Asamblea General, el 19 de septiembre de 2017. (Reuters)

“Un delito castigable con el impeachmet es cualquiera que una mayoría de la Cámara de Representantes considere que lo es en un momento dado de la historia”. Esta frase, pronunciada por el futuro presidente Gerald Ford -entonces congresista- en 1970, es rescatada por la prensa estadounidense cada vez que se habla de este procedimiento. Y con un Donald Trump presidente ofendiendo a propios y extraños ya desde antes de jurar el cargo, la palabra 'impeachment' se ha pronunciado mucho en los últimos meses en los pasillos de Washington.

Con ese enunciado, Ford daba en el clavo en un aspecto: aunque con una base legal, el proceso de revocación presidencial es fundamentalmente político. Los presidentes Andrew Johnson y Bill Clinton fueron sometidos a él, pero gozaban de suficiente respaldo como para superarlo con éxito, aunque fuese por los pelos. Richard Nixon dimitó precisamente para evitar que se llevase a cabo la votación, que sabía que perdería. Días antes, abrumado por la inapelable realidad de las matemáticas, el senador republicano Barry Goldwater había entrado en el Despacho Oval para decirle: “Señor presidente, no tenemos los votos [para salvar su presidencia]”.

Muchos expertos debaten sobre si la presunta connivencia del equipo de campaña de Trump con el Kremlin antes de las elecciones supondría un delito castigable con un impeachment: la mayoría considera que legalmente solo pueden entrar dentro de esa categoría las ofensas cometidas una vez en el cargo; otros creen que conjurarse con un poder extranjero para ganar las elecciones está dentro de una zona gris lo suficientemente grave como para que, si llegase a demostrarse -no solo la implicación de su entorno, sino del propio Trump-, compute para incapacitar al presidente (y según la definición de Ford, tendrían razón). En cualquier caso, hay más consenso respecto a otras violaciones más evidentes y demostrables, como los conflictos de interés de las empresas de Trump con el cargo presidencial -que el mandatario simplemente ha decidido ignorar-, o el hipotético uso del perdón para miembros de su familia y equipo si llegan a ser condenados por conspirar con Rusia.

Protestas a favor del impeachment de Trump en San Diego, California, en julio de 2018. (EFE)
Protestas a favor del impeachment de Trump en San Diego, California, en julio de 2018. (EFE)

¿Cómo se destituye a un presidente?

Apenas hacen falta 21 congresistas que se muestren a favor de activar un procedimiento de impeachment, si consideran que el presidente ha cometido alguno de las ofensas dignas de ese castigo. En ese caso, el proceso debe ser aprobado por la mitad o más de los 435 miembros de la Cámara de Representantes, es decir, al menos 218. Si eso sucede, el caso pasa al Senado, donde se produce el impeachment o juicio político propiamente dicho. Y llegado ese momento, Trump puede perfectamente descubrir que carece de los votos para salvar su Administración.

Esa es la tesis que defiende la profesora Elaine C. Kamarck en un artículo académico para la Institución Brookings. Kamarck se ha dado cuenta de que el presidente puede estar perfectamente a apenas siete votos de la revocación: la suma de los 48 senadores, más otro 12 republicanos que ya han mostrado su abierta hostilidad al presidente y su deseo de verle apartado del cargo, se acerca peligrosamente a la cifra de los 67 senadores -una mayoría de dos tercios de 100- necesarios para hacer triunfar el impeachment. Algunos de los disidentes son nombres familiares: John McCain, Rand Paul o Lindsey Graham, muy críticos con la política exterior de Trump y especialmente con su manejo del 'Rusiagate'. Otros, como Lisa Murkowski, Susan Collins o Mike Lee son prácticamente desconocidos fuera de EEUU, pero han sido claves a la hora de hacer fracasar el desmantelamiento del Obamacare (lo que les ha valido un aluvión de insultos del presidente, contribuyendo todavía menos a ganarse su apoyo).

Ciertamente, para que se llegue a esta situación primero debe ser aprobado en la cámara baja. Pero dicho momento podría no estar tan lejano: en 2018 se celebran lo que se llaman las elecciones de mitad de mandato, una peculiaridad del sistema político estadounidense por la que los cargos en el Senado y la Cámara de Representantes son sometidos a votación cada dos años. Ahora mismo, ambas instituciones están controladas por una amplia mayoría republicana, pero como señala Kamarck, "de media, desde la Era Truman, el partido del presidente pierde más de 28 escaños de la Cámara en sus primeras elecciones de mitad de mandato. En 2018, los demócratas necesitan hacerse con 24 escaños para recuperar la Cámara".

Es decir, que si la pérdida de popularidad del presidente continúa, sumada a la debacle del propio Partido Republicano y a la disidencia interna, crece a un ritmo vertiginoso la posibilidad de que se produzca un escenario en el que una mayoría de representantes esté a favor de destituir al presidente. A eso se le suma un factor clave para los republicanos: si bien a muchos les desagrada profundamente Trump, no sucede lo mismo con el vicepresidente Mike Pence, quien asumiría inmediatamente el cargo y nombraría a su propio sustituto, sin necesidad de celebrar elecciones durante el resto del mandato. Un impeachment tiene un coste político indudablemente alto, pero, para algunos, es un mal menor frente al daño que puede hacer Trump al país y al partido si permanece en el Despacho Oval hasta agotar su legislatura.

Mondo Cane

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