¿Por qué Irán se ha convertido en el enemigo público número uno?

Su participación en los conflictos de la zona, así como su apoyo a grupos terroristas y a relevantes actores en países árabes aliados de Occidente son las principales razones, pero no las únicas

Foto: Iraníes pasan sobre una bandera de EEUU y otra de Israel en la entrada de una mezquita en el norte de Teherán. (Reuters)
Iraníes pasan sobre una bandera de EEUU y otra de Israel en la entrada de una mezquita en el norte de Teherán. (Reuters)

Irán está en el punto de mira. El presidente norteamericano Donald Trump decidió el pasado 12 de enero poner un ultimátum, tanto a su Congreso como a los aliados europeos, para que arreglen el acuerdo nuclear con Irán que él juzga desastroso. La embajadora norteamericana para las Naciones Unidas, Nikki Haley, acusó recientemente al régimen de Teherán de ser la principal causa de inestabilidad en Oriente Medio. El ministro de asuntos exteriores de los Emiratos Árabes Unidos ha hecho la misma advertencia en el 'Financial Times'. Asimismo, los demás países suníes de Oriente Medio, y a la cabeza Araba Saudí, en una alianza cada vez menos soterrada con Israel, consideran a Irán el mayor peligro para la región y están actuando en consecuencia. El pasado 10 de febrero, fuimos testigos del primer enfrentamiento directo entre Israel e Irán en la frontera siria.

Pero ¿por qué? ¿tan peligroso es Irán para la seguridad global? ¿tanta inestabilidad genera en Oriente Medio? Su participación en los conflictos que azotan la zona, así como su apoyo a grupos terroristas y a relevantes actores políticos en distintos países árabes aliados de Occidente son las principales razones, pero no las únicas.

El papel de Irán y de su régimen frente a sus adversarios es ya un factor definitorio de Oriente Medio, el cual se extenderá durante la próxima década. Así, el protagonismo mundial de Irán es indiscutible, y ciertamente se lo ha ganado a pulso.

La construcción de un gran creciente chií

Irán es uno de los países peor parados en los índices de democracia, derechos humanos, libertades y corrupción. En este sentido, Irán ocupó el puesto 150 (de un total de 167) en el Índice de Democracia 2017; la Heritage Foundation clasifica a Irán en el puesto 155 de 180 en el Índice de Libertad Económica; la Freedom House ha definido a Irán año tras año como un país "no libre". Amnistía Internacional (AI) y Human Rights Watch (HRW)han dado cuenta periódicamente de la brutal violación de todas las libertades en Irán por parte del régimen. AI ha informado del panorama desolador:

Si por un lado existe el eje países suníes e Israel, respaldado por EEUU, por otro lado tenemos el eje Teherán-Damasco-Moscú y casi Ankara

"Las autoridades reprimieron en gran medida los derechos a la libertad de expresión, asociación, reunión pacífica y creencias religiosas, arrestando y encarcelando a críticos pacíficos y a otros después de juicios groseramente injustos ante los Tribunales Revolucionarios. La tortura y otros malos tratos a los detenidos siguen siendo comunes y generalizados, y se cometen con impunidad. Se siguieron aplicando flagelaciones, amputaciones y otros castigos crueles. Los miembros de minorías religiosas y étnicas se enfrentan a la discriminación y la persecución. Las mujeres y las niñas enfrentan violencia y discriminación generalizadas. Las autoridades hicieron un uso extensivo de la pena de muerte y llevaron a cabo cientos de ejecuciones, algunas en público".

HRW, por su parte, señaló que, en 2015, “las autoridades iraníes ejecutaron al menos a 830 prisioneros ahorcados, y casi 700 ejecutados en los primeros seis meses del año. Los funcionarios también llevaron a cabo amputaciones de extremidades por delitos como el robo”. El mismo año, Irán ejecutó a más personas que cualquier otro país de la ONU y alcanzó su cifra más alta en 25 años. En 2016, de acuerdo con la información de HRW, “las autoridades habían ejecutado al menos a 203 personas”. En una carta enviada a la Asamblea General el pasado mes de noviembre, firmada, entre otros, por AI y HRW, se especificaba que Irán había ejecutado a 440 personas desde principios de 2017.

