¿Acabar con la pobreza en el mundo?: 31 países a los que hay que ayudar

Durante los últimos 20 años la tasa de pobreza extrema se ha reducido en torno a un 1% anual. ¿Podremos alcanzar el objetivo de acabar con la pobreza en 2030?

Foto: Refugiados 'rohinyá' en un campamento de Cox's Bazar, en Bangladesh | Reuters
Refugiados 'rohinyá' en un campamento de Cox's Bazar, en Bangladesh | Reuters

Vivir con menos de 1,90 dólares (1,5 euros) al día: esto es lo que supone, para el Banco Mundial, encontrarse en una situación de pobreza extrema. Poner fin a la pobreza es el primero de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, que lo define como uno de los "principales desafíos" a los que hace frente la Humanidad. Es cierto que desde la Revolución Industrial, la tasa de pobreza ha ido cayendo en picado, y no solo eso, sino que además entre 1990 y 2015, el número de personas que vivían en situaciones de pobreza extrema se redujo de 1.900 millones a 836, casi la mitad. Aun así, esto significa que más de 800 millones de personas aún viven por debajo de estos niveles.

Durante los últimos 20 años la tasa de pobreza extrema se ha reducido en torno a un punto porcentual anual, tendencia que incita a pensar que ese objetivo, acabar con la pobreza extrema, no tiene por qué estar tan lejos: solo queda un 8% de población mundial que vive por debajo del umbral de la pobreza. No obstante, hay que mirar más allá de las cifras y ver de dónde vienen estas drásticas caídas. En un reciente informe elaborado por Brookings, una institución de políticas públicas sin ánimo de lucro que evalúa problemas de la sociedad tanto a nivel global como local y busca soluciones para ellos, que este porcentaje se reduzca en los próximos años puede ser más complicado de lo que inicialmente se pudiera creer.

Según esta institución, en 2000 los diez países con una mayor tasa de ciudadanos en niveles de pobreza extrema fueron China, India, Nigeria, Indonesia, República Democrática del Congo, Bangladesh, Birmania, Pakistán, Tanzania y Etiopía. Desde entonces y hasta 2015, cuando se iniciaron los ODS, todos salvo República Democrática del Congo, Nigeria y Tanzania ya habían reducido su índice de pobreza extrema en, al menos, un 70%: esto es, precisamente, lo que provocó esa caída de un uno por ciento cada año en las cifras. ¿Qué quiere decir esto? Que una vez que estos países, con una tasa poblacional importante, ya han eliminado casi en su totalidad la pobreza extrema, tienen un impacto en las cifras globales muy escaso.

En esta situación, Brookings ha elaborado una lista de países con menos probabilidades de alcanzar el fin de la pobreza extrema para 2030, fecha en la que se revisarán los objetivos de la ONU: se trata de 31 naciones que se prevé que tendrán una tasa de pobreza de, al menos, un 20% para entonces. Calificados como países severamente desviados del objetivo, son lugares donde la tasa de pobreza se reduce a escasa o nula velocidad.

De todos ellos, 24 aparecen en la lista de Estados frágiles del Banco Mundial o en la del Fondo para la Paz, o en ambas. No obstante, el concepto de fragilidad de Estado es complejo: algunos se centran en la violencia y en el conflicto; otros, en la estabilidad política; los de más allá, en la capacidad de Gobierno. Ante la incoherencia de la definición del término, Brookings ha preferido elaborar una lista no definida por el diagnóstico de las fuentes de los desafíos de desarrollo, sino más bien por un resultado específico de desarrollo: la capacidad de un país de garantizar que su población pueda escapar de la pobreza extrema a medio plazo. Así, en esta lista se encuentran tanto naciones que reciben financiación de donantes internacionales, así como otros que son 'huérfanos' de ayuda externa, países a los que la comunidad internacional ha descuidado. Los 31 países son:

  • Afganistán
  • Angola
  • Benín
  • Burundi
  • Corea del Norte
  • Chad
  • Guinea Ecuatorial
  • Eritrea
  • Gambia
  • Guinea-Bissau
  • Islas Salomón
  • Lesotho
  • Liberia
  • Madagascar
  • Malawi
  • Malí
  • Mozambique
  • Nigeria
  • Níger
  • Papúa Nueva Guinea
  • República Centroafricana
  • República del Congo
  • República Democrática del Congo
  • Somalia
  • Sudán del Sur
  • Suazilandia
  • Timor Oriental
  • Togo
  • Yemen
  • Zambia
  • Zimbabue

