¿Son los italianos racistas? El apoyo a Salvini crece... pero hay otras claves ocultas

Su agresiva retórica hacia la inmigración ha convertido a Salvini en el político más valorado del país. Hay pruebas, sin embargo, de que existe una Italia que no se reconoce en el actual Gobierno

Foto: Migrantes desembarcan en el puerto siciliano de Augusta, Italia. (Reuters)
Migrantes desembarcan en el puerto siciliano de Augusta, Italia. (Reuters)

La Liga de Matteo Salvini está al asalto de Italia. Lo dicen los sondeos desde mayo y lo ha confirmado la segunda vuelta de las elecciones municipales celebrada este domingo, en las que La Liga y sus socios de centroderecha 'conquistaron' 42 ayuntamientos italianos con más de 15.000 habitantes (tenían 23). Y lo lograron -he aquí el dato relevante- despojando al centroizquierda de algunos de sus bastiones: las ciudades toscanas de Pisa, Massa y Siena, e Imola, en la antaño 'rojísima' Emilia Romaña. Por el contrario, el progresista Partido Democrático (PD), hundido en una crisis sin precedentes desde su fundación en 2007, venció en 31 grandes ayuntamientos.

El apoyo a Salvini crece e incluso canibaliza a su socio gubernamental, el Movimiento 5 Estrellas (M5S), y su líder, Luigi Di Maio, quien desde hace semanas le ha cedido a Salvini el puesto de político más valorado en el país, según los últimos sondeos de institutos como SWG o el centro Ipsos. Todo ello, en medio de una retórica cada día más agresiva hacia la inmigración llevada adelante por el nuevo ministro de Interior, su guerra contra las ONG que salvan a las personas que intentan cruzar el Mediterráneo y sus salidas dirigidas a los países miembros de la Unión Europea (UE).

Y, sin embargo, un logotipo con dos manos que se buscan simboliza también en estos días la rebelión silenciosa de esa Italia que está en contra del endurecimiento de las políticas hacia los refugiados. La rebelión de Maria Cristina y Luca, Elvira y Luigi, y dos señoras de pelo canoso que habitan en Piamonte, en las verdes colinas de esta región del norte del país. A todos ellos les propusieron meter refugiados en sus casas. Y la respuesta fue que aceptaban.

El sirio Anas, el gambiano Mamadou y la nigeriana Vivian -con sus dos niños de tres y siete años, Faustina y Joaquín-, con toda probabilidad, no lo olvidarán nunca. Seres humanos ayudando a otros en dificultad. La otra cara -la menos contada- de la reciente historia de Italia.

La Italia que se niega

Lo mismo podría decirse de las otras 1.000 familias italianas inscritas en la plataforma local de "Refugees Welcome", un proyecto que nació en Alemania en 2013, que hoy opera en una docena de países europeos -entre ellos España- y que hace dos años empezó a funcionar en la península italiana, no sin dificultades. Todo ello hasta que Salvini decidió cerrar los puertos a los 630 inmigrantes rescatados en el mar por Sos Méditerranée, la ONG propietaria del Aquarius.

Aquel día de hace dos semanas, de repente, la página online de "Refugees Welcome Italia" registró un pico de inscripciones, hasta el punto de que llamó la atención de Naciones Unidas -que informó el fenómeno-.

“Al principio pensamos que el anuncio del cierre de los puertos y el aumento en las inscripciones era una coincidencia casual. Pero luego el fenómeno continuó. En tan solo una semana se apuntaron a nuestro proyecto 50 nuevas familias, cuando de promedio habíamos estado recibieron la inscripción de una familia cada dos días”, explica a este medio Sara Consolato, cofundadora y portavoz de Refugee Welcome Italia, cuyo proyecto no es el único en este país que aboga por incentivar que refugiados vivan en casas de italianos.

“Es la prueba de que existe una Italia que no se reconoce en las actuales políticas de inmigración” aplicadas por el Gobierno liderado por el M5S y la Liga de Salvini, añade Consolato.

Matteo Salvini, líder de La Liga, llega al Senado italiano, en Roma, el 24 de mayo de 2018. (Reuters)
Matteo Salvini, líder de La Liga, llega al Senado italiano, en Roma, el 24 de mayo de 2018. (Reuters)

Los que no votan y los confundidos

En pleno auge de las actitudes racistas en toda Europa y de partidos que pescan votos en las frustraciones socioeconómicas y crisis de identidad de los ciudadanos, medir el apoyo de las poblaciones a las acciones de los xenófobos no es cosa fácil. Basta pensar, en el caso de Italia, en la gran cantidad de ciudadanos que no votan y que, por tanto, que se niegan a dar su opinión sobre sus representantes políticos y las ideas que expresan. Sirve de ejemplo precisamente la última cita electoral, las municipales del domingo, en las que ejerció su derecho al voto solo el 47%, uno de los datos más bajos de los últimos años.

