Gobierno de Donald Trump: La gran trampa de Donald Trump. Blogs de Mondo Cane

La gran trampa de Donald Trump

Un año después de ocupar la presidencia, Trump sigue manejándose como un experto en un paisaje de fragor y viralidad. La jugosa narrativa del "rey loco" camufla todas sus políticas

La estrella de la televisión Anderson Cooper acerca su mandíbula al pecho, tensa los músculos del cuello para darse un aire cuadrado, de hoplita griego, y dice: "La ignorancia aliada con el poder es el enemigo más feroz de la justicia", citando a James Baldwin. Su voz suena cóncava y rima bien con las gafas de marco negro. Es una denuncia de los últimos comentarios del presidente Donald Trump. Un alegato por la dignidad de Estados Unidos.

No se lo crean. El Chico Plateado de Tus Sueños tiene razón: las recientes afirmaciones del presidente Trump fueron propias de un ignorante y de un racista. Pero Cooper trabaja en la CNN. Un canal que solía encender las cámaras en los mítines de Trump y regalarle horas de espacio gratis en directo. Ahora Cooper se dedica a invitar a mamporreros de extrema derecha. Les arroja un tema sanguinolento y luego mira cómo se lo disputan a dentelladas.

Cooper ha vuelto a manosear el concepto de "línea roja". Donald Trump ha cruzado la línea roja con su comentario, filtrado por un senador, de por qué Estados Unidos recibe inmigrantes de un "país de mierda" como Haití, y no de Noruega. Lo otro, lo de que los inmigrantes mexicanos "venden droga" y "son violadores", no era una línea roja. O lo de prohibir la entrada a los musulmanes. O lo de "las agarro por el coño, me dejan hacer lo que quiera".

En realidad, Donald Trump cruzó la línea roja el día que anunció su campaña en 2015. Desde entonces ha usado la misma artimaña con ligeras variaciones de raza, género o país. Menos mal que siempre habrá un Anderson Cooper que ponga al tirano en su sitio, mientras le regala todo el 'prime time'.

El presidente Donald Trump saluda a los asistentes en el National Scout Jamboree, el 24 de julio de 2017. (Reuters)
El presidente Donald Trump saluda a los asistentes en el National Scout Jamboree, el 24 de julio de 2017. (Reuters)

A lo mejor es que la realidad, tradicionalmente enraizada en un proceso de intercambio de argumentos más o menos lógicos, ha despegado como un cohete y se ha colocado en una dimensión sensorial. Si antes la emoción condimentaba al raciocinio, ahora es al revés: los picos de raciocinio apenas sobresalen de la marea emotiva. Un año después de ocupar la presidencia, Trump sigue manejándose cual experto en este paisaje de fragor y viralidad.

La estridencia genera estridencia y nadie escapa al girar de esta noria macabra. Si la base electoral del demagogo se endurece como un bloque de arcilla cada vez que este da una estocada, los críticos se suben a un trono de moralidad en el que se sienten fenomenal consigo mismos. A la soflama racista le sigue una soflama, en ocasiones, hipócrita y beata.

Todo ocurre en el mismo diapasón; es parte del mismo juego. Cuando Trump anunció su campaña insultando a los mexicanos y prometiendo un muro, lo que hacía era tender una trampa. La mayoría caímos en ella. Cuando esta dejó de ser una novedad, el candidato tendió otra trampa, y luego otra, y luego otra. Un año de presidencia no ha cambiado su técnica. La indignación es adictiva, genera audiencia, y no dejamos de meter el pie en el charco. ¿Por qué?

En primer lugar, quizás se trate de un círculo difícil de romper, como indican estudios del comportamiento. La opinión humana se abraza por instinto a lo que la confirma y rechaza aquello que la hace dudar. Difícilmente va Donald Trump a convencer a la oposición y difícilmente va la oposición a convencer a un seguidor de Donald Trump. Esta brecha ha sido bien cavada con años de polarización; cada cual lleva su verdad en ristre como una lanza afilada.

Valga como prueba una obviedad: cuanto más critican los medios tradicionales a Trump, más lo refuerzan. Muchos votantes perciben que si el 'New York Times' o CNN lo atacan, es porque está haciendo algo bien. Si no fuera así, semejante Tsunami de información crítica hubiera destruido al magnate hace mucho tiempo. En lugar de eso llegó a presidente.

Y segundo, el odio y la superioridad moral son extremadamente rentables. Puede que sea casualidad, pero el año en que los medios dieron a Trump tres veces más cobertura que a Hillary Clinton y decenas de veces más que al resto de precandidatos, casi todos batieron récords de audiencia. The Washington Post vio aumentar las suscripciones un 75%, las de New York Times crecieron "10 veces más rápido" de lo normal; lo mismo para 'Politico', 'Vanity Fair', 'ProPublica', CNBC y los principales canales de televisión.

El "anda lo que ha dicho" eclipsa muchas veces al buen periodismo, que abunda, y es tenaz, elaborado, útil; una de las razones por las que ha subido el interés en leer. Las palabras y los tuits, sin embargo, tienden a dominar la portada y envían a los hechos al exilio de las páginas interiores.

El presidente de EEUU durante un discurso en Brentwood, Nueva York. (Reuters)
El presidente de EEUU durante un discurso en Brentwood, Nueva York. (Reuters)

La agencia estadística Pew Research Center estudió la cobertura mediática de los primeros meses de gobierno y llegó a la conclusión de que todos los medios, de tendencia progresista, conservadora o mixta, "enmarcaron mayormente su cobertura en torno al carácter y al liderazgo [de Donald Trump] más que en las políticas". Ninguna sorpresa para nadie, viendo cómo se cuestiona la salud mental de Trump en primera página, quebrantando las cautelas éticas del periodismo y la psiquiatría.

La jugosa narrativa del "rey loco" nubla el hecho de que la Agencia de Protección Medioambiental está rebajando los límites a la contaminación de aire y agua y al uso de pesticidas; que hay dos oleoductos en camino; que las petroleras podrán perforar el Ártico y porciones de parques naturales que, hasta ahora, estaban protegidas. Que Wall Street está quitándose de encima centenares de regulaciones, la Oficina de Protección al Consumidor va a ser desdentada y 3,2 millones de personas han perdido el seguro médico.

Si estamos de acuerdo con el diagnóstico, habrá que buscar el remedio. No es fácil. Aquí se dan pautas para informar sobre el populismo. El profesor George Lakoff sugiere ignorar las provocaciones de Trump y crear una conversación nueva; romper ese diapasón que nos zarandea de un lado a otro y rezar para que los lectores se sientan igual de atraídos por otro tipo de análisis.

Mientras, para que todo siga igual un año después de jurar el cargo, el presidente mantiene vivo el fuego de su enfrentamiento con la prensa. Por ejemplo con unos "premios a las noticias falsas" que, pese a ir destinados a ensuciar la imagen del periodismo y socavar la libertad de expresión, han sido rápidamente recogidos y saboreados por la mayoría de los propios medios.

Nadie sabe si esto es una jugada fría de Donald Trump, conocedor del apetito humano por la anécdota y el morbo. O si le sale por inercia de 'showman'; un efecto colateral de sus mentiras y su demagogia. Quizás haga falta un Ray Bradbury que nos cuente este viaje a lo desconocido. Una pluma de ficción con el ingenio necesario. Hasta ahora, el único artículo que ha llegado al fondo del asunto es del portal satírico 'The Onion'. Se titula: "Admitidlo: queréis saber hasta dónde llegará esto, ¿verdad?". Salió publicado en julio de 2015. Cuando la risa aún ahogaba las promesas del bufón.

Mondo Cane

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