Arabia Saudí contra Canadá: la debilidad del príncipe heredero

Detrás de la crisis con Canadá hay una ola de arrestos contra activistas feministas, ahora que Riad vende al mundo la "nueva Arabia Saudí". Una represión que evidencia debilidad política

Foto: El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman, junto al Rey Felipe VI en Madrid. (Reuters)
El príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohamed bin Salman, junto al Rey Felipe VI en Madrid. (Reuters)

Todo comenzó por un tuit. Cuando la ministra de Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, expresó el pasado viernes la “profunda preocupación” de su Gobierno por la detención en Arabia Saudí de activistas feministas pacíficas, nadie podía esperar semejante reacción de Riad. Tras expulsar al embajador canadiense y cancelar todos los vuelos a Toronto de la aerolínea estatal, Al Saudia, el Reino ordenó la venta de todo tipo de acciones y bonos canadienses y exigió a los entre 7.000 y 16.000 saudíes que estudian en Canadá que abandonen el país.

¿Todo esto por un tuit crítico? El Gobierno canadiense -tradicionalmente un firme defensor de los derechos humanos- no ha impuesto sanciones, ni ha apoyado a los enemigos de Arabia Saudí en Yemen o Siria ni ha ofendido al Islam. Por otra parte, su “preocupación” es perfectamente comprensible, dado que en los últimos meses, mientras la prensa internacional destacaba las 'reformas' emprendidas para ampliar los derechos de las mujeres, Riad intensificaba los arrestos de activistas en medio de una campaña mediática en su contra sin precedentes. Siete de las detenidas han sido acusadas de graves crímenes como “contactos con entidades extranjeras” y “amenaza a la seguridad del Reino”.

Varias teorías explican la reacción de Arabia Saudí al tuit del Gobierno canadiense, que Riad considera una violación de su soberanía. “Algunos analistas sugieren que el episodio es otro ejemplo de la temeraria política exterior de Arabia Saudí bajo el gobierno del príncipe heredero Mohamed bin Salman. Otros lo interpretan como otra advertencia a los saudíes de que las únicas reformas que habrá en el Reino son aquellas que el Príncipe Heredero ha articulado, que están también en riesgo en caso de que los saudíes demanden más”, opina Steven A. Cook en 'Foreign Policy'.

A sus 32 años, Bin Salman es el promotor de un amplio espectro de reformas sociales, económicas y religiosas -el programa Visión 2030- de las que deberá surgir la “nueva Arabia Saudí” que el príncipe heredero intenta 'vender' al mundo. El Reino se prepara para atravesar dificultades económicas: la Casa Saud ha sufrido los efectos de la caída global de los precios del petróleo desde 2015, la tasa de paro aumentó el pasado año hasta el 12,8%, el Reino introdujo el 1 de enero el IVA (al 5%) por primera vez en historia y también ha emprendido la eliminación gradual de ciertos subsidios. Por ello, ahora que la opinión pública occidental tiene una visión cada vez más negativa del Reino, Arabia Saudí quiere abrirse al mundo… y a su dinero.

No obstante, la reciente represión contra activistas por los derechos de las mujeres ha conmocionado incluso a los más firmes defensores de Riad. En la ola de arrestos que comenzó en mayo han 'caído' doce conocidas activistas como Loujain al-Hathloul, Eman al-Nafjan, Hatoon al-Fassi y, desde el 30 de julio, Nassima al-Sadah y Samar Badawi, cuyo caso motivó el tuit del Gobierno de Canadá.

Una mujer saudí saluda desde vehículo en Al Khobar, el 24 de junio de 2018. (Reuters)
Una mujer saudí saluda desde vehículo en Al Khobar, el 24 de junio de 2018. (Reuters)

¿A qué responde, entonces, esta ola de represión? “La idea es apropiarse del discurso feminista, que todas las reformas -particularmente las sociales- sean de arriba a abajo. Y, además, recordar a las activistas que no tienen por qué ir más allá de lo que ya se les ha dado -se ha detenido a muchas activistas que pedían más avances, sobre todo los centrados en acabar con el sistema de tutela masculino (codificado en la ley saudí)-. Bin Salman está obsesionado con tener todo bien atado a nivel interno”, explica a El Confidencial Itxaso Domínguez, coordinadora para Oriente Medio de la Fundación Alternativas.

Detener a personas que expresan pacíficamente una visión de la sociedad diferente a la que tienen los líderes saudíes es un síntoma de debilidad, una prueba de que Bin Salman es perfectamente consciente de la brecha entre los mensajes que el Gobierno trasmite a sus ciudadanos sobre lo buena que es la vida bajo sus benevolentes líderes y la experiencia real que tiene la ciudadanía. “Las mujeres saudíes que están encarceladas actualmente tenían que ser arrestadas porque, si no se las silenciaba, había un riesgo todavía mayor de que expusieran la futilidad de la optimista narrativa del Gobierno sobre el futuro. Este tipo de coacción es una demostración de fuerza bruta y debilidad política”, concluye Steven A. Cook en 'FP'.

Mondo Cane
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