Paranoia en el Amazonas: el día que me acusaron de ser una agente de Macron

La guerra informativa de Bolsonaro se recrudece: “Todas las solicitaciones de prensa para acompañar las acciones en el terreno deben ser encaminadas al correo oficial del Ministerio de Defensa”

Foto: Un incendio en la selva del Amazonas (Reuters)
Un incendio en la selva del Amazonas (Reuters)

Es la cuarta vez que viajo a la Amazonía. La última fue entre enero y febrero de este año, cuando grabé un reportaje de 27 minutos sobre los retos de la mayor selva tropical del planeta en el comienzo de la era Bolsonaro para el canal en español de una televisión francesa. La producción de este mini-documental comenzó inmediatamente después de las elecciones presidenciales de octubre de 2018, en las que Bolsonaro ganó con el 55% de los votos.

Ya en la fase previa a la grabación del reportaje, iniciada en noviembre del año pasado, los interlocutores -que a duras penas aceptaron ser entrevistados- mostraban una gran preocupación por la llegada del nuevo equipo de Gobierno. Temían represalias. Finalmente, tras semanas de conversaciones telefónicas, por Whatsapp y personales, conseguí grabar a los representantes del Instituto Brasileño del Medio Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (Ibama), que lucha contra los crímenes ambientales, y del Instituto Chico Mendes para la Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), responsable de la gestión y preservación de los parques nacionales. Todos los entrevistados evitaron posicionarse sobre la situación política de Brasil y optaron por ceñirse estrictamente a su trabajo.

Seis meses después, la situación en la Amazonía brasileña ha cambiado por completo. Los responsables de los gabinetes de prensa de ambos órganos han sido alejados de sus funciones o han dimitido. Varios altos cargos han sido ocupados por militares designados directamente por el Ejecutivo. Tras la aprobación del decreto que autoriza el uso de las Fuerzas Armadas en el combate de los incendios en la Amazonía, el pasado 23 de agosto, toda la comunicación sobre la mayor emergencia medioambiental del año ha pasado a depender del ministerio de Defensa, algo que ha dejado a los periodistas atrapados en un laberinto de solicitaciones, correos electrónicos y llamadas improductivas.

La realidad es que pocos profesionales han conseguido grabar operaciones de las Fuerzas Armadas en su lucha contra el fuego. Los colegas de prensa han tenido más suerte, porque pudieron acompañar alguna expedición y usar declaraciones 'off the record' para sus textos. Los equipos de televisión, en cambio, han tenido que lidiar con la falta de respuestas y colaboración de los órganos responsables de coordinar la cobertura informativa.

Un episodio puede ejemplificar cómo el Gobierno de Bolsonaro ha intentado evitar el cara a cara con la prensa internacional. Mientras la mayoría de los periodistas se concentraba en las regiones con más focos de incendios, es decir, Rondonia, el sur del Amazonas y el sur de Pará, la primera rueda de prensa del Comando Militar de la Amazonía fue realizada en Manaos, ciudad en la que prácticamente no había reporteros. El mismo nombre del dispositivo, “Operación Verde Brasil 17”, ha suscitado polémicas por incluir el número de campaña de Bolsonaro en el nombre.

Un enviado especial de una de las principales agencias internacionales cuenta que en dos ocasiones el Ejército ofreció información errada sobre el lugar de la operación. Este camarógrafo interpreta el error como una forma intencional de despistar a los periodistas. Mientras, el fiscal del Ibama al que entrevisté en febrero ha sido relevado de sus funciones y la oficina de Humaitá, una de las ciudades más conflictivas de toda la Amazonía, se va a quedar sin ningún tipo de fiscalización.

En 2017 la sede del Ibama de Humaitá, en el sur del Amazonas, fue quemada tras realizar una operación contra los garimpeiros, los buscadores de oro que trabajan fuera de la legalidad. En aquella ocasión también fue incendiada la delegación del ICMBio. Fue un incidente turbio que dejó al descubierto los conflictos que oponen a madereros, garimpeiros, fazendeiros, políticos locales y funcionarios federales. Cabe destacar que este año el Amazonas, el Estado más grande de Brasil y hasta ahora el más preservado, ha registrado el peor agosto de los últimos 21 años con 6.145 focos detectados en un solo mes. A principio de la década, el 98% de su selva todavía era virgen, pero este año el Amazonas se ha consagrado como el tercer Estado con los peores datos de deforestación, que afectaron una superficie de 912 kilómetros cuadrados.

Tras el cierre de su oficina, el agente forestal del Ibama, originario de Humaitá, será trasladado a otro Estado. El sur del Amazonas, considerado la última frontera contra la deforestación por su excelente nivel de preservación, quedará a la merced de grileiros, los bandidos medioambientales que invaden las tierras de las reservas indígenas o de los parques nacionales, cortan la madera noble para revenderla en el mercado negro, incendian los lotes de tierra y los revenden con papeles falsos o incluso sin papeles a productores agrarios y ganaderos ansiosos de expandir sus negocios. Todos en este región - expertos, fiscales, políticos y agentes policiales – coinciden en que los grileiros son los verdaderos responsables de los incendios y la deforestación, que este año creció un 67%, según el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE).

