Grecia: la solución política que viene
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Grecia: la solución política que viene

Después de 6 meses de dimes y diretes y cortinas de humo en las negociaciones entre Grecia y Europa, llegamos a los momentos definitorios en esta saga

placeholder Foto: El primer ministro Alexis Tsipras (Reuters).
El primer ministro Alexis Tsipras (Reuters).

Después de 6 meses de dimes y diretes y cortinas de humo en las negociaciones entre Grecia y Europa, llegamos a los momentos definitorios en esta saga. Tras otra reunión del Euro grupo fallida el 18 de junio en la que se volvió a presenciar un diálogo de sordos con semblantes cada más graves y una tensión que cortaba el aire, la pelota se ha pasado a la reunión de jefes de Estado de la semana que viene donde estará la plana mayor del gobierno Europeo. Es justo el foro y los interlocutores que los griegos llevan pidiendo desde hace semanas, las más altas instancias políticas de gobierno, donde quizá Merkel ofrezca "un discurso de esperanza" que el ministro griego Varoufakis le imploró recientemente.

Quizá el momento más revelador de la estrategia de Syriza durante este periodo, en el que hay inminencia de un posible impago al FMI y al ECB como arma de presión negociadora sobre los acreedores, ocurrió hace 3 semanas cuando las contradicciones internas entre los acreedores, entre el FMI y las instituciones europeas, se hicieron explicitas: la sostenibilidad de la deuda griega y la necesidad de otra quita. Es precisamente, además, cuando la corrección de los mercados, en torno a un 10-12% desde máximos, ha sido más acusada. A partir de ahí, los griegos elevan el tono de sus vindicaciones acusando al FMI de "pillaje" o hablando de condiciones "humillantes" impuestas por los rescates en medios públicos incluido el parlamento.

Y, me temo, lo están haciendo refrendados por casi toda la opinión académica en materia de teoría económica, incluidos Olivier Blanchard, economista jefe del FMI, el nobel Krugman, Wolf del FT, De Grauwe de LSE, por citar algunos. Ya apuntamos aquí en su momento, que efectivamente si bien Grecia dentro de la eurozona es un caso excepcional por la falta de rigor de Ley y cumplimiento de sus obligaciones europeas (un Estado semi fallido inmerso históricamente en políticas de clientelismo), tanto o más cierto es que la contracción económica derivada de los ajustes impuestos tras los rescates por valor de 240,000 millones de euros ha sido descomunal y un estrepitoso fracaso.

Gran Depresión Griega

Así, mientras el resto de la periferia, España, Portugal e Irlanda, sufrieron caídas del 4-7% del PIB desde máximos y ya retoman la senda alcista, la economía griega se ha contraído un 27%, colapso similar en magnitud a la Gran Depresión americana. Y lo que es peor, la deuda ha aumentado en estos 5 años de crisis en torno a un 50% hasta 180% del PIB, casi el doble que la media europea.

Yanis Varufakis y Christine Lagarde. (EFE)

Efectivamente, una economía en coma con un estrangulamiento financiero por el que pagan 2 dígitos en tipo de interés, poco ajuste fiscal adicional puede acomodar para recuperar el crecimiento. De hecho es en este punto de contención en las negociaciones donde hay más consenso. Europa ha asumido ya que los objetivos de superavit primarios deben estar en torno al 1%- y no al 6% con los que se comprometieron antiguos gobiernos griegos.

El punto clave de fricción y donde los griegos están capitalizando la división entre acreedores es el reconocimiento de la sostenibilidad de la deuda: esa deuda no se va pagar nunca en su totalidad. Para el FMI la reestructuración es un "sine qua non" pero para los Europeos es una línea roja de naturaleza política por motivos que responden más a los intereses políticos nacionales que a la viabilidad de un país arrodillado que busca restablecer el crecimiento (y por ende al mantenimiento de la integridad del euro).

No es que tras los rescates y la asunción de las instituciones (ESM, ECB y FMI= el contribuyente europeo), de casi la totalidad de esa deuda, Grecia no tenga ya el privilegio de pagar cargas financieros respecto al PIB que son similares al resto a pesar de doblar en deuda, sino que el diagnóstico de la crisis del euro y su tratamiento enfocado a salvar a los bancos, sobre todo de países acreedores, le concedía una probabilidad prácticamente nula de salir del hoyo vista la estructura muy cerrada de su economía y la dimensión de los ajustes realizados. Esa realidad económica es el foco de los nuevos planteamiento del FMI, que tiene en Grecia uno de los grandes fracasos de su historia.

