LA POLÍTICA EXTERIOR Y EL PODER MILITAR

Bienvenidos al fin de una era: el error crítico que ha cometido EEUU

EEUU ya no tiene la capacidad de gobernar el mundo en solitario sin atender las condiciones exigidas por el resto de las potencias. Simple y llanamente, el modelo estratégico se ha derrumbado

Foto: Marines estadounidenses durante una emboscada de los talibán en la provincia de Helmand, Afganistán (Reuters).
Marines estadounidenses durante una emboscada de los talibán en la provincia de Helmand, Afganistán (Reuters).

Es innegable que Estados Unidos continúa siendo una superpotencia económica, tecnológica y militar, pero también es innegable que está perdiendo el liderazgo mundial que ha ejercido en solitario desde principio de los años noventa. El poder relativo que ha permitido a EEUU mantener la iniciativa sobre sus competidores y enemigos ha disminuido porque estos aprenden y se adaptan, y porque Estados Unidos ha cometido el crítico error de no caracterizar adecuadamente su papel en la nueva escena internacional.

Tal y como describe Joseph Nye en su libro 'La paradoja del poder americano', las relaciones exteriores de Estados Unidos suceden en un contexto internacional parecido a un tablero de ajedrez de tres niveles. Según el autor, el tablero superior es de naturaleza militar, y en él Estados Unidos es la única superpotencia. El tablero intermedio es el de las relaciones económicas y es de naturaleza multipolar. En el tablero inferior se dan las relaciones transnacionales -pandemias, cambio climático- y es de naturaleza caótica. El poder fluye desde el tablero superior hacia abajo.

La base del liderazgo estadounidense es una combinación del poder militar y tecnológico, el flujo de poder militar al tablero económico para dominarlo a través de la dolarización de la economía mundial y otros mecanismos, y la ayuda al desarrollo y la exportación cultural para fortalecer la aceptación de dicho liderazgo. Es decir, se basa en la combinación del poder duro (intervención militar, sanciones económicas y aislamiento internacional) y del poder blando (influencia económica y cultural para modelar 'las reglas de juego').

Agotamiento del modelo estratégico

Este modelo explica razonablemente bien la naturaleza de la influencia americana, pero al basarse en una hegemonía militar, se sostiene únicamente si el flujo de poder es siempre hacia abajo y Estados Unidos dispone de una reserva ilimitada de poder militar. Este se genera al transformar una parte de los factores productivos nacionales en activos militares. Además, es relativo, porque otros actores también lo producen. Un actor con un poder económico en ascenso puede generar poder militar rápidamente, por lo que el flujo de poder también sucede hacia arriba.

La generación y uso a gran escala de poder militar por parte de nuevos actores es una sorpresa para EEUU, cuya monumental maquinaria militar no está adaptada para lidiar con cambios pequeños y repentinos como la anexión de CrimeaLa concepción del flujo de poder solo hacia abajo es más propia de los años noventa que de la era actual. Durante los noventa, Rusia se enfrentaba a una tremenda crisis debido a la reestructuración postsoviética, mientras que China completaba una década de reformas industriales e iniciaba un proceso privatizador que culminaría con una aceleración económica sin precedentes.

Tras la recuperación económica de Rusia y la centralización del poder político, y la consolidación de China como gran potencia gracias a su magnífico crecimiento económico, ambos países han comenzado a generar poder militar a partir del tablero intermedio. Por una parte, Rusia ha comenzado a fortalecer su presencia militar en su tradicional zona de influencia y ha logrado paralizar la expansión de la OTAN en Georgia y Ucrania, capturar la posición estratégica de Crimea (donde estaciona su flota del mar Negro), lanzar una 'guerra proxy' en Ucrania oriental y suministrar apoyo militar y diplomático vital a sus aliados en Oriente Próximo (el régimen de Asad e Irán). Por otra parte, China ha comenzado a reforzar su flota y proyecta su poder militar sobre el litoral del mar de China y sobre algunos aliados de Estados Unidos en Asia.