¿Por qué las organizaciones internacionales son, en ocasiones, reacias a enfocarse únicamente en estos países? Desde Brookings creen que las intervenciones en estos 'entornos de riesgo' tienen una alta probabilidad de no lograr sus objetivos, por lo que se cree que muchos proyectos acabarán fracasando. No obstante, y en virtud de las cifras, no es el caso: si bien hace una década sí existía una importante brecha en la proporción de proyectos que acabaron con éxito en los países desviados de objetivos y otros países, en la actualidad las intervenciones en este tipo de naciones tienen casi la misma probabilidad de lograr sus objetivos declarado que el resto.

¿Cómo ayudar a estos países?

Cambiar la perspectiva: es lo único que hay que hacer, según Brookings, para poder ayudarlos. Cambiar la perspectiva de Gobiernos y donantes internacionales hacia estos países, con el objetivo de maximizar la efectividad de los planes de desarrollo, y hacerlo desde estos tres ejes:

- Reimaginar cómo ampliar las intervenciones de éxito: cuando una intervención es económicamente rentable, si la fuerza del mercado se alinea con los intereses y los mandatos de un Gobierno en concreto, éste puede poner en marcha un programa a escala, a través de las Administraciones locales, provinciales y nacionales. Sin embargo, a este nivel ni el mercado ni la vía burocrática son de confiar: por ello, hay que reimaginar cómo se pueden ampliar las intervenciones de éxito, reduciendo los costes para la inversión privada, apoyando la movilización de recursos nacionales, creando capacidad institucional y experimentando para integrar programas de éxito locales en una red nacional.

Monrovia (Liberia), durante las últimas elecciones presidenciales. EFE
Monrovia (Liberia), durante las últimas elecciones presidenciales. EFE

- Redefinir la propiedad del país: el Nuevo Acuerdo por el Compromiso en los Estados Frágiles, firmado por muchas organizaciones y países en 2011, urgía a los donantes a compartir de forma más próxima con los Gobiernos y a trabajar a través de los sistemas estatales en la medida de lo posible, incluso en contextos adversos. Los países aliados, por su parte, se comprometieron a reforzar sus sistemas y construir mejores capacidades estatales. No obstante, en la práctica los donantes han sido reacios a utilizar los sistemas de los países que eran percibidos como corruptos o ineficaces, mientras que los esfuerzos de los países por mejorar sus habilidades se han quedado excesivamente cortos. Para modificar esta situación, los donantes tienen que experimentar con nuevas formas de propiedad estatal. Por ejemplo, durante el periodo de transición tras la guerra civil de Liberia, los donantes trabajaron de forma conjunta con el Gobierno a través del Programa de Asistencia y Gestión Económica y de Gobernanza, un innovador modelo en el que ambas partes compartían responsabilidad y supervisión para mejorar las funciones vitales del Gobierno. Este tipo de perspectivas pueden aplicarse en los contextos de otros países.

- Repensar las mediciones enfocadas a resultados: durante la última década, las agencias de desarrollo internacional han adoptado marcos de supervisión y evaluación que hacen hincapié en mediciones mensurables basadas en el tiempo para valorar el éxito y la mejoría de la rendición de cuentas. Si bien esta es una perspectiva más rigurosa de la evaluación que ha tenido muchos beneficios, puede ser un sistema contraproducente en este tipo de países, donde el progreso del desarrollo es, a menudo, no lineal y donde el éxito no se alcanza hasta décadas después. En este contexto, los donantes deben garantizar una autonomía en las administraciones oficiales, permitiéndoles cierta flexibilidad para responder a las circunstancias cambiantes del país y adaptar su trabajo a contextos locales específicos. Además, deben revisar sus estrategias de gestión de riesgos para estos países, y ser menos reacios al riesgo. En cualquier caso, los donantes deben adaptar sus políticas internas para permitir una situación en la que se esperan pasos atrás y errores.

La buena noticia de Brookings es que, según sus análisis, existen evidencias —pequeñas—, tanto en proyectos del sector público como en inversiones público-privadas, que sugieren que las intervenciones de desarrollo en este tipo de contextos pueden acabar con éxito y siendo rentables, al igual que lo son en otros países en vías de desarrollo. El único desafío es buscar el modo de pasar de proyectos de éxito individuales a mantener un progreso sostenido a nivel país.

Mondo Cane

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