¿El chollo del Brexit?

Londres es un hervidero de empresas buscando una nueva jurisdicción para trasladar sus operaciones. Son los que pierden con el Brexit, los que no podrán vender en Europa, o no de la misma manera

Foto: Un monitor informa del tipo de cambio de la libra esterlina este viernes en Tokio. (EFE)
Un monitor informa del tipo de cambio de la libra esterlina este viernes en Tokio. (EFE)

Los votantes británicos no han visto muchas ventajas en la Unión Europea, pero miles de empresas británicas sí que las percibieron, y disfrutaron, durante años. Para muchas, el motivo principal para estar en el Reino Unido era su pertenencia a la Unión Europea.

Todas ellas van a abandonar esa jurisdicción, lo que supone cientos de miles empleos en busca de un destino.

Londres es hoy un hervidero de empresas buscando una nueva jurisdicción para trasladar sus operaciones. Son los que salen perdiendo con el Brexit. Los que ya no podrán seguir vendiendo en Europa, o al menos no de la misma manera. Es decir, todas las empresas menos las que no exportan, como los tabloides sensacionalistas, que hoy son los únicos sonrientes.

No es verosímil que se mantengan las instituciones jurídicas que permitieron a empresas financieras británicas actuar en Europa desde Reino Unido

Entre los que necesitan trasladarse hay muchos que no lo pueden hacer por motivos puramente físicos, como los astilleros. Hay otras que pueden salvar esas dificultades con imaginación, como las destilerías de 'whisky', por citar una actividad característica, que tampoco se pueden transportar. Ahora bien, el embotellado del licor es otro asunto. Y en el otro extremo hay miles de empresas esencialmente portátiles, entre las que veremos una migración inmediata. Fundamentalmente en el sector servicios. Y dentro de este, los servicios financieros, que constituyen la especialidad británica por excelencia, con la City de por medio, que ha dado lugar a un pujante grupo de entidades innovadoras bajo el nombre de 'fintech'.

Sin duda que los bancos dedicados al mercado británico seguirán allí. Pero no ocurre lo mismo con los miles de empleos financieros que atendían la demanda de otros países de Europa. Por ejemplo, desde España se podía comprar un fondo de inversión británico. Pero cabe pensar que esa posibilidad se va estrechar en el futuro. También desde España se podía contratar un seguro o realizar una transferencia de fondos usando una empresa cuya sede y regulación son británicas. Todo ello no será igual en futuro. Es cierto que aún no conocemos la letra pequeña del Brexit. Pero no parece verosímil que se mantengan las instituciones jurídicas que permitieron a miles de empresas financieras británicas actuar en Europa desde el Reino Unido.

Un ejemplo de éstas es el 'passporting', mecanismo por el cual una entidad regulada podía traspasar su licencia desde el Reino Unido a cualquier país miembro. Esto significa que cientos de empresas financieras británicas actuaban en España como empresas locales, pero bajo los reguladores británicos, como la Financial Conduct Authority. Reguladores que tenían jurisdicción en el resto de Europa por esta vía. Algo que se va a acabar para miles de mediadores de seguros, entidades de Dinero electrónico, gestoras de fondos de inversión, entidades de pago y otras que se beneficiaron de este sistema.

Un trabajador en la City. (Reuters)
Un trabajador en la City. (Reuters)

Todas estas empresas británicas tienen su sede en el Reino Unido pero sus ingresos en la Unión gracias a la normativa europea. El Brexit les obliga a  obtener una nueva licencia en otro país europeo desde el que continuar con su actividad. Es decir, un nuevo país en dónde pagar impuestos y situar una parte sustancial de sus empleados. Y con ellos, todo el empleo inducido de auditores, abogados, y otras empresas que les prestan servicios.

No obstante, una cosa es que cientos de miles de empleos financieros tengan que abandonar el Reino Unido y otra muy diferente que vengan a España, por mucho que nos pudieran compensar por los costes del Brexit. Las empresas no son turistas.

Para atraerlos habrá que afrontar la competencia de otros países europeos, como Alemania, que nunca ha ocultado su afán por convertir a Frankfurt en la capital financiera del continente. Sobre todo, competirán entre sí los reguladores, desde Bafin en Alemania, al Central Bank of Ireland, preferido por algunos fondos de inversión. Una carrera en la que no participan reguladores de países sin prestigio suficiente como para garantizar una acogida positiva en el país de destino.

España viene haciendo un esfuerzo en la atracción de inversión extranjera, con programas como el de la Marca España y organismos como Invest in Spain

Frente a esta oportunidad, España viene haciendo un esfuerzo en la atracción de inversión extranjera, con programas como el de la Marca España y organismos como Invest in Spain. Asimismo el Banco de España es un regulador bien considerado, con procedimientos extremadamente eficientes para entidades en estas circunstancias, como el del nombramiento de agentes. No obstante, fuera del Reino Unido se echan de menos algunas prácticas. Por ejemplo, en España sólo los bancos pueden participar en Iberpay, el Designated Payment system español mientras fuera no es un monopolio bancario. Otro ejemplo es el famoso 'sandbox', o entorno de pruebas, en el que las entidades más punteras del 'fintech' pueden ofrecer nuevos servicios mientras el regulador aprende la forma más eficaz de regularlas.

En suma, hay algunos aspectos del Brexit que pueden ser beneficiosos para España a condición, claro está, de esforzarse por aprovecharlo.

Íñigo Moré es analista especializado en economía internacional

Tribuna Internacional
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