La generación y uso a gran escala (nivel regional o global) de poder militar por parte de nuevos actores es una sorpresa para Estados Unidos, cuya monumental maquinaria militar no está adaptada para lidiar con cambios pequeños y repentinos en el tablero militar (como la anexión de Crimea). El modelo estratégico estadounidense continúa lastrado por una concepción hegemónica que ya no tiene sentido, debido a la transformación de la sociedad internacional actual en un régimen unimultipolar. Estados Unidos no dispone de la capacidad para dominar todas las regiones de poder en las que se divide el mundo en la actualidad.

Un 'marine' estadounidense del cuerpo sanitario sostiene a un bebé iraquí durante la invasión, en marzo de 2003. (Reuters)
Un 'marine' estadounidense del cuerpo sanitario sostiene a un bebé iraquí durante la invasión, en marzo de 2003. (Reuters)

Disrupción estratégica en el tablero militar

Estados Unidos se enfrenta a enormes dificultades a la hora de mantener su menguante posición hegemónica en el tablero superior debido a la contestación a su poder militar. El nuevo milenio ha auspiciado viejos métodos bélicos que cancelan parcialmente el poder militar americano, como el terrorismo transnacional, las guerras asimétricas (incluyendo la ciberguerra) o las 'guerras proxy'. El terrorismo transnacional significa la adquisición de capacidades ofensivas, la guerra asimétrica significa la adquisición de capacidades defensivas, y las 'guerras proxy' significan (no en todos los casos, pero sí en muchos) el cierre de la brecha de capacidades gracias al patrocinio de terceros estados.

Aunque por sí mismas estas adaptaciones no suponen una amenaza severa para Estados Unidos, su objetivo consiste en generar efectos colaterales. Es decir, una multitud de actores de menor influencia intentan generar disrupciones en el tablero militar a la espera de acontecimientos en los tableros inferiores, donde la naturaleza del reparto de poder no es tan favorable para Estados Unidos.

Un ejemplo de contestación al poder militar americano se da en el mundo islámico por parte de elementos sectarios que desean imponer valores radicales (Daesh, Al Qaeda, talibanes, Boko Haram...) valiéndose de estos métodos de disrupción. Como consecuencia, se observan tensiones sectarias y se intuyen estrategias 'proxy' por otros actores como Irán, Turquía y algunos países del Golfo Pérsico. La evolución de los elementos radicales muestra cómo han logrado adaptarse y tomar ventaja de la compleja red de intereses nacionales y la arquitectura subsidiaria de alianzas 'ad hoc' entre Estados Unidos y países islámicos. La adaptación de los radicales constituye una clara prueba del fracaso de las políticas americanas para el mundo islámico.

La evolución de los elementos radicales muestra cómo han logrado tomar ventaja de la compleja red de intereses nacionales y la arquitectura subsidiaria de alianzas 'ad hoc' entre EEUU y países islámicosEl islamismo radical es hoy definitivamente más poderoso que hace 15 años. En la última década, el yihadismo ha crecido desde un conglomerado de organizaciones a una entidad con metas políticas claras y equipada con medios estratégicos, tácticos y operacionales avanzados. El islamismo radical ha comenzado a aplicar un principio estratégico clave ampliamente utilizado en los negocios, las matemáticas y la política internacional: “Piensa globalmente, actúa localmente”.

Utilizando este principio, los yihadistas han logrado lanzar una campaña global en la que los objetivos son traducidos regional y localmente, y perseguidos por células y grupos locales que contribuyen independientemente a la promoción de un islam radical libre de influencias culturales extranjeras. Por una parte, el islamismo radical adquiere superioridad local atacando puntos débiles y desprotegidos y defendiendo sus puntos fuertes (adquisición de pensamiento estratégico). Por otra, puede utilizar el liderazgo local y global para atraer individuos, y más tarde transferir recursos entre los teatros locales y regionales (adquisición de pensamiento logístico).

En el teatro de Siria-Irak, los radicales se han transformado desde un grupo paramilitar que operaba en Siria con su retaguardia en Irak en un auténtico ejército capaz de desarrollar operaciones en diferentes frentes simultáneamente. Daesh ha demostrado ser capaz de operar tanto en régimen de guerra asimétrica como en régimen convencional, al conducir operaciones ofensivas contra ejércitos regulares armados con equipamiento moderno (tanto de origen ruso como estadounidense).

