Purgas, más gasto militar y cooperación con Israel: Arabia Saudí da un paso al frente

La caída del petróleo y la amenaza expansionista de Irán están sacudiendo el régimen desde sus cimientos. Si la tendencia se mantiene, no podrá seguir 'comprando' la opinión de la población

Foto: El presidente de EEUU, Donald Trump, camina junto al rey de Arabia Saudí, Salman Bin Abdulaziz, durante una cumbre en Riad. (Reuters)
El presidente de EEUU, Donald Trump, camina junto al rey de Arabia Saudí, Salman Bin Abdulaziz, durante una cumbre en Riad. (Reuters)

Arabia Saudí está cambiando. Las recientes purgas en el 'establishment', los tímidos avances en la libertad de las mujeres, el incremento del gasto militar, la ya evidente cooperación con Israel y la construcción de un gran 'hub' tecnológico y económico en el desierto, así lo manifiestan.

Las razones del nuevo rumbo que están tomando los saudíes son varias. El servicio de investigación del Parlamento británico, en su informe anual sobre Arabia Saudí de 2016, aportaba una lista concreta: es un país muy joven (casi la mitad de la población es menor de 25 años) que recibe influencias del exterior, el desempleo de este segmento puede aumentar a medida que ingresen en el mercado laboral, hay más mujeres que hombres obteniendo títulos universitarios, el modelo estado rentista, debido a la bajada del precio del petróleo, puede estar tocando a su fin, y, por último pero no menos importante, y el enfrentamiento con Irán y la mutación de la correlación de fuerzas en Oriente Medio.

Ciertamente, son la bajada del precio del petróleo y la amenaza expansionista de Irán, sobre todo, los factores que están sacudiendo el régimen desde sus cimientos.

La monarquía saudí no puede caernos bien a los occidentales. Además de la promoción del wahabismo y la financiación de grupos terroristas, en el índice de Democracia de 2016 estaba en el puesto 160 (de 167)

Los otrora monarcas multimillonarios pueden hacer frente a una revuelta como las vividas durante la Primavera Árabe si no garantizan un futuro próspero a sus jóvenes, y para evitarlo, en primer lugar, tienen que acabar con corrupciones endémicas y deben abrir el país al mundo. Su enemigo histórico, Irán, no desaprovechará la oportunidad de hacer caer la ficha de Riad si ésta se interpone en el gran creciente chií que los persas están levantando (desde Teherán y Sana hasta Beirut, pasando por Bagdad y Damasco). La geopolítica siempre entra en juego en Oriente Medio y el reino de los Saud, con un poco de retraso respecto a los iraníes, se ha puesto manos a la obra.

La monarquía saudí no puede caernos bien a los occidentales. Además de toda la polémica que rodea a la venta de armas a los saudíes, a la promoción del wahabismo por el mundo y a la financiación de grupos terroristas suníes, en el índice de Democracia de 2016, elaborado por 'The Economist', Arabia Saudí estaba en el puesto 160 (de 167) y su récord en la violación de los Derechos Humanos es de los peores del mundo de acuerdo con Amnistía Internacional. Arabia Saudí es uno de los apeaderos políticos menos aceptables que existen. No obstante, como aliado tradicional de Occidente -querido petróleo-, estas reformas y su alineamiento manifiesto con Israel pueden cambiar el régimen y todo Oriente Medio, y quizás, a mejor. No será un proceso fácil y tampoco tiene garantías de éxito.

Todos contra Irán

En tal sentido, la colaboración cada vez menos soterrada entre Israel y Arabia Saudí, como apunta Hussein Ibish en 'The Atlantic', puede ayudar a la paz entre israelíes y palestinos. Los saudíes pueden así erigirse como custodios de los compromisos de paz de los palestinos y ayudar económicamente al nuevo Estado de Palestina. El acuerdo regional de Trump, además, pasa así necesariamente por los saudíes y lo demás aliados de EEUU en la región. Irán ha puesto en estado de alarma a todos los países suníes y a Israel, y esta alianza, que aún está por ver, puede ser la clave de bóveda para que palestinos e israelíes lleguen por fin a un entendimiento. La visita del presidente palestino Mahmud Abbas a Riad, en la cual el monarca saudí presionó a Abbas para que aceptara el plan de paz de Trump (que será anunciado a principios de 2018) así como la entrevista del jefe del ejército israelí, Gadi Eizenkot, a un medio saudí evidencian que la monarquía de los Saud está dispuesta a acoger a Israel en un eje anti-Irán.

