El quién reconoce a quién en Venezuela es el mapa de la guerra fría de hoy

Vivimos en un mundo multipolar, pero las reacciones a la proclamación presidencial de Juan Guaidó muestra cómo se conforman las nuevas familias geopolíticas del mundo

Foto: El presidente Nicolás Maduro con el ruso Vladimir Putin en Moscú, en 2015. (Reuters)
El presidente Nicolás Maduro con el ruso Vladimir Putin en Moscú, en 2015. (Reuters)

Tal vez sobre el mismo mapa no quede tan claro, pero si uno va directamente a la lista de países, no hay lugar a dudas: en el contencioso sobre quién es el presidente legítimo de Venezuela, la posición que están tomando los diferentes actores internacionales señala la falla tectónica de la guerra fría de hoy. Habrá quien sienta la tentación de dividirlos entre "democracias contra tiranías" —o la narrativa contraria: "imperialistas contra antiimperialistas"—, pero la realidad es más compleja.

La postura de los países americanos es la cabría esperar: están los miembros del llamado Grupo de Lima, establecido en 2017 para dar una salida pacífica a la crisis venezolana y que el ejecutivo de Maduro considera una institución hostil. La única excepción es México, que durante este tiempo ha visto cambiar el signo político de su gobierno hacia la izquierda; la postura mexicana, la misma que la de Uruguay, también es comprensible: es la de dos ejecutivos progresistas que se oponen a lo que perciben como un proceso de injerencia inaceptable, pero que dudan a la hora de defender a un chavismo cuya deriva tanto daño le ha hecho al proyecto político de la izquierda latinoamericana. Ante las lógicas reticencias, se convierten en los nuevos 'no alineados'.

Muchos de estos países son, además, estados donde el peso geopolítico estadounidense es enorme, ya sea Colombia, Panamá, Guatemala u Honduras. En otros, como Ecuador, Argentina o Brasil, los recientes cambios de gobierno han traído administraciones mucho más proestadounidenses que las anteriores (y en el caso de Jaír Bolsonaro, incluso entusiastas al respecto). Algo similar cabe decir de los estados pro-Guaidó en Eurasia: las administraciones de Albania, Georgia y Kosovo dependen de un modo u otro del apoyo estadounidense para funcionar, aunque en estos países el sentimiento pro-EEUU va mucho más allá de eso y es genuino.

El Reino Unido no ha llegado a dar (todavía) el paso de reconocer formalmente a Guaidó, pero ha dejado claro de qué lado está: el Ministro de Exteriores británico Jeremy Hunt declaró este jueves que Maduro "no es el líder legítimo de Venezuela" y que Guaidó es "la persona adecuada para sacar el país adelante". Una vez más, la "relación privilegiada" en marcha entre EEUU y las Islas Británicas, el bloque anglosajón a ambos lados del Atlántico moviéndose al mismo tiempo durante una crisis internacional.

¿Y Dinamarca? Su caso puede parecer el más sorprendente: un pequeño estado que rompe con la política común de la UE de pedir diálogo en Venezuela y pasa directamente a reconocer al líder opositor. Pero no es tan extraño si se conoce la trayectoria danesa en la escena internacional y sus vínculos con Estados Unidos. Fue el único país escandinavo que apoyó la guerra de Irak, y ha participado con contingentes internacionales en todas las misiones militares lideradas por EEUU, desde la Guerra del Golfo a los Balcanes, Afganistán o el propio Irak. Las relaciones entre ambos países en el marco de la OTAN son descritas como "excelentes". Esta estrecha cooperación bilateral comenzó durante la Segunda Guerra Mundial y nunca cesó: en el pico de la guerra fría EEUU llegó a tener hasta 30 bases en Groenlandia, de las cuales aún mantiene la más célebre, la base aérea de Thule.

Motivaciones diversas para apoyar a Maduro

Esto no quiere decir necesariamente que EEUU esté movilizando a sus peones en todo el mundo para lograr el máximo reconocimiento posible a la presidencia de Guaidó, pero da algunas pistas sobre lo que está sucediendo, y por qué.

Algo similar sucede al otro lado: el apoyo de Cuba, el principal aliado de Venezuela, puede darse por descontado, igual que el de Bolivia y Nicaragua, los últimos gobiernos que quedan del antiguo eje bolivariano. Más interesante es el panorama en Oriente Medio: la mayoría de los países no se han pronunciado, pero los que lo han hecho ha sido, en todos los casos, para mostrar su apoyo a Maduro.

La alianza entre Venezuela e Irán, que data de la época de Hugo Chávez y Mahmud Ahmadineyad, es bien conocida, y es lo que permitió a estos países reimpulsar la OPEP durante la década pasada. En estos años, la cooperación entre ambos países ha sido intensa y fructífera. Nada extraño, pues, en la postura de la República Islámica, que este jueves expresó "su apoyo al Gobierno y el pueblo de Venezuela contra cualquier tipo de intervención extranjera y cualquier acción ilegítima e ilegal, como los intentos de llevar a cabo un golpe de Estado". El régimen sirio y la Autoridad Nacional Palestina también condenaron "la injerencia" y "el intento de golpe de Estado" en Venezuela, agradecidos por el apoyo internacional que Caracas les ha prestado en los últimos años, al primero durante la guerra civil que asola el país —hasta ver cualquier informativo de Telesur que mencione Siria—, y a los segundos en su búsqueda de un estado propio.

