Las colonias israelíes son ilegales: la pregunta es hacia dónde nos llevan

La colonización tiene el objetivo político de cambiar el estatus del territorio ocupado. No solo conlleva el desplazamiento forzoso, demoliciones y el terrorismo de los colonos

Foto: Dos niños judíos colonos, tras una marcha desde la colonia de Har Bracha hasta el Monte Gerizim, ante la ciudad cisjordana de Naplusa. (Reuters)
Dos niños judíos colonos, tras una marcha desde la colonia de Har Bracha hasta el Monte Gerizim, ante la ciudad cisjordana de Naplusa. (Reuters)

La construcción de colonias israelíes en territorio palestino ocupado es tanto un crimen de guerra bajo el derecho internacional como una decisión política que hace cada día más difícil, si no imposible, lograr una solución basada en dos estados a la actual situación entre Israel y Palestina. Son muy pocos los que cuestionan esto. Quienes así lo hacen se apoyan en interpretaciones vagas del Derecho Internacional, que dan mayor pie al interés colonizador israelí que a la realidad.

Para algunos, la colonización del territorio ocupado por Israel en 1967 puede verse simplemente como una continuación del antiguo proyecto sionista, iniciado principalmente por el Barón Rothschild a fines del siglo XIX y 'legitimado' por la ilegítima Declaración Balfour. Aquella empresa no pudo llevarse a cabo sin una limpieza étnica sistemática de la población cristiana y musulmana de Palestina, algo que tuvo su punto álgido en 1948 con la 'Nakba' ('la Catástrofe'), con la implementación del fatídico Plan Dalet. Todo ello ha sido ampliamente documentado no solo por los palestinos que sufrieron el desplazamiento, sino también por las Naciones Unidas -lo que le costó la vida al mediador sueco Folke Bernardotte a manos de terroristas sionistas-, y por los celosamente guardados (hasta hace pocos años) archivos oficiales israelíes.

Una serie de grupos de la sociedad civil israelí, como Btselem, Paz Ahora y Breaking the Silence, han aportado no solo estadísticas de la situación sobre el terreno, sino también argumentos que descalifican la fantasía colonialEl Gobierno israelí vive en esa fantasía colonialista. Durante los últimos años, quienes lideran Israel han establecido un discurso fuertemente basado en una lógica religiosa para justificar su acción política. Llamamientos al reconocimiento de Israel como “Estado judío”, o a modificar el estatus legal de la Mezquita de Al-Aqsa en la Jerusalén ocupada, son elementos relativamente nuevos, que ningún Ejecutivo israelí (o sus miembros) había puesto como demanda desde 1967. Hoy, es el mismo Ministerio de Exteriores de Israel el que instruye a sus diplomáticos en una suerte de “derecho divino” sobre lo que llaman “Judea y Samaria”, en relación a la ocupada Cisjordania.

La colonización tiene el objetivo político de cambiar el estatus del territorio ocupado, un crimen de guerra bajo la Convención de Ginebra y el Estatuto de Roma. Este cuestionamiento no solo desafía el consenso del Consejo de Seguridad de la ONU, sino también el fallo de la Corte Internacional de Justicia en su opinión consultiva de 2004 sobre la construcción del muro ilegal de anexión israelí en territorio palestino. Una serie de grupos de la sociedad civil israelí, como BtselemPaz AhoraBreaking the Silence han aportado no solo estadísticas acerca de la situación sobre el terreno, sino también una serie de argumentos que descalifican la fantasía colonial de llamar a un territorio ocupado parte del “gran Israel”. El intentar quitarle el estatus de 'ocupado' ha sido una estrategia fallida desde 1967 por parte de Israel, algo que hoy gana fuerza a sabiendas de que la Corte Penal Internacional se encuentra investigando la colonización de Palestina como un crimen de guerra. La cadena de mando sobre quiénes dieron las órdenes de colonizar Palestina es conocida públicamente.

La beligerante ocupación israelí de Palestina, y su consiguiente colonización, no deben entenderse solo en relación al número de viviendas construidas para colonos ilegales, sino en lo que ello conlleva para la población ocupada: el desplazamiento forzoso de población, demoliciones de hogares, desalojos, terrorismo de los colonos, invasiones militares, división de territorios, confiscación de tierras, robo de recursos naturales (principalmente agua) y negación del acceso a fronteras, espacio aéreo, marítimo o espacio electromagnético son solo parte de una larga lista de violaciones y crímenes cometidos por Israel, la potencia ocupante, sobre la población palestina desde 1967.

