Elecciones en Austria, un toque de atención para Europa
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José Manuel Sáenz Rotko*

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Elecciones en Austria, un toque de atención para Europa

Sería erróneo pensar que la mitad de Austria apoya el ideario de la derecha más radical. Pero el país podría ser un precedente, ahora que Francia y Alemania encaran elecciones

Foto: El ecologista Van der Bellen se dirige a los medios en Viena tras su victoria en las presidenciales de Austria (Reuters).
El ecologista Van der Bellen se dirige a los medios en Viena tras su victoria en las presidenciales de Austria (Reuters).

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Austria ha dejado la imagen de un país en protesta. Mientras que una mitad casi exacta del electorado ha dado su confianza al candidato del partido populista de derecha radical, la otra ha entregado su voto a un intelectual de la izquierda ecologista, que finalmente se ha impuesto por el estrechísimo margen del 0,3%.

Los candidatos de los ya mal llamadas “grandes” partidos tradicionales, los Socialdemócratas y el Partido Conservador de centro derecha, ni siquiera lograron pasar a la segunda vuelta, al no haber sumado en abril sólo un 10 y un 11% respectivamente. Sería erróneo pensar que los austriacos se han radicalizado políticamente o que la mitad apoya el ideario de la derecha más populista y radical.

Por lo contrario, los ciudadanos austriacos han aprovechado las presidenciales para mostrarle al Gobierno la “tarjeta roja”. La insatisfacción con el estilo y los logros pobres del Ejecutivo de la Gran Coalición es ya absoluta. En varias elecciones regionales en los últimos dos años, los partidos tradicionales de centro derecha y centro izquierda habían recibido serias advertencias. El Partido de la Libertad ha sido capaz de avanzar significativamente en todos los comicios desde 2014. Pero las “tarjetas amarillas” no habían provocado la reacción gubernamental que los austriacos demandaban.

La inmigración es con mucha diferencia la primera preocupación de los ciudadanos, muy por delante del desempleo o la inflación. Sin embargo, el Gobierno no ha sido capaz de ofrecer una gestión coherente de la problemática

Por lo contrario, la distancia entre los problemas y las preocupaciones -percibidas como acuciantes por los ciudadanos- y las prioridades del Gobierno de Viena ha ido en aumento. Las elecciones a Presidente de la República -cargo representativo y simbólico y carente en buena medida de competencias ejecutivas- ha servido para escenificar la ruptura de la ciudadanía con el 'establishment' político tradicional, que ha gobernado el país casi en exclusiva desde 1945. Y no son las corruptelas y el reparto de influencia de los partidos “de la casta” lo que peor llevan los votantes sino la inacción política del Gobierno. Grandes reformas imprescindibles (sistema de prestaciones sociales y de pensiones por poner sólo dos ejemplos) siguen pendientes porque ni el Partido Conservador ni el Socialdemócrata están dispuestos a asumir el desgaste político.

La crisis de los refugiados no ha hecho más que catalizar el descontento y aumentar la dimensión de la protesta. Recordemos que Austria es, tras Suecia, el país que más refugiados per cápita ha recibido de toda Europa. Según los últimos datos, la inmigración es con mucha diferencia la primera preocupación de los ciudadanos, muy por delante de otras preocupaciones como el desempleo o la inflación. Sin embargo, el Gobierno no ha sido capaz de ofrecer una gestión coherente de la problemática, que tuviera en cuenta tanto la obligación jurídica y moral de socorrer a los perseguidos como el derecho de los austriacos a ver y sentir atendidas sus preocupaciones por su propio gobierno.

Son ya muchas las voces que proclaman el final de la Segunda República austriaca, aquella que emanó de la Segunda Guerra Mundial y que supieron gestionar durante décadas con éxito indiscutible los dos grandes partidos de centro de manera conjunta. Toca un cambio de ciclo, incluso por pura matemática: si el próximo domingo tuvieran lugar elecciones generales en Austria, el Partido Socialdemócrata y el Conservador no sumarían el 50% de los votos. O la Gran Coalición, es decir, la confluencia institucionalizada entre los partidos más centristas, renueva su espíritu, gana ímpetu y vuelve a hacer una política más cercana a lo que los ciudadanos demandan, o tendremos que asumir un Gobierno presidido por un Canciller del Partido de la Libertad, cuyas proclamas e ideas nos recordarían mucho a los del Frente Nacional en Francia, el Vlaams Blok en Bélgica o la Alternativa para Alemania. Y Austria podría ser un precedente.

En 2017 es año electoral en Alemania y Francia. En ambos países estamos viendo síntomas que recuerdan a Austria, resumidos en la pérdida de fuelle del centro político en favor de partidos populistas de derecha que se alimentan de los resentimientos y las tensiones sociales. O el centro político se renueva para ganar nueva fuerza … o puede convertirse en historia.

*José Manuel Sáenz Rotko es Profesor Propio del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontifica Comillas.

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