Otra cuestión clave es cómo el Daesh ha capitalizado sus victorias. Tras las campañas de limpieza religiosa, el grupo se ha lanzado al pillaje, la venta de petróleo y el fortalecimiento de sus redes transnacionales (movimiento de agentes, rutas de comercio de petróleo, tráfico de refugiados y capitales, etcétera). Esto es, a fortalecer su posición en los tableros económico y transnacional.

Supuesta imagen de Abdelhamid Abaaoud publicada en la revista oficial del ISIS. (Reuters)
Supuesta imagen de Abdelhamid Abaaoud publicada en la revista oficial del ISIS. (Reuters)

Disminución de la influencia económica

A partir de las conferencias de Bretton-Woods, la implementación de los acuerdos en 1958 y la desintegración de los imperios coloniales europeos, Estados Unidos se convierte en un gigante económico, y el dólar se convierte en el patrón de referencia para las divisas convertibles hasta el año 1971, y en la principal divisa de reserva posteriormente. Además de la influencia por su enorme peso económico, Estados Unidos adquiere la habilidad de superar un déficit presupuestario emitiendo nuevos dólares. Este aumento de la masa monetaria se traduce en una disminución del valor de las reservas de otros países, por lo que también gana la habilidad de empobrecerlos. Asimismo, Estados Unidos evita costes financieros en el comercio internacional, que pasa a ser en dólares. Finalmente, se impone la cotización del petróleo en dólares, lo que le da cierto control sobre el precio del crudo.

Este mecanismo económico es vital porque asegura a Estados Unidos su reserva ilimitada de poder militar frente a otros actores. Si Estados Unidos decide incrementar su gasto militar por encima de sus posibilidades, el gasto del Estado puede superar los ingresos llevando al Gobierno a un déficit presupuestario. En tal caso, el déficit se supera emitiendo nuevos dólares, por lo que el coste es transferido a todos aquellos países con reservas en dólares.

Los países más reticentes a aceptar el liderazgo económico estadounidense han sido siempre las viejas potencias europeas. Alemania en concreto disponía de una de las divisas de reserva más fuertes (el marco). A partir de 1992, los países europeos deciden formar una unión económica con un peso similar al estadounidense, e introducir una divisa común.

Este mecanismo económico es vital porque asegura a Estados Unidos su reserva ilimitada de poder militar frente a otros actoresEl euro hereda la reputación del marco como segunda divisa de reserva. En la actualidad, el euro acapara cerca de un 22% de las reservas mundiales, y el dólar un 63% (frente al 71% que acaparaba en 1999, antes de la introducción del euro), además de ser la moneda franca del comercio europeo.

El incremento de la cuota del euro en las reservas internacionales rompe el monopolio del dólar como divisa de referencia, por lo que el dólar sufre fluctuaciones en su tasa de cambio cuando el Gobierno imprime dinero. A corto plazo, la balanza externa sale reforzada, pero a largo plazo aparecen tensiones inflacionarias que se inhiben con políticas de control del gasto, lo contrario de lo que necesita una enorme reserva de poder militar.

De este modo, Estados Unidos pasa paulatinamente de una situación de libertad de decisión cuasi-total en lo referente al poder militar, a una con limitaciones en el tablero económico. De acuerdo con los datos del Banco Mundial, las reservas externas totales en el mundo alcanzaron los 12,5 billones de dólares en 2014. Un 63% de estas reservas es en dólares, es decir, unos ocho billones. De este total, China tiene reservas por unos 3,4 billones de dólares, de los que alrededor del 70% es divisa y bonos estadounidenses, es decir, unos 2,4 billones de dólares (cerca de un 30% del total de las reservas en dólares, y un 15% de la deuda estadounidense).

Con estas cifras, China se convierte en un socio comercial de primer nivel para Estados Unidos, lo que previene la aplicación de medidas de poder duro, y se capacita para responder económicamente frente a decisiones peligrosas por parte de Estados Unidos. Por ejemplo, el Gobierno chino puede apostar por la venta masiva de dólares (procurando el desplome de la divisa) o de bonos (incrementando artificialmente la oferta y el interés a pagar por el Tesoro estadounidense).

