Rivalidad, penetración cubana y un opositor muerto: guerras de espías en Venezuela

La muerte del concejal Fernando Albán, que cayó desde una ventana de la sede del servicio de inteligencia bolivariano, ha desatado una lucha por el control del servicio. Maduro lleva las de ganar

Foto: Flores por la muerte del opositor Fernando Albán depositadas frente a la sede del Servicio Bolivariano Nacional de Inteligencia, el 15 de octubre de 2018. (Reuters)
Flores por la muerte del opositor Fernando Albán depositadas frente a la sede del Servicio Bolivariano Nacional de Inteligencia, el 15 de octubre de 2018. (Reuters)

El pasado 8 de octubre, la muerte del concejal opositor Fernando Albán estremeció un poco más a un pueblo que ya se ha acostumbrado al horror como el de Venezuela. Según la primera versión oficial de los hechos, ofrecida por el fiscal general del régimen chavista, Tarek William Saab, Albán se lanzó por la ventana desde un baño del décimo piso de una de las sedes caraqueñas del Servicio Bolivariano de Inteligencia (SEBIN). El político opositor llevaba varios días bajo custodia de la policía política, que le había detenido en el aeropuerto de Maiquetía al volver de un viaje a Estados Unidos. Sobre lo ocurrido se pronunció también el ministro del Interior, el general Reverol, que reveló las acusaciones que pesaban contra el concejal capitalino -los conocidos “planes desestabilizadores dirigidos desde el exterior”- y situó en “una sala de espera” del SEBIN el espacio desde el que había saltado el cada vez más improbable suicida.

Ya desde un principio, fueron muchos quienes dudaron de la información de Saab. Conociendo el historial de los cuerpos de seguridad chavistas, Albán bien podría haber sido torturado y después arrojado al vacío para simular un suicidio. En el mejor de los casos, decían otros, el concejal habría saltado por la ventana después de ser sometido a los habituales malos tratos, físicos y psicológicos. Y además estaba la contradicción entre el ministro y el fiscal.

Al descrédito de la verdad oficial contribuyó un plano del décimo piso del edificio difundido por la periodista Luz Mely Reyes: los baños y la sala de espera que hay en esa planta no tienen ventanas, y las ventanas que sí hay en esa planta no pueden abrirse. Dos días después de la muerte de Albán, y minutos después de que Reyes publicara el plano, Saab comparecía en la Fiscalía para desmentirse a sí mismo y asegurar que el opositor saltó desde “una ventana panorámica” de un pasillo cercano al baño.

Además de provocar una nueva oleada internacional de denuncias contra el gobierno de Caracas, el escándalo provocado por el caso Albán le sirvió a Nicolás Maduro para lograr al fin un objetivo en el que había fracasado hasta ahora: arrebatarle el control del SEBIN a su gran enemigo dentro de la estructura de poder chavista: el capitán del Ejército y hoy presidente de la Asamblea Nacional Constituyente [parlamento paralelo instaurado por el chavismo] Diosdado Cabello.

“El fiscal general trató de tener acceso a la información de lo ocurrido en el SEBIN para cubrirle las espaldas al Estado, pero no consiguió tener acceso y eso es lo que hace que Tarek William Saab dé una versión contradictoria de los hechos”. Son palabras de la periodista Sebastiana Barráez, probablemente, la persona ajena al régimen mejor informada sobre lo que pasa dentro del Ejército y del resto de fuerzas de seguridad públicas en Venezuela. En una entrevista con El Confidencial, Barráez relata cómo este nuevo boicot del SEBIN al Gobierno llevó a Maduro a dar el paso definitivo para quitarle a Cabello su principal fuente de poder y someter así a una institución díscola que desafiaba sistemáticamente el poder del presidente y las instituciones que le son leales.

“Obviamente, la reacción de Tarek fue quejarse ante el presidente de la República”, explica Barráez. Como medida de presión para forzar al SEBIN a ser transparente con el resto de instituciones del Estado, el fiscal cesa a su segunda, Katherine Harrington, que es esposa del general Gustavo González López, el hombre de Diosdado que estaba al frente del SEBIN. Pero González López se mantiene firme. “Toda esta situación hace que desde el Gobierno Nicolás Maduro tenga una excusa perfectamente justificada para destituir a González López, por encima de lo que Diosdado Cabello pudiese argumentar”.

“González López no seguía instrucciones de nadie excepto de Diosdado Cabello”, dice Barráez.

