¿Recuerdas que Daesh arrasó Palmira? No era cierto, "buscaba un tesoro oculto"

Un tesoro inexistente "salvó las ruinas" de la antigua ciudad de Palmira. Los destrozos que provocó Daesh son menores de lo que se temió en un principio. Viajamos a la reliquia única del siglo I a.C.

Foto: Los restos del templo de Bel, en Palmira, dinamitado por Daesh. En el grafiti puede leerse Permaneceremos. (Reuters)
Los restos del templo de Bel, en Palmira, dinamitado por Daesh. En el grafiti puede leerse "Permaneceremos". (Reuters)

Desde el escenario del teatro romano de Palmira, el oficial sirio controla a los tres periodistas que recorren el lugar. Se ha detenido en el punto exacto donde 25 de sus camaradas fueron ejecutados por 'niños soldado' del Estado Islámico, una macabra escena convertida por el ISIS en un vídeo propagandístico que dio la vuelta al mundo en julio de 2015. A su espalda se ven los destrozos en el frente escénico que dinamitaron los yihadistas. El resto del teatro está prácticamente intacto. Aquí y allá hay casquillos de bala, una camilla... restos de la batalla en la que el ejército sirio y sus aliados rusos arrebataron Palmira a Daesh. El oficial, joven, pulcro y con ademanes de escuela militar de élite, permanece inmóvil en el centro del escenario, como si fuera a romper el silencio que cubre las ruinas con un discurso. Es la viva imagen de la victoria en una guerra a punto de terminar.

Recorrer la calle de la columnata, la que fue la principal avenida de Palmira, uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo, supone hacer una ruta por la destrucción de Daesh. La vía se extiende más de un kilómetro, desde el Templo de Bel, que los yihadistas dinamitaron, hasta el valle de las tumbas que marca el límite de la antigua ciudad. Durante los diez meses en los que dominó esta reliquia única del siglo I a.C., el ISIS también destruyó el emblemático Arco de Triunfo, de 2.000 años de antigüedad, el templete de Baal Shamin y tres torres funerarias. Pero la magnitud del daño es menor de lo que se creyó en un principio, cuando el grupo que controlaba buena parte de Irak y Siria convirtió en propaganda la destrucción de los tesoros de Palmira y las imágenes de la voladura de los templos hicieron temer lo peor.

Fue "un tesoro" inexistente lo que evitó que el mayor patrimonio histórico del país fuera arrasado por completo. Bajo las columnas del Arco de Triunfo, protegiéndose de un sol que amenaza con quemar el aire, el guía que acompaña a los tres periodistas repite la versión que cuentan los responsables de Antigüedades y Museos de Siria: los yihadistas "creían que había oro oculto bajo las ruinas" de una ciudad clave en la Ruta de la Seda que unía Oriente y Occidente, porque alberga el único oasis natural del desierto sirio. En realidad, el tesoro que codiciaba Daesh era energético: los grandes yacimientos de petróleo y gas de Jabal Shaer, a 150 kilómetros al noroeste de Palmira.

A ello se sumó el tráfico ilícito de piezas arqueológicas, vendidas a coleccionistas privados, principalmente de América del Sur y Japón. La Siria moderna descansa sobre el yacimiento antiguo más extenso del mundo y Daesh supo convertir el contrabando de reliquias milenarias en una fuente de financiación. Caminando sobre la tierra ocre entre los restos del templo de Bel, un historiador local recuerda que en el expolio de Palmira todos son culpables: tanto el ISIS como la llamada Guardia Nacional, una milicia liderada por un millonario leal al Gobierno de Al Asad que participó en la primera liberación de la ciudad, en la primavera de 2016.

Una imagen muestra los daños en el Arco de Triunfo, en la antigua ciudad de Palmira. (Reuters)
Una imagen muestra los daños en el Arco de Triunfo, en la antigua ciudad de Palmira. (Reuters)

Palmira ha cambiado de manos varias veces durante siete años de conflicto que han dejado al menos medio millón de muertos. Para Damasco, recuperar la ciudad conocida internacionalmente supuso un trofeo de guerra. Ahora que las fuerzas de Al Asad controlan un 80% del país y los grupos opositores yihadistas han sido recluidos a la provincia de Idlib, en el noroeste, la nueva misión es la recuperación económica. La guerra ha provocado daños estimados en 500 millones de euros, según cifras de la ONU, y la rehabilitación de una ciudad que atraía una considerable actividad turística internacional es prioritaria.

En un salón del Ministerio de Turismo, en Damasco, el titular de la cartera, Bisher Yaziji, explica a un pequeño grupo de periodistas sus planes para obrar el milagro: rehabilitar cuanto antes Palmira y el resto de sitios de Siria que son patrimonio de la humanidad. "El mayor reto es recuperar las antigüedades que han sido destrozadas, y Palmira y Alepo son un ejemplo. Requieren unas capacidades financieras enormes y la puerta está abierta a todos aquellos amigos que quieran invertir en emplazamientos arqueológicos. La mejora de la situación y la victoria masiva será suficiente para reactivar el proceso económico, incluido el aspecto turístico", declara.

El ministro no olvida mencionar que el principal obstáculo para el resurgir son las sanciones impuestas por EEUU y la Unión Europea. El 'castigo', una respuesta a la represión de Damasco contra opositores o a los bombardeos sobre población civil, impide cualquier inversión o comercio con compañías occidentales. En el 'pastel' de la reconstrucción de Siria, son los aliados de Damasco, como Rusia, Irán o China, quienes se beneficiarán de los prometedores proyectos de reconstrucción.

Palmira es una metáfora de una país parcialmente arrasado, que necesitará unos 250.000 millones de dólares para volver a ser un estado funcional. La población contigua, Tadmur -donde ISIS decapitó ante docenas de personas a Jaled Asaad, uno de los principales arqueólogos de Palmira- es ahora una ciudad fantasma. Pero a un par de horas en coche, en la cercana Homs, la mitad de la ciudad rebosa de vida, los comercios bullen de actividad y la gente llena las terrazas en una noche magnífica. La otra mitad ha sido reducida a escombros. En Damasco, la misma imagen: una carretera divide las zonas intactas de la capital, donde las cosas han vuelto a la normalidad, de los barrios arrasados por la guerra, las antiguas zonas rebeldes. Allí no se ve un alma y no quedan más que ruinas.

Mondo Cane

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