Esta guerra fría entre los países suníes, con Arabia Saudí a la cabeza, e Irán también se ha extendido a Líbano. La extraña huida (y retorno) del primer ministro libanés Saad Hariri a Riad, revestida por la denuncia pública de la infiltración de Irán mediante su aliado Hezbolá en la política de Líbano, evidencia que el país de los cedros puede ser escenario de un conflicto de baja intensidad en donde, como en Yemen, Arabia Saudí e Irán se enfrenten mediante apoderados o mediante aliados.

Soldados saudíes atacan con artillería posiciones de los rebeldes hutíes en la frontera de Arabia Saudí con Yemen. (Reuters)
Soldados saudíes atacan con artillería posiciones de los rebeldes hutíes en la frontera de Arabia Saudí con Yemen. (Reuters)

Así, hace tiempo que se habla de una nueva guerra entre Israel y Hezbolá, la cual podría estallar en cualquier momento. Un conflicto que se extendería, presumiblemente, a la parte siria de Altos del Golán, en donde Hezbolá tiene una fuerte presencia. Según Nicolas Blanford del Middle East Institute, ni Israel ni Hezbolá quieren una guerra ahora, pero cualquier incidente, por pequeño que sea, puede desatar un enfrentamiento en el que operarían las distintas alianzas que se están formando en toda la región.

Irán, por su parte, no está precisamente de brazos cruzados. Además del mencionado creciente chií, ha mejorado, vía Rusia, sus lazos con Turquía, y acusa a Arabia Saudí de generar tensiones regionales para tapar sus problemas internos. Un momento bastante complicado de la fricción entre ambos países fue el lanzamiento, a principios de noviembre, de un misil al aeropuerto de Riad por parte de los rebeldes Houthis de Yemen (apoyados por Irán). Precisamente en Yemen, los saudíes están perdiendo la partida frente a los persas.

A este respecto, Arabia Saudí lleva tiempo rearmándose. Obama firmó en su última visita un acuerdo por 60.000 millones de dólares en venta de armas y Trump hizo lo propio el pasado mes de mayo, concediendo un paquete de ayuda militar de 100.000 millones de dólares. Ryan Riegg avisa que si el régimen se vuelve económicamente inestable podría empezar una guerra. Una guerra regional en bloques sería devastadora para Oriente Medio. Arabia Saudí parece estar preparándose para ello, o bien está intentando situarse a la altura de los iraníes.

Mohamed bin Salman y su Vision 2030

Sin embargo, los saudíes no solo están reconfigurando sus alianzas regionales y mejorando su ejército y su arsenal, también están implementando grandes proyectos económicos e importantes cambios políticos.

El nuevo príncipe heredero Mohamed bin Salman (MbS), recientemente nombrado viceprimer ministro y ministro de defensa, es el protagonista indiscutible de la revolución política y económica que está experimentando Arabia Saudí, tal como el mismo dejó patente en su ambicioso programa Vision 2030. En la presentación de dicho programa, MbS fue claro, y dado el contexto del régimen fundamentalista, también transgresor: “El 70% de los saudíes tienen menos de 30 años, y no perderemos 30 años de nuestras vidas lidiando con ideas extremistas; las destruiremos hoy […] Queremos vivir una vida normal”.

Bin Salman tiene el objetivo de mejorar las vidas de los saudíes. Si la tendencia del crudo se mantiene, el reino no podrá seguir 'comprando' la opinión de la población

Indudablemente, con Vision 2030, MbS busca acabar con la dependencia del petróleo, como ha apuntado Emily Dickinson en 'Foreign Policy', y tiene el alto objetivo de mejorar las vidas de los saudíes; en parte, porque si la tendencia del precio del crudo sigue igual, el reino no podrá seguir “comprando” la opinión política de la población.

Vision 2030 plantea la creación de dos grandes ciudades. La primera, Neom, parece uno de los buques insignia de esta apertura al mundo. Neom, que significa nuevo futuro, ha recibido el apoyo del FMI, prevé una inversión de 500.000 millones de dólares y está diseñado para ser un 'hub' de desarrollo agrario, tecnológico, energético e hídrico, con una legislación y sistema judicial propios (al estilo de Dubái) y se extendería, conectando con Jordania y Egipto, por una vasta extensión de 26.500 km2 en el litoral suroeste del país -treinta y tres veces el tamaño de la ciudad de New York-. Neom funcionará solamente con energía renovable y la primera fase espera abrir sus puertas en 2025.

