La integración europea empieza desde el exterior

Ante el riesgo de un fracaso colectivo, se necesita con urgencia una respuesta fuerte para conseguir recuperar la cohesión política en la Unión Europea

Foto: Griegos se manifiestan en apoyo a Syriza en la ciudad de Tesalónica, el 1 de julio de 2015 (Reuters).
Griegos se manifiestan en apoyo a Syriza en la ciudad de Tesalónica, el 1 de julio de 2015 (Reuters).

El plan de rescate para Grecia ha expirado. Todos los ojos están puestos en el resultado del referéndum que tendrá lugar hoy y el futuro de la integración europea. La ruptura de las negociaciones con Atenas durante el último Consejo Europeo, combinado con tensos intercambios entre líderes de la UE sobre el tema de los refugiados, señala el riesgo de una Europa muy disminuida tanto a nivel interno como externo. Ante el riesgo de un fracaso colectivo, se necesita con urgencia una respuesta colectiva fuerte para recuperar la cohesión política en la Unión Europea (UE). Pero los europeos deben tener cuidado de no caer en otra espiral de introspección. El mundo está observando y tomando nota.

La política exterior empieza en casa, el diplomático estadounidense Richard Haass nos lo recordó hace unos años. En resumen, las condiciones políticas, económicas y sociales a nivel nacional pueden proporcionar o devaluar una sólida base de ambiciones e iniciativas en el escenario internacional. La crisis económica y política que sufre Europa desde 2009 ha sido un claro ejemplo de ello. Sin embargo, se ha demostrado que no se trata de una vía de sentido único.

La política interna a menudo empieza en el extranjero. Esta tendencia es particularmente relevante para Europa, ya que, en este caso, la política interna se desarrolla tanto a nivel nacional como a nivel comunitario. El resultado es que a veces parecen desincronizadas. Europa lucha para resistir el impacto de las turbulencias externas en la política nacional mientras que los públicos nacionales son crecientemente escépticos con la UE, a menudo por razones opuestas.

La crisis financiera es la madre de todas las crisis externas de la cohesión europea. Tiene su origen en EEUU antes de alcanzar al resto del mundo y la UE, dónde ha mostrado la fragilidad de la Unión Económica y Monetaria así como las divergencias económicas entre los países de la eurozona. El impacto producido por la crisis requirió el rescate de países cuyo orden financiero dejaba mucho que desear, y produjo el fortalecimiento de la coordinación y supervisión de las finanzas públicas nacionales. La austeridad fiscal resultante de esta situación de crisis junto a un creciente desempleo y unas reformas de difícil implantación a nivel nacional generó mucha controversia a nivel interno, pero también entre los diferentes estados miembros. El ascenso de partidos extremistas en ambos espectros ideológicos redujo considerablemente el apoyo a los partidos tradicionalmente mayoritarios. También redujo el apoyo ciudadano hacia la Unión Europea.

La líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, durante un tributo a Juana de Arco celebrado en París (Reuters).
La líder de la extrema derecha francesa, Marine Le Pen, durante un tributo a Juana de Arco celebrado en París (Reuters).

El constante flujo de migrantes y refugiados hacia Europa también está exponiendo grietas en la política europea. Inmersos en plena crisis financiera, los europeos tuvieron una mirada reacia hacia la llamada “Primavera Árabe” en 2011. Europa no se involucró de verdad en un Norte de África y Oriente Medio en plena ebullición y en un momento de cambio fundamental. Cuatro años después, esta región está en el corazón de la agenda europea. Países como Italia y Grecia pidieron a Europa unir fuerzas para hacer frente a los flujos de inmigración masiva agolpándose a las puertas de la Unión. Tras muchos debates y víctimas en el Mediterráneo, los estados miembros han acordado poner algunos barcos y aviones a disposición de misiones dirigidas a tareas de rescate y a intentar interrumpir el brutal tráfico de personas. Pero el agrio debate, la división entre e interna de los estados miembros sobre la propuesta de cuotas hecha por la Comisión Europea, queriendo “distribuir” entre los estados hasta 60.000 solicitantes de asilo, en una Unión Europea que cuenta con 500 millones de habitantes. Esto muestra hasta qué punto las presiones externas están afectando los lazos entre los países de la UE.