Niños palestinos cargan con sus pertenencias tras la demolición de su vivienda ante el asentamiento de Maale Adumim, cerca de Jerusalén. (Reuters)
Niños palestinos cargan con sus pertenencias tras la demolición de su vivienda ante el asentamiento de Maale Adumim, cerca de Jerusalén. (Reuters)

Los colonos se han cuadruplicado

El reconocimiento palestino de Israel respecto a las fronteras de aquel año (algo que la OLP hizo en 1988) y la declaración de un Estado Palestino sobre el 22% de la Palestina histórica han sido las únicas concesiones reales hecha por cualquiera de las partes para poder lograr un acuerdo de paz. Israel recibió ese compromiso palestino expandiendo como nunca sus colonias ilegales en Palestina. Cuando Arafat declaró oficialmente el reconocimiento de Israel, había 180.000 colonos. Hoy, a casi 30 años de esa fecha, los colonos son aproximadamente 650.000. La misma comunidad internacional que llamó a la OLP a reconocer a Israel ha cerrado sus ojos ante esa realidad.

No es ningún secreto que si la solución basada en los dos estados fuese sometida a votación por el Gobierno israelí, perdería miserablemente. Durante la última ronda de negociaciones, mediada por Estados Unidos hace un año, Israel se negó siquiera a poner un mapa sobre la mesa para explicar cuáles serían sus fronteras en el marco de un acuerdo. Cuando representantes israelíes hablan de 'dos estados', no se refieren a lo que el sentido común llamaría un Estado palestino (es decir, con control de sus fronteras, espacio aéreo, recursos naturales, capital, etcétera), sino a una reformulación de la ocupación misma, anexionándose la mayor cantidad posible de tierras (incluyendo Jerusalén Oriental, el Valle del Jordán, la zona de las colonias de Ariel, Ma’ale Adumin, el Latrun y el área occidental entre Belén y Hebrón). Como dijo el mismo ministro de Defensa israelí, Moshe Yaalon, “le podrán llamar un ‘imperio palestino’, pero nunca será nada más que una autonomía controlada por Israel”.

Cuando Arafat declaró oficialmente el reconocimiento de Israel, había 180.000 colonos. Hoy son aproximadamente 650.000. La misma comunidad internacional que llamó a la OLP a reconocer a Israel ha cerrado sus ojos a esta realidadEn Israel hubo un primer ministro que quiso lograr la solución de dos estados. Fue Yitzhak Rabin, que con la legitimidad de ser general y la visión de un estadista, pudo decir públicamente que Israel no tiene ningún futuro sin un futuro independiente para los palestinos. Tras una campaña de incitación contra Rabin liderada, entre otros, por el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, el primer ministro fue asesinado en 1995. Yigal Amir, su asesino hoy encarcelado, pidió a su hermano, Hagai, que vote por él en las elecciones israelíes. Su elección fue Neftali Bennet, flamante ministro de Educación del Gobierno de Netanyahu. Para muchos, es un símbolo de que el campo que hizo todo lo posible para destruir la solución de los dos estados ha logrado consolidarse.

Un elemento que poco a poco va saliendo a la luz es que, independientemente de décadas de expulsiones de la población cristiana y musulmana de Palestina y el control total sobre la política migratoria (incluyendo la entrega de nacionalidad en menos de tres días a cualquiera que se considere judío sin importar su origen), la población judía en la Palestina histórica, conocida por los israelíes como 'Eretz Israel', equivale al 49,1%. Es decir, hoy una minoría gobierna sobre una mayoría, la mayor parte de los cuales no tiene derecho a elegir el Gobierno que controla sus vidas de forma efectiva.

La pregunta clave es: ¿Quieren una solución basada en dos estados soberanos sobre la frontera de 1967, o una solución de un Estado sobre todo el territorio que incluya igualdad de derechos para todos sus ciudadanos? Palestina estaría dispuesta a aceptar cualquiera de las dos. El proyecto de las colonias israelíes, apoyado por el Gobierno israelí, rechazado de palabra y tolerado de obra por la mayor parte de la comunidad internacional, así como financiado por todos quienes aceptan empresas que se lucren con la ocupación, ofrece una tercera salida: un Estado que controle todo el territorio, y dos sistemas distintos para la población dependiendo de su origen/religión. Eso es lo que se conoce como 'apartheid'.

*Xavier Abu Eid es politólogo y asesor del Departamento de Asuntos de las Negociaciones de la OLP.

 

Tribuna Internacional
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