Más llamativa es la reacción de Turquía. "¡Hermano Maduro! ¡Mantente en pie, estamos contigo!", habría dicho Erdogan, según su portavoz Ibrahim Kalim, que tuiteó: "Bajo el liderazgo del presidente Tayyip Erdogan, Turquía mantendrá su postura de principios contra todos los intentos de golpe. #WeAreMADURO". Cierto es que el Gobierno de Erdogan se opuso frontalmente a la asonada que derrocó a su aliado en Egipto, el islamista Mohamed Morsi, en 2013, y que él mismo estuvo a punto de ser expulsado por la fuerza en el verano de 2016. Pero la afinidad con Maduro parece ir más allá: el venezolano visitó Turquía en septiembre del año pasado, donde fue objeto de la legendaria hospitalidad otomana, y el mandatario turco le devolvió la visita este diciembre, estrechando lazos en el proceso.

Erdogan se ha convertido en un abierto crítico de las sanciones contra Venezuela, ha prometido invertir más de 4.500 millones de euros en la maltrecha economía del país, y ha convertido a Turquía en uno de sus principales suministradores de alimentos para paliar el desabastecimiento. Y pese al caos económico que ha llevado a muchas aerolíneas a dejar de operar sus líneas con Venezuela, la compañía semiestatal Turkish Airlines aún mantiene varios vuelos semanales a Caracas, una decisión más política que financiera.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan y el venezolano Nicolás Maduro firman una serie de acuerdos en Caracas, Venezuela, el 3 de diciembre de 2018. (Reuters)
El presidente turco Recep Tayyip Erdogan y el venezolano Nicolás Maduro firman una serie de acuerdos en Caracas, Venezuela, el 3 de diciembre de 2018. (Reuters)

El 'club de Siria'

Pero las cosas quedan un poco más claras si ampliamos el foco: pese a haber apoyado a bandos opuestos al principio de la guerra de Siria, todos estos países están conformando un nuevo polo con epicentro en Rusia, que no solo coopera con Irán —ha llegado a lanzar bombardeos aéreos contra rebeldes sirios desde territorio iraní, y su aviación ha participado en ofensivas conjuntas con las fuerzas de Irán y del régimen sirio—, sino también con Turquía.

A pesar de ser miembro de la OTAN, Turquía está demostrando ser un actor independiente que se aleja progresivamente de la órbita de Washington, con quien ha mantenido toda una serie de desencuentros cada vez más intensos: el apoyo estadounidense a las milicias kurdas en Siria (que a día de hoy, Ankara ve como un peligro mucho mayor que un Bashar Al Assad aún en el poder), la negativa a extraditar al teólogo Fethullah Gülen a quien Erdogan responsabiliza del intento de golpe de 2016, la detención del pastor estadounidense Andrew Brunson, y el desplome de la lira provocada por los aranceles impuestos por Donald Trump al acero y al aluminio, dos productos de los que Turquía es exportadora. A eso se suma el creciente acercamiento a Moscú, a quien ha comprado el sistema de misiles S-400, incompatibles con los sistemas de la Alianza Atlántica, y con quien se dispone a poner en marcha el proyecto Turkish Stream, un gasoducto bajo las aguas del Mar Negro para exportar gas ruso a la UE a través de Turquía y los Balcanes.

Consciente de su creciente impopularidad en las cancillerías occidentales, Erdogan lleva algún tiempo buscando nuevos socios internacionales. "Turquía se inclina hacia focos alternativos como son China y Rusia, y Venezuela tiene un papel que jugar en esa tendencia", afirma el analista Basem Tajeldine en una reciente entrevista con BBC Mundo. Superadas las desavenencias respecto a Siria, el mandatario turco parece cada vez más cómodo en su relación con Vladimir Putin, como quedó demostrado durante su visita a Moscú la semana pasada.

China, de momento, ha rechazado "la interferencia en los asuntos internos de Venezuela", y ha mostrado "su apoyo a los esfuerzos del Gobierno para mantener su soberanía, independencia y estabilidad". En todo caso, se mantiene por ahora en un discreto segundo plano, reservando sus energías para teatros donde su implicación es mayor, como Asia e incluso África. De nuevo una reminiscencia de la guerra fría: China y Rusia como polos rivales de poder —han incrementado su cooperación en los últimos años en ámbitos como el militar, pero sus intereses son radicalmente diferentes—, a su vez opuestos al bloque occidental. Un mundo multipolar, en suma, pero que, en escenarios como el de Venezuela, empieza a reorganizarse por familias geopolíticas. La perspectiva no es un muy alentadora.

Mondo Cane
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