Diosdado Cabello habla con la prensa el 6 de diciembre de 2018. (EFE)
Diosdado Cabello habla con la prensa el 6 de diciembre de 2018. (EFE)

Alerta militar

Prueba de la seriedad de la situación son las previsiones que toma Maduro ante las posibles consecuencias de su decisión. “Antes de anunciarle a González López que estaba destituido, el Comandante Estratégico Operacional [de las Fuerzas Armadas], el almirante Remigio Ceballos Ichazo, envía una comunicación a lo que se llama el Alto Mando Militar ampliado [que agrupa a todo el poder militar venezolano]”. El contenido del mensaje deja claro el temor de Maduro a una rebelión del SEBIN: “Ordena que se tomen previsiones y que no se permita el acceso de ningún grupo, de ninguna comisión ajena a la institución militar, incluyendo del SEBIN, así lo especifica”, señala Barráez, que concluye: “Se trata, sin duda alguna, de evitar la respuesta que desde el SEBIN pudieran darle a la destitución de González López”.

Justo después del cese del general leal a Diosdado, una patrulla de cuatro agentes del SEBIN que “venían de custodiar la casa de Diosdado Cabello se encontraron con la caravana presidencial en el camino” e interceptaron el convoy, en el que viajaba el propio Maduro. Los efectivos de seguridad que viajaban con la caravana presidencial eran más numerosos y lograron reducir a los agentes de la policía política, que están hasta ahora detenidos en la contrainteligencia militar, un órgano del Estado dominado por la gente de Maduro. Según Barráez, el incidente fue una “advertencia” al presidente y una “demostración” del malestar que había entre los hombres de González López dentro del SEBIN.

Algunas voces dentro del chavismo han atribuido a estos hechos la defenestración de González López, pero el incidente con la caravana de Maduro en Caracas ocurrió después de la destitución del jefe del SEBIN. (Los rumores que circularon sobre la detención de González López han sido desmentidos posteriormente por el Gobierno venezolano).

Desde la muerte de Chávez en 2013 y la designación de Maduro como sucesor, el nuevo líder bolivariano y Diosdado Cabello han protagonizado una guerra fría constante, que se ha calienta periódicamente como ha ocurrido ahora con la muerte de Fernando Albán. Bárraez recuerda cómo Maduro ha tratado en varias ocasiones y sin todo el éxito que esperaba de descabezar la estructura de poder dentro del Estado de Cabello, que sigue teniendo influencia en algunos sectores militares.

Una de las piezas más codiciadas por Maduro es el hermano del propio Diosdado, José David Cabello. Sancionado -como muchos otros capitostes del chavismo, entre ellos su hermano- por corrupción por el Tesoro estadounidense, este exmilitar, que es manco y utiliza una mano biónica, dirige desde 2008 la hacienda venezolana, uno de los órganos más lucrativos de la Revolución del que Maduro le quiso echar en su día. Como respuesta a las intenciones del presidente, recuerda Barráez, Cabello hizo en su programa semanal en la televisión pública una intimidatoria demostración de fuerza que convocó a numerosos altos cargos del chavismo, entre ellos el alto mando del Ejército. “Conociendo ese mundo, uno puede presumir que estaban enviando un mensaje: Maduro, no destituyas a José David.” Maduro acabó descartando el cese de José David Cabello.

La gran baza de Cabello era hasta ahora contar con el control del SEBIN, del que su fiel escudero González López tomó el mando en febrero de 2014. Con el general González López al frente la institución se fue convirtiendo en un polo de poder autónomo, que no obedecía a las decisiones de la Justicia -controlada por Maduro y su esposa, Cilia Flores, a través de Maikel Moreno- ni del Gobierno al que debía servir. Como apunta Barráez, el SEBIN ha ignorado en los últimos años numerosas órdenes de excarcelación dictadas por los tribunales, además de hacer caso omiso de las instrucciones de las fiscalías, tanto militares como civiles. Presos políticos como el hispano-venezolano Yon Goicoechea, que no fue liberado hasta más de un año después de que la justicia decretara su libertad, continuaban entre rejas durante meses pese a haber dictado la justicia que debían ser soltados.

Una de las formas de lograr su libertad que tenían los detenidos por el SEBIN de González López era pagar los astronómicos sobornos en dólares que los carceleros exigían a sus cautivos a través del narcotraficante Walid Makled, que lleva años detenido en El Helicoide, la mayor cárcel que la policía política tiene en Caracas. “Él era el que negociaba los montos para darles salida a los detenidos”, dice Barráez, que cita casos de presos que no pudieron hacer efectiva su orden judicial de excarcelación al no tener el suficiente dinero para pagar los sobornos que gestionaba Makled, de origen sirio y apodado “El Árabe” en Venezuela. “Se cobraban cifras de 100.000 dólares y de 500.000 dólares”, afirma la periodista, que cita el vídeo difundido en internet en el que el preso y asiduos instagramer Makled amenaza y llama “narcotraficante” desde una cómoda oficina del SEBIN al general mayor retirado Clíver Alcalá Cordones como prueba de la buena sintonía que tiene con los agentes que llevan la prisión.