El problema politico derivado de reconocer la insostenibilidad de la deuda griega es de primera magnitud. En primer lugar, una posible restructuración pondría de manifiesto que la mutualización de deuda (y la transferencia implícita) es un hecho real por la puerta de atrás. Es la realidad velada que algunos gobiernos han mantenido silenciada a sus electores. Efectivamente la naturaleza solidaria de las instituciones surgidas a lo largo de la crisis (ESM o el ECB con OMT y QE) puede suponer transferencias implícitas cuando los créditos puedan perderse. Es una realidad contingente a la imposibilidad de impago, pero realidad al fin y al cabo de cuyo reconocimiento se ha huido permanentemente en la gestión política de la crisis. Enfrentarse a ella de una forma inteligente y creativa, y con refrendo de la máxima autoridad política, es lo que probablemente desbloqueará toda el entuerto de la negociación griega.

placeholder Un mujer camina por una calle de Atenas. (EFE)
Un mujer camina por una calle de Atenas. (EFE)

Baño de realismo

Junto con el divorcio entre realidad y percepciones del electorado en países acreedores, el problema critico de asumir la realidad de una quita estriba en el moral hazzard, o el mensaje de laxitud que pudieran pretender llevarse corrientes políticas populistas en otras soberanías (un Podemos en España o un Grillo en Italia). Pero esta pretensión supondría desconocer crasamente una realidad política subyacente más imperante sobre la que se han levantado los cimientos de la recuperación incipiente en Europa. Es el enorme capital político que ha acumulado Europa durante la crisis alineando el apoyo soberano de todos y cado uno de los países periféricos al diagnostico y tratamiento de la crisis. Hay que contener el endeudamiento y hay que competir no viviendo por encima de nuestras posibilidades. Y haberlo hecho con enorme éxito y la bendición de los mercado.

No es de extrañar que el discurso de Merkel al Bundestag el mismo 18 de Junio en el que se abortaron las posibilidades de un acuerdo con Grecia en el Eurogrupo (reunión de ministros de economía de la eurozona), enfatizara dos ideas claves: el éxito de las economías periféricas con las vueltas al crecimiento, la recuperación de la competitividad reflejada en sus saldos externos y la creación de empleo, y, la absoluta vigencia del principio de solidaridad por condicionalidad. Tampoco extraña que ese mismo día los mercados reaccionaran positivamente al titular de Reuters donde se menciona que la UE y el ECB estudiaban una posible quita de la deuda griega.

Hay que contener el endeudamiento y hay que competir no viviendo por encima de nuestras posibilidades

Y una cosa con otra, nos lleva a sospechar que esa capacidad europea para articular objetivamente la contingencia de la excepcionalidad griega y conceder una quita a la deuda- el "deal breaker" en la negociación, surge de ese capital político en favor de la integración, lenta pero segura. Es una vez más una muestra de la capacidad europea para reinventarse y avanzar en el proceso de integración a través de sucesivas crisis.

En este punto es mejor precedente una quita realista y bien condicionada que la salida de un miembro que cuestione la integridad del proyecto del euro y su dimensión política. No en vano, en paralelo, la Comisión y el ECB plantean ya la posibilidad de seguros de desempleo y garantía de depósitos pan Europeos. Lo político precede a lo financiero, pero solo hay buena política si las finanzas son viables a medio y largo plazo.

El formato de la solución a las negociaciones parece vislumbrarse: 1/ restructuración de deuda articulada sobre bases objetivas que corte de raíz vindicaciones populistas en otras soberanías- hacer del problema griego un estigma..., 2/ moderación en la austeridad de los planes fiscales de tal forma que no se cercene de cuajo la posibilidad de recuperación económica pero se siga des apalancando y 3/ paquete de reformas en favor de la modernización de la economía y el funcionamiento del Estado con standards europeos.

Cuidado con lo que deseas

La característica más común de las posiciones populistas, incluida nuestra propia versión nacional, es la vocación a escribir programas electorales que parecen Cartas de Navidad. La base es sencillamente un desconocimiento infantil de las realidades del S.XXI, incluida la globalización, el derecho a participar en la misma de las economías emergentes, el beneficio social de los mercados, y las exigencias de los mercados financieros. En esta línea está Syriza cuyos orígenes encontramos en posturas políticas marxistas de corte decimonónico.

Y así como es incuestionable la legitimidad y dureza en muchos de las posturas negociadoras que la formación política ha llevado a lo largo de la crisis, con cualquier restructuración de deuda que se plantee, tendrá que volcarse políticamente para la aprobación de una condicionalidad bien reglada y medida en tiempos y tragarse muchos sapos reconociendo la naturaleza navideña de gran parte de su programa electoral.

En el camino asumirá que divergencias esenciales con Europa en el modelo de funcionamiento del Estado, la sostenibilidad del estado de bienestar, pensiones y sistema fiscal, sencillamente están llamadas a desaparecer y sólo le quedará posicionarse hacia el centro izquierda, algo que haríamos bien en aprender aquí. Sin duda les supondrá un esfuerzo enorme converger en Europa hacia arriba, pero siempre mejor que el caos y la depresión absoluta que sucedería a la salida del euro.

En esencia el proyecto de integración europeo busca siempre las mejores referencias en rigor de Ley, calidad del Estado y, gobierno y competitividad económicos. Y sencillamente no se puede abdicar ni transigir en ese espíritu. La solución al problema griego pondrán en evidencia una vez más la vitalidad de esa voluntad política integradora, con enorme capacidad para reinterpretarse y sobrevivir y que ha venido adscribiendo a países y pueblos ya durante décadas. Para los griegos supondrá otra oportunidad de superarse, mejor diseñada y con mejores visos de éxito. Y la letrita muy clara.

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