Visitas a campos nazis: así busca Alemania frenar el antisemitismo entre inmigrantes

La quema de banderas israelíes y otros incidentes han hecho saltar la alarma. Algunas propuestas para frenar el fenómeno han sido recibidas con aplausos, pero también críticas

Foto: Entrada al campo de concentración de Dachau, cerca de Múnich, en agosto de 2017. (Reuters)
Entrada al campo de concentración de Dachau, cerca de Múnich, en agosto de 2017. (Reuters)

La decisión de Donald Trump de reconocer Jerusalén como capital de Israel ha azuzado un antiguo fantasma en Alemania: el del antisemitismo. Cientos de personas -en su mayoría jóvenes inmigrantes procedentes de Oriente Medio- se han manifestado en distintas ciudades del país, en algunos casos de forma violenta, y han quemado banderas israelíes. Ahora una joven política socialdemócrata, musulmana y de origen palestino, propone combatir el antisemitismo con visitas a los campos de concentración nazis reconvertidos en memoriales. El debate está servido.

"Encontraría razonable que todos los que viven en este país estuviesen obligados, al menos una vez en su vida a visitar los memoriales de los campos de concentración. Esto también es válido para aquellos que acaban de llegar a nosotros. Las visitas a los campos de concentración deberían ser parte obligatoria de los cursos de integración", aseguraba este domingo en una entrevista en el Bild am Sonntag Sawsan Chebli. Con 39 años, esta joven política hija de refugiados palestinos y apátrida hasta los 15 años, es en la actualidad secretaria de Estado de Relaciones con la Ciudadanía y Asuntos Internacionales en el Land de Berlín, tras ejercer entre 2014 y 2016 como viceportavoz del Ministerio alemán de Exteriores.

Las reacciones no se han hecho esperar. Para uno y otro lado. La comunidad judía no ha tardado en aplaudir la iniciativa. El presidente del Consejo Central de los Judíos de Alemania, Josef Schuster, aseguró en declaraciones a la emisora pública Deutschlandfunk que gente que "ha tenido que escapar o ha sido expulsada" de su país, como muchos de los 1,3 millones de peticionarios de asilo que Alemania ha recibido desde 2015, "puede desarrollar empatía" en ese tipo de recintos conmemorativos.

Protestas en Berlín contra la decisión estadounidense sobre Jerusalén, el 12 de diciembre de 2017. (Reuters)
Protestas en Berlín contra la decisión estadounidense sobre Jerusalén, el 12 de diciembre de 2017. (Reuters)

¿Método esperanzador o idea simplista?

El Congreso Mundial Judío, que agrupa a comunidades en un centenar de países, también ha apoyado la idea. "Esta propuesta es un método esperanzador y efectivo para educar a gente de todo tipo de contextos sobre el intento nazi de exterminar a toda la población judía de Europa y sobre los peligros que puede traer un odio así", explicó en declaraciones al diario New York Times el presidente del Congreso Mundial Judío, Ronald Lauder.

Pero la propuesta también ha topado con detractores. Algunos expertos han apuntado que se trata de una idea simplista para responder a un problema de mayor calado. Otros han destacado que la medida se centra en el antisemitismo de origen extranjero, ignorando que la mayoría de actos antisemitas que se producen en Alemania no los llevan a cabo inmigrantes.

El historiador Matthias Heyl, director del Servicio Pedagógico de los Memoriales del estado de Brandeburgo, ha afirmado en una entrevista en la Deutsche Welle que no se puede esperar que una visita a un campo de concentración nazi de "dos horas y media ayude contra la ultraderecha y el antisemitismo" y logre un cambio "una aparición de la virgen".

Podría darse el caso de "retraumatización" entre jóvenes que han vivido "horribles experiencias de guerra y persecución de donde vienen", ha agregado Heyl, que apela a su experiencia. Ha visto casos en los que una visita a un campo de concentración ha sido contraproducente. Como en los casos de ciudadanos de la antigua Yugoslavia que tuvieron que huir con la guerra, o judíos mayores que no estaban preparados para afrontar el horror del Holocausto. "Si quieren vivir aquí, entonces deben ellos también confrontar nuestro horrible pasado. Eso es un error", ha concluido Heyl.

Varias personas pasan delante de la sede de la Oficina Federal de Migrantes y Refugiados (BAMF) en Berlín, el 15 de octubre de 2017. (Reuters)
Varias personas pasan delante de la sede de la Oficina Federal de Migrantes y Refugiados (BAMF) en Berlín, el 15 de octubre de 2017. (Reuters)

Odio extranjero y nativo

La cuestión sobre el posible repunte del antisemitismo preocupa a la clase política. Tanto el de los grupos de inmigrantes como el nativo. Ya en 2016 Angela Merkel, advirtió que "todos los que viven en Alemania, independientemente de que lleven largo tiempo establecidos o sean recién llegados, deben de tener claro que el antisemitismo y los prejuicios contra otras personas no tienen cabida". "Toda la fuerza del Estado de Derecho" caerá contra las acciones antisemitas o xenófobas, añadió la canciller, que consideró "totalmente legítimo" que la comunidad judía estuviese preocupada por la llegada de grupos de inmigrantes "que han crecido" en un entorno "antiisraelí y antijudío".

Según los últimos datos del Ministerio de Interior, en la primera mitad de 2017 se produjeron un total de 681 delitos de cariz antisemita, un 4 por ciento más que en el mismo período del año anterior. De ellos, el 93 por ciento fueron cometidos por ultraderechistas. Sólo en 23 casos se pudo atestiguar una motivación religiosa o un componente extranjero.

La propuesta de Chebli se enmarca en un contexto más amplio y difícil. El del debate sobre la compleja integración del alud de refugiados, en su mayoría sirios, iraquíes y afganos, que han llegado a Alemania en los últimos tres años. El asunto se entremezcla además con el de la identidad cultural nacional, una cuestión reavivada últimamente por una ultraderecha en auge y, desde el pasado septiembre, con un puesto preferente en el Bundestag. Alternativa para Alemania obtuvo un 12,6 por ciento de los votos y 94 escaños en las últimas elecciones generales, con lo que se convirtió en tercera fuerza política.

Alemania es, por su pasado nacionalsocialista, un país extremadamente sensible ante el antisemitismo. La difusión de propaganda y simbología nazi están prohibidas y la negación del Holocausto, en el que fueron asesinados unos seis millones de judíos, es un delito.

Mondo Cane

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