Nicolás Maduro habla con el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, durante un acto militar en Caracas. (Reuters)
Nicolás Maduro habla con el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, durante un acto militar en Caracas. (Reuters)

¿Quién manda en el SEBIN?

Antes de que el caso Albán le permitiera a Maduro imponer su ley en el SEBIN, el presidente venezolano ya trató en dos ocasiones de echarle el lazo a la policía política. Según las leyes venezolanas, el SEBIN depende de la vicepresidencia de la República, y fue con esa intención con la que Maduro nombró en enero de 2017 vicepresidente a Tareck El Aissami, uno de los hombres con más peso dentro del chavismo, cuenta Barráez. El segundo intento viene en junio de este año con la designación para el cargo de Delcy Rodríguez, a quien Maduro alabó en su día por defender la Revolución como “una tigra”. Delcy, como le conoce todo el mundo en Venezuela, es una de las personas de más carácter de la casta política bolivariana, pero tampoco pudo meter en vereda al SEBIN alineado con Diosdado.

El sucesor de González López al frente de la policía política es el general Christopher Figuera, “formado en protección y custodia de personalidades en Cuba”, señala Barráez, y con “una enorme relación” con La Habana. En declaraciones al Diario de las Américas, el general retirado y exministro venezolano exiliado en Estados Unidos Hebert García Plaza ha dicho de Figuera, a quien define como “casi cubano”: “Es un hombre que tuvo formación en Cuba y que viajaba mucho a la isla. Él siempre estuvo muy cerca de los asesores cubanos y fue el que les abrió las puertas a los cubanos en el DGCIM [contrainteligencia militar].

De esta manera, el régimen de La Habana afianza su poder e influencia en el gran foco de poder represivo venezolano que aún no dominaba. “González López no les permitía a los cubanos el acceso a los informes, a los detenidos”, declara Sebastiana Barráez, que destaca la posición contraria de “los oficiales con los que trabaja Diosdado Cabello” hacia la inferencia cubana en Venezuela. “Esa es la razón por la cual Chávez escogió a Maduro, porque sabía que Diosdado Cabello no iba a ser un subalterno de los cubanos”.

Como ejemplo de las pocas simpatías que el nacionalista Cabello tiene por la presencia de cubanos en el aparato del Estado venezolano, Barráez recuerda lo que pasaba en la contrainteligencia militar cuando estaba dirigida por el “Pollo” Carvajal, “uno de los hombres de confianza de Diosdado”. El general Hugo Carvajal estuvo al mando de la contrainteligencia militar durante 7 años cuando Chávez aún estaba vivo. “Cuando todas las instituciones, incluyendo las militares, estaban siendo penetradas por los cubanos, el Pollo Carvajal no permitía la injerencia. Eso creó un problema, porque los cubanos se quejaban a Chávez de que el ‘Pollo’ no les permitía intervenir, no les suministraba los expedientes que ellos pedían”. Barráez recuerda la existencia en la sede del organismo de un área en particular “ubicaban a los cubanos como a un visitante mal visto”. “Cuando Chávez saca al ‘Pollo’ Carvajal [2011], los cubanos tuvieron inmediatamente las puertas abiertas”, remacha la periodista.

A principios del mes de noviembre, unas tres semanas después del cese de González López, el ministro de Defensa chavista informó de la muerte en territorio venezolano de tres uniformados de la Guardia Nacional Bolivariana a manos de la guerrilla colombiana del ELN. Según el ministro, la guerrilla -cuya presencia tolerada por Caracas en Venezuela ha sido documentada por muchas fuentes- actuó en represalia por la captura de nueve guerrilleros en el estado sureño de Amazonas, fronterizo con Colombia.

“Tengo la impresión que lo sucedido en el estado Amazonas tiene que ver con militares relacionados con Diosdado Cabello”, afirma Barráez. Según la periodista, los dos oficiales de más graduación que participaron en esa operación contra la guerrilla “responden a Diosdado Cabello”. “Con ello pudieron haber intentado darle un duro golpe al Gobierno, no solo porque se evidencia la presencia de la guerrilla en Venezuela, sino porque le crean un problema al Gobierno en relación con ELN”.

Mondo Cane

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