En palabras de MbS: “Este lugar [Neom] no es para gente o empresas convencionales, éste será un lugar para los soñadores del mundo […] La fuerte voluntad política y el deseo de una nación. Todos los factores de éxito están ahí para crear algo grande en Arabia Saudí”. El director del Neom es el alemán Klaus Kleinfeld, antiguo CEO de Siemens AG y de Alcoa Inc.

El príncipe heredero Mohammed Bin Salman junto a Christine Lagarde (FMI) durante una cumbre sobre inversión, en Riad. (Reuters)
El príncipe heredero Mohammed Bin Salman junto a Christine Lagarde (FMI) durante una cumbre sobre inversión, en Riad. (Reuters)

La otra megaciudad que los saudíes piensan levantar es Qididiya, puramente recreativa; estaría localizada a unos 30 kilómetros de Riad.

Pero un plan de modernización no es la única iniciativa del nuevo hombre fuerte de Riad. A principios de noviembre, MbS ordenó el arresto de varios príncipes, varios hombres de negocios conocidos, así como antiguos funcionarios de alto rango y creó asimismo un comité anticorrupción. Fue toda una declaración de intenciones, es cierto, pero MbS lleva tiempo introduciendo cambios disruptivos en el régimen. El año pasado, por ejemplo, MbS ya había recortado el presupuesto del país y había comenzado un estricto control en el gasto.

En lo referente a la modernización política de Arabia Saudí, MbS ha llamado públicamente a “abrazar un Islam abierto al mundo y a todas las religiones”. Elliot Abrams, del Council on Foreign Relations opina que esto no implica una liberalización política y Clifford May, concluye que, en todo caso será un liberalizador, pero no un democratizador -reformas concretas pero sin convertir al reino en una democracia-. En cualquier caso, y utilizando como referencia el permiso para que las mujeres puedan conducir, para el especialista en el Golfo del Washington Institute for Near East Policy Simon Henderson, estas reformas, lleven a donde lleven, pueden suponer una transformación nacional en toda regla.

Dichas reformas, no obstante, no son nuevas, y no serán fáciles, advertía el 'The Economist' en julio del año pasado. Como señaló el semanario británico, “Arabia Saudí ha prometido reformas anteriormente, que se esfumaron en la insignificancia. Sus mercados de capital son escasos y la capacidad de su burocracia es pequeña […] la economía no prosperará si la familia real termina enardeciendo su región y bloqueando la reforma social en el país. Si el Príncipe Muhammad [bin Salman] debe rehacer su país, no arruinarlo, tiene que entender eso”.

Dentro del régimen teocrático y dictatorial saudí, MbS puede ser la figura que aúne a los sempiternos conservadores y a la creciente élite más liberal -en términos relativos y no occidentales- o que, por otro lado, los enfrente. De acuerdo con Amal al-Hazzani, columnista del periódico saudita 'Asharq Al-Awsat' y profesor de la Universidad King Saud “antes, el gobierno siempre hacía un balance entre los liberales y los conservadores, dando concesiones a ambos lados….Siguieron tratando de lograr ese equilibrio, hasta que llegó el Príncipe Heredero Mohammed bin Salman ... Él ha terminado con esa era”.

MbS puede pasar a la historia como el gran reformador de Arabia Saudí o erigirse como otro monarca teocrático más prometiendo una democratización y apertura que nunca llegan. Aún es pronto para especular.

Una nueva y difícil era en el reino de los Saud

La situación de Arabia Saudí es, al fin y al cabo, complicada; en palabras del director del Intelligence Project de la Brookings Institution Bruce Reidel, el reino se encuentra en una encrucijada: su economía se ha estancado con los bajos precios del petróleo; la guerra en Yemen es un atolladero; el bloqueo de Qatar es un fracaso; La influencia iraní es desenfrenada en Líbano, Siria e Irak; y la sucesión es un signo de interrogación. Estamos, incuestionablemente, en el período más volátil en la historia de Arabia Saudí en más de medio siglo.

La lucha contra la corrupción y las purgas, el NEOM, el caso Hariri o la colaboración con Israel, dan a entender que los saudíes han dado un paso al frente y están dispuestos a ocupar un lugar preponderante en el juego de ajedrez que es Oriente Medio. Para ver hacia dónde lleva todo esto, habrá que esperar.

Tajles

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