Tampoco el Instituto Chico Mendes autorizó la grabación con los agentes forestales que desde hace semanas luchan contra las llamas en el medio de la selva. “Hoy pasé por un área de nueve kilómetros completamente destruida. Me encantaría que estuvieses aquí para grabarlo, pero si te doy una entrevista, me van a mandar a China”, me dijo uno cuando le informé de que había hablado con más 10 personas sin conseguir nada.

El cerco informativo a los periodistas no ha sido el único obstáculo durante la cobertura de los incendios. Nuestro equipo de televisión ha sido acusado de ser una célula enviada por el presidente francés Emmanuel Macron, al que nunca vi en mi vida y que con absoluta seguridad no debe tener ni idea de quién soy, con la misión de derribar a Bolsonaro. La campaña de 'fake news' corrió como la pólvora en los grupos de Whatsapp de los bolsonaristas del sur del Amazonas y tiene que ver con el rifirrafe diplomático protagonizado por los presidentes de Brasil y Francia sobre la los incendios y el futuro de la Amazonía.

La animadversión hacia la prensa internacional ha sido una constante durante toda la misión. Fuimos hostigadas al subirnos al autobús que nos llevaría a Apuí, el municipio que durante semanas encabezó la lista de incendios en la Amazonía. “No las dejéis embarcar, vienen para hablar mal de nosotros”, nos espetó un pasajero que intentó sin éxito armar un revuelo. No fuimos las únicas. Varios periodistas extranjeros relataron lo mismo. Incluso un equipo de una agencia de prensa tuvo que huir a toda prisa de un rodeo realizado en el interior del Estado de Rondonia, cuando la agresividad de los lugareños alcanzó niveles inquietantes.

Habitada por unas 20.000 personas, Apuí es una ciudad joven fundada en 1988, en una época en la que el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria (Incra) fomentaba la inmigración hacia la región e incluso la deforestación, que era un requisito obligatorio para conseguir las escrituras de las tierras. En su momento fue el mayor asentamiento de colonos de toda América Latina. En este municipio habitado por inmigrantes llegados del sur y del noroeste de Brasil, no encontramos un ambiente hostil.

Sin embargo, llama la atención que los fazendeiros de la región negasen tajantemente que la selva está siendo calcinada, a pesar del fuerte olor a quemado y de la neblina que recubre el campo y la ciudad. “La Amazonía no está en llamas. Lo que hay son incendios localizados, sobre todo de pastos. Hay una campaña internacional contra Brasil, liderada por Francia, que tiene mucho interés en las riquezas naturales de nuestra Amazonía”. Este era el argumento esgrimido por varios ganaderos.

La aparición de un 'slide' en una página local de Facebook, que criticaba la colaboración del Ibama con esta periodista (que se limitó a una grabación en el campo en la que no pude hacer entrevistas a falta de autorización) generó una ola de comentarios de desaprobación en las redes sociales. Finalmente, nuestro canal prefirió que abandonásemos el lugar por seguridad, una medida de extrema prudencia que acabó beneficiando a los que no querían que los medios extranjeros informasen de los incendios.

Durante una travesía de casi 400 kilómetros por la carretera Transamazónica, varias personas me preguntaron con desconfianza si pertenecía a una ONG. “Ten cuidado. Aquí las ONGs no son bienvenidas”, me llegó a soltar un joven militar en Humaitá. Al principio de la crisis medioambiental, el presidente Bolsonaro acusó a las ONGs de ser responsables de los incendios sin aportar pruebas. Pocos días después, numerosas personas esgrimieron los mismos argumentos esdrújulos para culpar a las ONGs de los problemas endémicos de la Amazonía brasileña. “Las ONGs pagadas por Gobiernos europeos están aquí por la riqueza de la Amazonía. ¿Qué hace un cura enseñando inglés en una aldea indígena? ¿Cuál es su intención? Hacerse con las áreas que tienen recursos”, afirmó un político local.

Recientemente apareció en la prensa brasileña una noticia alarmante: el 20% de las noticias a favor del Gobierno que llevaban el hashtag #AmazoniaSemOng fueron impulsadas por robots, muy eficientes en su misión de hacer penetrar con rapidez este mensaje anti ONGs entre los brasileños. Durante este viaje pude comprobar cuán eficaz es la estrategia gubernamental de combinar 'fake news' y redes sociales para crear estados de opinión favorable para unos y desfavorable para otros, en este caso para la “prensa de izquierdas”.

Varias personas en los últimos días mencionaron como real la posibilidad de que Francia o algún otro país europeo invada la Amazonía brasileña. Para agradar a su base electoral y muy consciente de la importancia de los gestos simbólicos en la era de la guerra de narrativas, Bolsonaro anunció a bombo y platillo que va dejar de usar el boli Bic, el mismo que utilizó para firmar el acta de presidente en un intento de demostrar que va a reducir los gastos en su gestión. A partir de ahora empleará solo un Compactor, un producto made in Brasil ya que “la Bic es francesa”.

La reacción del embajador francés en Brasil, Michel Miraillet, no ha tardado en llegar. “Sí, la Bic es francesa, ¡pero también es brasileña! Bic es uno de los principales empleadores de Manaos y probablemente centenares de colaboradores quedarán sorprendidos con el hecho de que esta realidad todavía no haya alcanzado el Planalto [la sede del Gobierno brasileño]”, escribió el diplomático en su cuenta de Twitter.

Mondo Cane
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