El enfrentamiento entre la Unión Europea y Rusia respecto a Ucrania es otra historia. Los miembros de la UE acordaron adoptar sanciones respecto a Rusia tras la anexión de Crimea y su participación en el conflicto que tiene lugar en el este de Ucrania. Esta muestra de determinación común (incluyendo la renovación de las sanciones en junio de 2015), oculta, a pesar de todo, las significantes diferencias entre los estados miembros acerca de cómo tratar con una Rusia más asertiva más allá de las medidas punitivas. Moscú está alimentando vínculos con aquellas fuerzas políticas europeas que favorecen un acercamiento con Rusia y chocan con la UE, como el Frente Nacional en Francia, la Liga Norte en Italia y Syriza en Grecia. El poder blando utilizado por Moscú hacia los gobiernos de Hungría y Grecia introduce una variable externa, corrosiva, en la política europea.

El referéndum griego será decisivo para Europa. Pero los europeos no pueden permitirse una mayor fragmentación

Estos tres casos singulares, revelan dos patrones en términos generales comunes. En primer lugar, paradójicamente, cuántas más decisiones se toman a nivel europeo, más fragmentadas está la política europea. Las medidas adoptadas para responder a la crisis de la eurozona, no tienen precedente. El acuerdo sobre las sanciones hacia Rusia ha sido un logro de la política exterior y los europeos están dando tímidos pasos para hacer frente a los flujos de refugiados. Pero, en algunos casos, estas decisiones se han quedado cortas o han llegado demasiado tarde. En otros casos, las decisiones puntuales no reflejan necesariamente las evaluaciones compartidas de los problemas subyacentes y de las soluciones requeridas.

Refugiados desembarcan en el puerto siciliano de Pozzallo (Reuters).
Refugiados desembarcan en el puerto siciliano de Pozzallo (Reuters).

En segundo lugar, las tendencias ocurridas a los largo de estos últimos años han conformado la política europea más de lo que Europa ha sabido plasmarlas. La política exterior, es inherentemente reactiva, la UE no se ha detenido y todos los actores han visto limitado su poder en un mundo policéntrico. Sin embargo, el patrón general ha sido uno en que la UE y sus Estados miembros se han convertido en consumidores de retos más que proveedores de oportunidades.

La importancia de los factores externos respecto a la política interna no es nueva. Después de todo, el inicio del proceso de integración europea está en deuda con la garantía de seguridad provista por los EE.UU. durante la Guerra Fría. La interdependencia siempre ha sido una vía de doble sentido - de adentro hacia fuera y de fuera para dentro. El problema de Europa es que el contexto externo es el menos benigno desde principios de 1990 y el lado oscuro de la interdependencia está ampliándose. Ya sea a través de interconexiones financieras, nuevos medios de propaganda o radicalización o incluso los flujos de masas desesperadas que huyen de conflictos y el hambre, la interdependencia es profunda.

Las decisiones independientes no han producido una visión estratégica para renovar el pacto entre europeos, que permanece esencial. No se han respondido adecuadamente a las tendencias regionales y globales, que a su vez, afectan a la política europea. El resultado del referéndum griego de este fin de semana será un momento decisivo para Europa. Pero los europeos no pueden permitirse una mayor fragmentación e introversión. Debemos asumir en conjunto la responsabilidad para garantizar la seguridad, prosperidad y los derechos más allá de las fronteras, como condición para la preservación de los mismos a nivel interno. Europa necesita urgentemente una evaluación compartida de sus intereses y prioridades en la escena internacional. En medio de la turbulencia política, el Consejo Europeo ha encargado a Federica Mogherini, Alta Representante de la UE, trabajar con los Estados miembros en una estrategia global en materia de política exterior y de seguridad. Cuanto más profunda es la crisis en el país, más necesaria se hace una política exterior común más eficaz y acción conjunta.

*Giovanni Grevi es director de FRIDE.

Tribuna Internacional
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