Por ello, en muchos despachos europeos siguen resonando varias preguntas: ¿Qué pasa con Italia? ¿El italiano de hoy es racista? ¿Odia a inmigrantes y refugiados? De acuerdo con un interesante estudio -que todavía no ha sido hecho público y al que El Confidencial ha tenido acceso- de More in Common, The social change initiative e IPSOS, “la respuesta a esa incógnita es mucho más compleja de lo que se cree”, según destaca la investigadora italiana Chiara Ferrari, una de las autoras.

El estudio salió a la luz en medio de una guerra de hashtags en las redes -#chiudiamoiporti (“cerremoslospuertos) contra #apriamoiporti (abramoslospuertos)- mientras algunos sondeos mostraban que el 32% (otros elevaron la cifra hasta el 60%) de los italianos estarían a favor de impedir el desembarco de migrantes rescatados en el mar por las ONG. Su importancia es que arroja una visión mucho más detallada sobre cómo estaría dividida la población italiana frente a la inmigración y que se distancia de las interpretaciones más simplistas y estereotipadas en torno al fenómeno.

Según este documento -titulado “Entender a la mayoría incierta de Italia”-, la población italiana está dividida en siete colectivos diferentes. Dos son abiertos y solidarios, los Italianos Cosmopolitas (12%) y los Católicos Humanitarios (16%); otros dos son abiertamente racistas, los Nacionalistas Hostiles (7%) y los Defensores de la Cultura (17%). En medio se encuentra la gran masa: los Preocupados por la seguridad (12%), un colectivo más anciano; los Descuidados (17%), que en inglés se conocen como los ‘left behind’ en relación con su estatus de empobrecidos; y los Moderados Desinteresados (19%), “que son mayormente jóvenes demasiado ocupados en salir adelante como para preocuparse de otros” , según Ferrari.

“A esta mayoría, los hemos llamado los ansiosos, puesto que sus opiniones no son definitivas y oscilan según distintos factores”, añade la autora del estudio, que también ha sido realizado con parámetros similares en Francia y Alemania (está previsto que próximamente se lleve a cabo también en Grecia, Holanda y Hungría). “A los abiertamente racistas no hay manera de convencerlos, ni siquiera presentando evidencias, datos e informes. Pero no debemos olvidarnos de esa mayoría. Con ellos, debemos dialogar, porque la puerta todavía está abierta”, afirma Consolato, la cofundadora de Welcome Refugees.

Un intento en esta dirección ha sido el de Elvira y Luigi, una pareja como tantas, pero que decidió alojar a un huésped gambiano, el refugiado Mamadou. Una familia que, cuando el simpatizante de la Liga, Luca Traini, disparó en febrero contra siete africanos en Macerata -en uno de los peores atentados racistas de las últimas décadas en Italia-, decidió hacer pública su historia, hasta entonces desconocida. “Ayudando a una persona en dificultad, nos hemos ayudado a nosotros, a nuestra familia, a la comunidad. Es sencillo y enriquecedor para todos”, se justificaron Elvira y Luigi.

"A los abiertamente racistas no hay manera de convencerlos, ni siquiera presentando evidencias. Pero no debemos olvidarnos de esa mayoría. Con ellos, debemos dialogar"

Aunque, en verdad, las familias de Welcome Refugees no son las primeros que han ayudado en los años a refugiados e inmigrantes en Italia. Son solo los que lo están haciendo en la era de Salvini. Testigo han sido los numerosos pueblos italianos que se han salvado de la despoblación gracias a la acogida de centenares de refugiados. El primero de todos, Riace, que hace 18 años acogió a un barco de refugiados kurdos que se convirtieron en los nuevos habitantes de la pequeña localidad.

Y luego Camini, Acquaformosa y Sant' Alessio in Aspromonte, en Calabria, Chiesanuova y Asti en Piamonte, o Padova, en Véneto, solo por citar algunos de los ejemplos más recientes. Todos ellos ha sido parte de una red de acogida e integración gestionada por varios municipios, el Sistema de Protección de Demandantes de Asilo y Refugiados (Sprar), que todavía no ha caído en la diana del nuevo Gobierno italiano.

Así como tampoco es la primera vez que la Italia menos solidaria hace oír su voz o que la Liga promueve iniciativas antiinmigración. Prueba es la ley Bossi-Fini, fuertemente promovida en 2002 por el fundador de este partido, Umberto Bossi. Y también la propuesta de censar a los gitanos que, por primera vez, propuso en 2008 el entonces primer ministro de Interior Italiano, Roberto Maroni, también de la Liga.

El triunfo de unos u otros dependerá una vez más de esa mayoría y de sus representantes políticos.

Mondo Cane

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