En el Índice de Percepción de la Corrupción de 2017, elaborado por Transparencia Internacional, Irán obtuvo el puesto 131 de 176 con una puntuación total de 29 (en una escala de 0 -muy corrupta- a 100 -muy limpia-).

Todos estos índices y rankings se han reflejado en las recientes protestas ciudadanas, acalladas por una dura represión, que han vuelto a evidenciar la falta de libertades y de prosperidad económica en el país.

El régimen de Irán, en suma, se erige hoy como uno de los más detestables en todo el mundo.

Pero, viviendo en tiempos de retorno al sistema internacional westfaliano, si queremos entender por qué Irán tiene tantos enemigos es necesario atender a sus actividades allende sus fronteras, que son las que generan inestabilidad y gracias a las cuales el régimen está en el disparadero internacional.

En la última década, tras la invasión de Afganistán en 2001 y la de Irak en 2003, y gracias a las políticas estadounidenses en la región, Irán ha salido reforzado y ha llenado un enorme hueco geopolítico, ideológico y militar dejado por la caída de Sadam, por el derrocamiento de los talibanes y por la retirada progresiva de EEUU iniciada por la Administración Obama.

Sacando de la ecuación el acuerdo nuclear, que EEUU e Israel juzgan catastrófico y países firmantes como Francia, Alemania y Reino Unido, mejorable, Teherán está llevando a cabo una expansión regional innegable. Y está teniendo éxito en ello; así lo apuntaba Thanassis Cambanis de la Century Foundation en 'Foreign Policy' ya en abril de 2015, tres meses antes de que se firmara el acuerdo nuclear con Irán. Mediante la financiación, la ayuda logística y el despliegue de tropas, Irán ha salvado al régimen de Al Assad en Siria, está ganando la guerra civil en Yemen a favor de los hutíes, así como el conflicto de Bahréin apoyando a los grupos opositores al gobierno. A través de Hizbulah, domina el sur de Líbano, tiene un papel preponderante en Beirut y amenaza a Israel, e influye indudablemente en el Gobierno pro-iraní de Bagdad. Asimismo, Irán financia a Hamas y al grupo chií iraquí Hashed al-Shaabi. Una red de apoyo internacional que deja su rastro: según el Departamento de Estado de los EEUU, Irán es uno de los principales patrocinadores del terrorismo en el mundo desde 1984.

Esta actitud por parte del régimen de Teherán responde a varios objetivos. El más obvio e importante es la construcción de un gran creciente chií, desde Teherán hasta Beirut, pasando por Saná, Bagdad y Damasco. Una dominación regional en toda regla que contrarresta la influencia y el poder de los países suníes y amenaza la seguridad de Israel. Todos ellos, aliados de EEUU.

El protagonista indiscutible de esta expansión es la Quds Force, brazo exterior de la omnipresente Guardia Revolucionaria, dirigida por el todopoderoso general y artífice del gran creciente chií Qassem Soleimani.

Irán, en suma, está sumido en una guerra fría por la influencia en Oriente Medio y tiene a casi todos en contra. No es de extrañar que, en contraposición, Irán apoyara a Qatar ante el bloqueo saudí, y se hayan alineado con Rusia y mantenga con Ankara una relación colmada de 'realpolitik'. Si por un lado existe el eje países suníes e Israel, respaldados por EEUU, por otro lado, tenemos el eje Teherán-Damasco-Moscú y casi Ankara.

Un hombre socorre a una niña tras un bombardeo saudí en Saná, Yemen. (Reuters)
Un hombre socorre a una niña tras un bombardeo saudí en Saná, Yemen. (Reuters)

Un 'ethos' expansionista y antioccidental

Para entender esta estrategia expansionista tenemos que acudir a las bases fundacionales de la República Islámica y sobre todo a la mentalidad imperial persa.

