El hombre que se robó a sí mismo: Islandia recrea el genoma de su primer africano. Blogs de Mondo Cane

El hombre que se robó a sí mismo: Islandia recrea el genoma de su primer africano

Un grupo de científicos ha reconstruido parcialmente el genoma de Hans Jónatan, el primer esclavo que se liberó a sí mismo en la isla, a partir del ADN de sus descendientes. La historia es fascinante

Foto: Kári Stefánsson, fundador de la empresa responsable de la investigación (Fuente: DeCODE Genetics)
Kári Stefánsson, fundador de la empresa responsable de la investigación (Fuente: DeCODE Genetics)

En Islandia, Hans Jónatan es una especie de ídolo. Nacido esclavo en el Caribe a finales del siglo XVIII, escapó del cautiverio y terminó sus días como hombre libre en la remota isla nórdica. Allí, se casó con una mujer local y tuvo dos hijos. Ahora, más de 200 años después, su ADN acaba de ser parcialmente reconstruido por un grupo de científicos. Un experimento único que arroja nueva luz sobre un personaje también excepcional y que ilustra el modo en que el genoma se fragmenta y recombina gradualmente a lo largo del tiempo.

Que se sepa, Jónatan fue el primer africano de la historia en asentarse en el frío país. Hoy, sus descendientes vivos son casi 800 y, tras casi ocho generaciones, los rasgos africanos se han ido perdiendo. En la actualidad, entre sus sucesores prevalece la tez clara, el pelo rubio, los ojos azules. Sin embargo, los genes de todas esas personas siguen conservando pequeños fragmentos africanos y es en éstos en los que los investigadores se han basado para reproducir un 38 por ciento de su ADN.

Para lograrlo, han utilizado la información genética de 182 descendientes, secuenciando en su totalidad el ADN de 20 de ellos. Un trabajo insólito, cuyas conclusiones fueron publicadas hace poco por la revista Nature Genetics y que, si ha sido posible, es gracias al gran aislamiento y homogeneidad racial que caracterizan a Islandia, cuyos habitantes descienden en su inmensa mayoría de los vikingos que colonizaron la isla allá por el siglo IX. Este factor ha sido esencial a la hora de identificar los fragmentos genéticos africanos en los descendientes, cosa que no habría sido posible en otros países con mayor mestizaje racial.

En la obra "El hombre que se robó a sí mismo", Gisli Palsson repasa con todo detalle la rocambolesca biografía de Jónatan. Nacido en 1784 en la pequeña isla de Santa Cruz, en las actuales Islas Vírgenes estadounidenses, era hijo de una mujer negra, llamada Emilia Regina, y un hombre blanco de identidad desconocida. Probablemente era su patrón, Ludvig Schimmelmann, o algún otro esclavista europeo que había abusado de ella. Una historia, por lo demás, tristemente común durante los siglos que duró la colonización de América.

En aquella época, la isla pertenecía al Reino de Dinamarca, país al que el joven mulato fue trasladado como esclavo y por el que, años más tarde arriesgaría su vida como miembro de la Marina en las guerras napoleónicas. Concretamente, luchó en la famosa batalla de Copenhague de 1801.

Después del conflicto, se declaró hombre libre en base al servicio patriótico que había demostrado como combatiente. Su otro argumento se fundamentaba en la propia legislación danesa, que si bien permitía la esclavitud en las colonias, la prohibía en su territorio. Su lucha por la libertad se convirtió en una de las más notorias de la historia europea. Pero la ley le dio la espalda y, tras perder el caso, huyó de Dinamarca, donde nunca más se volvió a saber de él.

Hans Jónatan, rodeado de su mujer y sus hijos
Hans Jónatan, rodeado de su mujer y sus hijos

Un paraíso para los genetistas

El valeroso joven desembarcó en la remota Islandia, que por aquel entonces pertenecía al Reino de Noruega. Amparado por el anonimato, se convirtió en campesino y comerciante. Se casó, tuvo dos hijos y pasó el resto de su vida rodeado de su familia, en paz y en libertad. Pero lo cierto es que ni el color de su piel ni su pelo rizado pasaron desapercibidos. Entre los nacidos en la región de los Fiordos del Este, todavía hoy se suele mencionar al antepasado negro que un día vivió en sus escarpados paisajes.

La reproducción de una buena parte de su genoma, el que se corresponde con su parte africana, ha llevado a los científicos a concluir que, con toda probabilidad, su madre procedía de la zona que ocupan hoy los países de Benín, Nigeria y Camerún. Los rasgos genéticos de las gentes de esta región guardan semejanzas relevantes con la parte de ADN que los científicos han logrado reconstruir.

El descubrimiento debe su éxito a la particular historia de Islandia. Para los genetistas, este país es una mina de oro. Los primeros pobladores llegaron a la isla hace unos 1.100 años procedentes, en su mayoría, de Noruega, y el país permaneció más o menos aislado hasta épocas muy recientes. Tras los colonos, pocas personas emigraban a la isla y las que lo hacían eran originarias, en su mayoría, de Escandinavia, con lo que compartían los mismos rasgos genéticos.

En este contexto, cuando Jónatan llegó a Islandia a comienzos del siglo XIX debió causar una gran impresión. Era algo realmente insólito. Para hacerse a la idea, valga mencionar que, más de un siglo más tarde, en el año 1930, se calcula que sólo unas 73 personas, el 0,07 por ciento de la población, procedía de países no europeos. A la homogeneidad y pequeñas dimensiones de la población se suma un detallado registro genealógico que permite seguir la pista de las relaciones familiares durante varios siglos. Una combinación de factores que reviste gran interés para el estudio de la genética.

Uno de los laboratorios que ha llevado a cabo el estudio sobre Jónatan es el de la compañía biofarmacéutica DeCODE Genetics, cuyo objetivo principal es aprovechar las particularidades que presenta la muestra poblacional islandesa para impulsar avances científicos en el terreno de la medicina genética. De momento, ya han analizado el ADN de más de la mitad de los habitantes adultos del país, que está poblado por tan solo 334.000 personas. Unos datos que combinados con la pormenorizada información genealógica de los mismos individuos ya está sirviendo para investigar las posibles mutaciones genéticas que causan Alzheimer o determinados tipos de cáncer.

"Tener la genealogía nos da la oportunidad de descubrir cómo está emparentado todo el mundo. Si estás buscando genes para averiguar una determinada enfermedad, es importante conocer cómo viaja esta mutación de una generación a otra", explicaba en 2014 el fundador de la empresa, Kári Stefánsson, a la revista americana The Atlantic. Gracias a sus ambiciosas investigaciones, Stefánsson es hoy uno de los genetistas más reconocidos del mundo. En octubre, la Sociedad Americana de Genética Humana le concedía el William Allan Award, uno de los premios más prestigiosos que existen en este ámbito científico.

Ahora, es probable que más de un descendiente de Hans Jónatan también aprecie su labor cada vez que se mire al espejo y se asombre al pensar que un día sus ancestros poblaron el África Occidental.

Mondo Cane

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