Un patrón similar se observa en la guerra de los precios del petróleo que mantiene Arabia Saudí. Tras el levantamiento del veto a las exportaciones de petróleo, el sector financiero estadounidense ha invertido masivamente en la industria petrolífera. Arabia Saudí, en lugar de ajustarse para mantener un precio estable, ha aumentado su producción y utilizado sus reserva de divisas para financiar el déficit presupuestario. El aumento de la oferta mundial de petróleo por encima de la demanda ha hecho caer en picado el precio, creando una amenaza para las inversiones basadas en un precio estable del barril (entre 80 y 100 dólares). Al precio actual (por debajo de los 30 dólares), las empresas estadounidenses no pueden siquiera cubrir costes de extracción.

El objetivo saudí puede ser mantener una posición imperante en el mercado del petróleo, o podría estar esperando el colapso de la inversión en la industria petrolera estadounidense (con el consecuente 'shock' económico), para después disminuir la producción de crudo y aumentar los precios (produciendo un segundo 'shock' económico).

Un 'marine' estadounidense durante una patrulla en la provincia afgana de Helmand, en noviembre de 2010. (Reuters)
Un 'marine' estadounidense durante una patrulla en la provincia afgana de Helmand, en noviembre de 2010. (Reuters)

Problemática en el tablero inferior

Otro factor importante en el declive de la influencia estadounidense es el cambio climático y sus consecuencias económicas. Aunque no se puede concluir que una catástrofe natural esté relacionada con el cambio climático, es lícito pensar que la frecuencia de desastres naturales y los daños económicos por causas climáticas aumentan. En general, condiciones climáticas más severas podrían acarrear crecientes costes para Estados Unidos (mayores sequías e inundaciones, mayores disrupciones al transporte y la actividad privada, etc.).

La 'capacidad blanda' americana ha disminuido en este tablero por su negativa durante dos décadas a comprometerse en la lucha contra el cambio climático. Aunque gracias a los impulsos de Estados Unidos se ha logrado la firma de un acuerdo vinculante durante la última cumbre de París, una gran mayoría de personas culpa a Estados Unidos por haberlo impedido durante demasiado tiempo.

Otra razón importante de la merma de su poder blando es la negligente utilización de la influencia cultural e instrumentos de ayuda para promocionar los intereses de las corporaciones estadounidenses. En el caso de la ayuda, existen notables fracasos debido a las condiciones draconianas de compra de maquinaria, semillas transgénicas, servicios financieros, etcétera, que destruyen los medios tradicionales de las comunidades beneficiarias, convirtiéndolas en grupos aún más dependientes.

Opciones estratégicas de Estados Unidos

Estados Unidos ya no tiene la capacidad de gobernar el mundo en solitario sin atender las condiciones exigidas por el resto de las potencias. Simple y llanamente, el modelo estratégico basado en la concepción de Estados Unidos como potencia hegemónica se ha derrumbado. La cuestión estratégica clave es aceptar que la sociedad internacional funciona hoy en un régimen unimultipolar (independientemente de quién y cómo gobierne el país), y que un nuevo intento de promover aspiraciones hegemónicas sería nefasto para EEUU, pues su músculo militar, económico, diplomático y cultural ya no es suficiente para forzar la sociedad internacional a un régimen monopolar.

La Administración Obama ha dado los primeros pasos en la dirección adecuada, aceptando las severas limitaciones a su margen de maniobra en política internacional. La opción acertada a corto plazo parece ser una retirada estratégica a posiciones más seguras (posiciones de la doctrina de la defensa adelantada).

Una retirada estratégica a tiempo tendría dos escenarios futuros plausibles. El primero es una sociedad internacional unimultipolar dominada por fricciones y tensiones entre las potencias secundarias, con Estados Unidos como potencia principal. Con la posibilidad de actuar desde fuera de la masa de tierra eurasiática, Estados Unidos puede desarrollar un paradigma estratégico similar a la balanza de poder utilizada por el Imperio británico, pero de alcance global.

El segundo escenario es similar en términos de unimultipolaridad y potencia principal, pero las relaciones entre potencias se dan a través de canales político-diplomáticos, económicos y mecanismos supranacionales de resolución de controversias. En este segundo caso, Estados Unidos sería responsable de liderar a la sociedad internacional durante el próximo periodo de paz y prosperidad, esperemos, bastante largo.

*Marcos Díaz es experto en diplomacia, relaciones internacionales y política exterior.

Tribuna Internacional

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