La constitución de Irán recoge la obligación de extender su influencia por Oriente Medio y por todo el mundo: “[La Constitución] proporciona la base necesaria para asegurar la continuación de la revolución [islámica] en casa y en el extranjero […] La Asamblea de Expertos elabora esta Constitución con la esperanza de que este siglo será testigo de la creación de un gobierno santo universal y la caída de todos los demás”.

En su día, el ayatolá Jomenei fue claro respecto al papel internacional de la República: “Irán es el punto de partida”; de ahí el enfrentamiento con los saudíes por liderar el mundo musulmán -la umma-. La Constitución, concebida además para ser un contrapeso a la influencia occidental en Oriente Medio, llama también a ayudar a todos los movimientos de liberación que luchen contra la opresión.

Irán puede bloquear el estrecho de Ormuz y es una bisagra entre Oriente Medio y Asia. Una intervención internacional sería devastadora

En teoría los ayatolás han renegado de ello, pero los persas tienen mentalidad de imperio desde hace siglos. Tener una política exterior activa y ser un poder independiente, como subraya Suzanne Maloney de la Borrkings Institution, son líneas maestras que también ostentaba el Sha Reza Pahlevi. Actualmente, dentro de una maniobra de 'contrahegemonia', de acuerdo con la definición de Yasuyuki Matsunaga, profesor de la Universidad de Tokio, el régimen iraní rechaza la influencia extranjera —en la época del Sha lo llamaron “westoxification”— desconfía del orden internacional, ya que lo ve como una herramienta del poder global de EEUU y utiliza una interpretación conspiracionista de la política —creen que ISIS fue creado por EEUU para combatirles en Irak y Siria—.

Sin embargo, convertirse en el poder hegemónico no es la única motivación de su agresiva política exterior. En el caso de Irak, el régimen considera a la antigua Babilonia parte de Irán, con una geografía y una cultura inseparables. Irak es, a este respecto, un país de mayoría chií, gobernado por una minoría suní hasta el derrocamiento de Sadam Husein.

Por otro lado, el antagonismo contra Israel genera simpatías en todo el mundo árabe y musulmán, siendo un gran acicate para la influencia persa en Oriente Medio. La manifiesta hostilidad y la intención explícita de destruir a Israel ha estado en la narrativa del régimen desde el triunfo de la revolución. En enero de 2017, como ejemplo, Teherán organizó un desfile antiamericano y antiisraelí en el llamado “Día de Quds”. En las calles se coreó “Muerte a Estados Unidos” y “Muerte a Israel”, mientras que el líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, alentó a la multitud a no mostrar temor a las "amenazas" estadounidenses. El año anterior, Jamenei dijo que Israel dejaría de existir en 25 años. El pasado 12 de febrero, en la conmemoración de la Revolución Islámica, la muchedumbre volvió a corear los mismos lemas antioccidentales y antiisraelíes.

Un trabajador retira una bandera de Irán tras una cumbre sobre el acuerdo nuclear, en Viena, el 14 de julio de 2015. (Reuters)
Un trabajador retira una bandera de Irán tras una cumbre sobre el acuerdo nuclear, en Viena, el 14 de julio de 2015. (Reuters)

Una difícil transición pacífica

Ante el comportamiento desestabilizador de Irán y sus políticas domésticas, muchos han planteado la posibilidad de cambiar el régimen. Pero como señala en 'Foreign Affairs' Haleh Esfandari, del Woodrow Wilson International Center for Scholars y autora de “My Prison, My Home: One Woman’s Story of Captivity in Iran”, el cambio en Irán vendrá necesariamente a través de una revolución y nunca mediante un cambio gradual.

En 1979, una gran masa social marchó en contra del Sha en pos de la democracia en Irán, como bien nos cuentan, entre otros, el clásico del cómic 'Persépolis'. No obstante, los ayatolás se aprovecharon de la situación y en cuanto llegaron al poder convirtieron al país en una teocracia opresora. Grupos opositores al Sha y de tendencia marxista como Mujahideen-e Khalq, el Frente Nacional o el Movimiento de Liberación de Irán apoyaron al ayatolá Jomeini para, posteriormente, sufrir una gran represión por parte del nuevo régimen. El mismo Pablo Iglesias mencionó, sobre su contratación por parte del canal iraní Hispan TV, que Irán era un país “asesino de comunistas”.

Desde entonces, todos los amagos de revolución, la estudiantil en 1999, la “Green Revolution” en 2009 y las recientes protestas iniciadas en diciembre, han sido aplastadas por las fuerzas del orden, sobre todo por la milicia Basij, otro cuerpo de la Guardia Revolucionaria dedicado a la represión interior. Estas revoluciones no han tenido apoyo internacional, a diferencia de las revueltas de la Primavera Árabe en Egipto y en Túnez.

En las recientes protestas, los iraníes clamaban contra el enorme gasto empleado en las guerras de Oriente Medio en lugar de empoderar a la población. Verdaderamente, en lugar de mejorar las condiciones de vida de sus propios ciudadanos, el régimen ha gastado millones de dólares del levantamiento de sanciones (y de activos descongelados) para extender su influencia en la región y para financiar y apoyar a sus aliados. Durante primer mandato de Rohaní, el presupuesto de defensa de Irán aumentó en un 145%; del mismo modo, en enero de 2017, bajo una implementación completa del acuerdo nuclear, la Asamblea Consultiva Islámica aprobó aumentar el presupuesto de defensa al 5%.

Un presupuesto que no sólo está destinado a las aventuras en el extranjero, sino también a reforzar a las fuerzas de seguridad del país, en especial a la Guardia Revolucionaria, un auténtico estamento dentro del régimen que, se especula, controla el 20% de la economía de Irán.

El régimen está bien asentado y una transición pacífica, o una liberalización progresiva del régimen, son posibilidades remotas.

Por ahora, ni imperio ni conflicto regional

Philip Smyth, Tim Michetti y Owen Daniels del Atlantic Council creen que Irán se ha apuntado a llenar vacíos de poder y legitimidad en Irak, Líbano y Yemen, pero de forma oportunista. En la línea de estos analistas, Irán no es la potencia imperial que muchos países suníes creen. Ha abierto muchos frentes y no tiene una estrategia a largo plazo. Los iraníes, presentes en tantos y tan difíciles frentes, pueden verse desbordados, más aún cuando la presión internacional crece sobre ellos. Si siguen hostigando a Israel desde Siria y Líbano, puede desencadenarse un conflicto regional en toda regla con impredecibles repercusiones.

No parece que los ayatolás, que anteponen la supervivencia del régimen a todo lo demás, tengan un plan concreto para perpetuarse en el poder. Confían demasiado en el apoyo ruso y en que ahora no les van nada mal las cosas en Oriente Medio, pero ese marco puede cambiar de un día para otro.

Los iraníes se han ganado, muchos y poderosos enemigos. No obstante, la geopolítica siempre entra en juego: Irán es un vasto territorio, con reservas de petróleo, que posee un ejército que puede bloquear el estrecho de Ormuz, por donde pasa el 35% del petróleo comercializado en todo el mundo, y es una bisagra entre Oriente Medio y Asia. Una intervención internacional, en los términos actuales, sería devastadora y con consecuencias globales.

El acoso internacional a Irán va a seguir incrementando en los próximos años, sobre todo mientras Donald Trump esté en la Casa Blanca. Nadie parece desear un enfrentamiento armado, mucho menos los propios iraníes, sin embargo, al decir de Paul Wilkinson, no existe un método científico de predicción para las relaciones internacionales.

Tajles

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